Si atacas a Israel, Israel no va a leer tu manual de instrucciones sobre cómo se debe responder
Esa es la madre de todo este asunto, que no todo el mundo tiene la misma idea de cómo hay que responder cuando te atacan. Los hay que con orquestar un victimismo vomitivo parecen conformarse: ese fue el modelo que se eligió en España cuando un grupo de psicópatas vacos se pusieron a matar gente porque sí. Y lo mismo cuando le tocó el turno a otros psicópatas venidos de la Berbería. Entonces, hicimos honor a aquellos versos que aparecen en La Vida Es Sueño de Calderón: Y tanto placer había/ en quejarse, un sabio decía/ que a trueco de quejarse/ habían las desdichas de buscarse. Porque, desengáñense al respecto: una desdicha le puede llegar a cualquiera, en cualquier momento, por muy temeroso de Dios que sea, pero cuando vienen hiladas, in a row, que dicen los ingleses, no es solo porque las buscas, es más bien porque las provocas con tu necedad.
El caso es que Israel se las está poniendo a todas las plañideras del mundo mundial como se las ponían a Fernando VII para que se puedan entregar a su deleite favorito por los siglos de los siglos: demonizar a los judíos. Me he pasado toda la vida preguntándome por el porqué de esa inquina secular hacia los judíos. Siempre me pareció un misterio, hasta que, de pronto, a edad muy provecta ya, he caído en la cuenta, bien que ayudado por mentes esclarecidas como la de Sowel, de que es la cosa más tonta que uno se puede imaginar: no es más que la natural envidia que tienen los perdedores -la inmensa mayoría de la humanidad- hacia quienes les va bien. Y es que a los judíos, allí donde estén, les suele ir bien en la vida por el simple hecho de que son temerosos de Dios sin componendas.
Así es que ahora se ha desatado una cantinela universal por lo que está pasando en Gaza. Sí, desde luego que es terrible lo que les está pasando a los niños y, ya puestos, a las mujeres también, pero nadie podrá negar que todas ellas son desdichas buscadas con tozudez de poseso. Como esa gente son, fundamentalmente, unos putos vagos, no les queda otra solución para cohesionarse y, de paso, suscitar la compasión, que inventarse un enemigo atroz que es la causa de todos sus males. Es de primera página de libro acerca de la condición humana. Ellos, viven así del cuento y, de paso, dan pábulo para que todas las malas conciencias del mundo tengan un leit motiv que les ayude a distraer sus buscadas angustias.
En fin, que así son las cosas de este mundo porque así quiere Dios que sean. Si bien se considera, todo ello no es más que la consecuencia de la eterna lucha entre las virtudes teologales y los pecados capitales. Pero, claro, como los niños ya no estudian el catecismo del Padre Astete, pues, luego resulta que de mayores no se enteran de qué va la fiesta.
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