jueves, 8 de mayo de 2025

Del monte, en la ladera

Vivir apartado del mundo es condición sine qua non para poder dormir sin tomar pastillas. A nada que bajas a cualquier plaza a conversar te empiezas a enterar de los mil males que nos amenazan desde todos los ángulos. Entonces, es imposible no desquiciarse. Para mí que esos males de los que todo el mundo habla son los de siempre, incluso atenuados -no hay más que darse una vuelta por cualquier supermercado para darse cuenta-, pero, ¡ay, los perinquinosos peros!, la gente en general tiene tanto tiempo para mirarse el ombligo que no puede evitar ver allí dentro lo que realmente hay: excrementos. Y se desespera y trata de remediarse pasando a los demás una parte de su mal. Un mal realmente terrible, porque, además, es un mal con el que nos hemos topado persiguiendo el bien supremo: tenerlo todo resuelto con el mínimo esfuerzo. Y no habrá sido porque no estábamos advertidos. Solo hay que ir a los primeros textos escritos y allí te lo explican: nada complica tanto la vida como inventar  cosas para facilitártela. Y hemos inventado tantos cachivaches milagrosos que esto es un verdadero asco. 

Es un asco sin paliativos. Ciudades enteras especializadas en entretener a las mesnadas ansiosas. Oficios de mierda, que apenas exigen del concurso de la cabeza para llevarlos a cabo. Así es que nadie está a lo que está porque es imposible estar a algo que no es nada. No es extraño, entonces, que el espectro de la muerte en forma de malos augurios nos este siempre sobrevolando. Y de ahí lo que les digo, que hay que apartarse del mundo si quieres vivir sin tomar pastillas.

Es lo que decía Fray Luis, que, del monte, en la ladera, tenía un huerto, que, con la primavera, de bella flor cubierto, ya mostraba en esperanza el fruto cierto. Ese es el punto, que trabajar en un huerto apartado es lo único que genera esperanza, ese estado de ánimo que nos aleja el espectro de la muerte. 

Así que, señoras y señores, no me esperen por las plazas públicas. Prefiero estar en el huerto que tengo en la ladera del monte. 

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