El comportamiento de los seres humanos es un misterio cuyo imposible desciframiento ha sido el principal motor del pensamiento. Lucubramos sin cesar tratando de encontrar los mecanismos internos que conducen a comportamientos que, en principio, carecen de toda lógica. El decir que esos comportamientos son, simplemente, un equivocado instinto de conservación -pulsión suicida-, por más que en última instancia sea la verdad absoluta, no nos sirve para calmar el espíritu. Tiene que haber ahí, nos decimos, otras razones cuya comprensión nos podría ayudar a modificar esos comportamientos en un sentido más integrador. Así fue como se inventó esa seudociencia que llaman psicología que, si no para otra cosa, sirve, y muy bien, para que los psicólogos se ganen la vida. Porque, lo que es cambiar los comportamientos considerados inadecuados, o sosegar los espíritus perturbados, en eso, se me antoja que estamos en las mismas que se estaba en la noche de los tiempos.
El caso es que, por el querer de los dioses, o por lo que sea, los seres humanos llevamos fatal la sensación de fracaso inherente a la imposible satisfacción de nuestros deseos. Y lo llevamos fatal, sobre todo, supongo, porque vemos que hay gente a nuestro alrededor que aparenta estar satisfaciendo deseos similares a los que nosotros nos vemos incapaces de satisfacer. A partir de ahí, viene la búsqueda de salidas que alivien esa sensación de fracaso. Y hay soluciones para todos los gustos, aunque no nos podemos engañar al respecto, la inmensa mayoría tira por la calle del chivo expiatorio. En el momento que encuentras un culpable de tus desdichas ya solo tienes que procurar su destrucción para alcanzar la plenitud.
Supongo que eso que llaman educación podría servir para algo si como primera, y quizá única, medida se intentase grabar a fuego en las mentalidades la idea de autorresponsabilidad - uno es el único responsable de todo lo que le pasa en la vida-. Y punto. Sería maravilloso. Desaparecería la envidia. Y con ella el mito de la igualdad que es el principal instrumento de que se sirve el demonio para sembrar la discordia sobre la tierra. Pero nada más lejos de la realidad: el demonio se ha apoderado del gobierno de todas las naciones y pone al frente de las escuelas a sus discípulos más aventajados. Tú, odia a los judíos y ya tienes conseguido medio cielo en la tierra. Y es que, hay que reconocer que es insoportable contemplar lo bien que les va a los judíos. Preguntarse por el porqué de que les vaya tan bien, eso, ni por asomo... sería destruir toda la teoría que sustenta el edificio.
En fin, digo judíos porque son el chivo más significativo desde la noche de los tiempos. Quizá su gran pecado para el resto de la humanidad sea haber sido fieles a su monoteísmo inicial. Ellos no tienen Vírgenes intercesoras ni mandangas por el estilo: temen a Dios y de ahí no se salen. O sea, que se lo curran lo de ser el chivo por antonomasia.
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