sábado, 10 de mayo de 2025

Asíntotas

 



Las asíntotas son una cosa muy curiosa, porque, por más que insistas nunca, a no ser que creas en un lejano infinito, conseguirás que una función lineal y otra racional lleguen a tocarse en un plano cartesiano, que seria una representación de la realidad. Están en un constante proceso de aproximación, pero nunca culminan el intento, ya digo, hasta ese hipotético infinito que es una de entre las más atrevidas abstracciones salidas de la mente humana.

Digamos, jugando con las palabras, que la función lineal es la verdad y la función racional es el recto razonar; pues bien, por mucho que el recto razonar se empeñe a lo más que puede aspirar es a un estar aproximándose a la verdad sin nunca conseguirlo del todo. ¡Y qué le vamos a hacer si la naturaleza nos impuso esa limitación! Afortunadamente, nos dio las matemáticas para que podamos comprenderlo.

Pensaba ayer en estas cosas porque me he pasado, y me sigo pasando, la vida creyendo que ya estaba, o estoy, tocando la verdad y, como diría San Agustín, parlando con liviandad de mancebo de muchas cosas dudosas como si fuesen averiguadas. Pongamos por caso el tema del papado, ahora que tenemos nuevo papa, dado lo cual, ayer me aventuré a decir la mía sobre el particular en este blog. El papa León XIV, que hemos de suponer que tomó ese nombre en un intento de hacernos recordar al papa León XIII, famoso por haber escrito una encíclica llamada Rerum Novarum (Sobre la situación de los obreros). Pues bien, cuántas veces no habré escuchado opiniones sobre esa encíclica a livianos mancebos que, sin, lugar a dudas, no se habían tomado la molestia de leerla. ¿Para qué, si ya sabemos lo que son las cosas de la Iglesia? ¡La doctrina social de la Iglesia! ¡Puafff! ¡Puro reaccionarismo!  

Ayer, incitado por un video de Juan Ramon Rallo, decidí leerla. ¡Menuda sorpresa! No es que sea el Manifiesto libertario de Rothbard, pero tiene un aire a él. Para mí que está muy inspirada en la Escuela de Salamanca. Son las ideas extraídas del derecho natural, la libertad individual, la propiedad privada, la familia, el ahorro -léase austeridad- como mecanismo de liberación, la filantropía... en definitiva, el muy limitado papel subsidiario del Estado en las situaciones límite. No es de extrañar que el marxismo cultural imperante haya tratado por todos los medios, cuando no de ocultarnos, sí de desprestigiar todo lo que huela a Rerum Novarum y los demás escritos que la pudieran haber inspirado. La libertad -el libre albedrío- del individuo para escoger el camino por el que quiere llegar al paraíso es como echar agua en el fuego marxista.

Resumiendo, uno lee la Rerum Novarum y cree que ha dado un nuevo paso para acercarse a la verdad, esa entelequia que nunca podré tocar porque está, allí, en ese hipotético infinito que es la muerte.  

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