martes, 6 de mayo de 2025

El riesgo

Ayer les decía que la salsa que sazona todas las ideologías es la pereza, pero hoy, tras comentar y reflexionar sobre ello, he llegado a la conclusión que, donde dije pereza, mejor hubiese casado cobardía. Ha sido, una vez más, Pessoa el que me ha echado una mano. La ideología es el escudo que nos ponemos delante para defendernos del terror que nos da enfrentarnos con nosotros mismos. Una batalla, esa, que, si decides librarla, durará toda la vida y nunca podrás ganarla. Pero, al menos, mientras estés en el fragor de esa batalla no te subirás a la chepa del prójimo para joderle la vida, cosa que, a la postre, es a lo más que podemos aspirar. 

Para mí que la cobardía y la pereza son primas hermanas. Es difícil distinguir donde termina la una y comienza la otra. En cualquier caso, cada vez estoy más convencido de que la mezcla de esos dos pecados capitales es el destilado inevitable del marxismo cultural, es decir, esa trampa saducea que promete protección a cambio de ceder libertad. ¿Libertad, para qué?, dijo Lenin, uno de los sanguinarios padres del invento. Te quito la libertad -¡tú, hijo, algo seguro!, gritan los padres a los hijos-, y te protejo contra ti mismo que, aunque   no lo sepas, es lo que más temes.

¿Dónde quedó aquella edad dorada en la que los padres educaban a los hijos para el riesgo? El que no se arriesga no pasa la mar, se decía por entonces. ¿Cuántas veces han escuchado esa frase en los últimos años? En fin, para que continuar, putos vagos, putos cobardes... arremolinados todos por las noches en los bares de copas en busca del soma que les permita olvidar por rato lo mierdas que son.  

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