lunes, 5 de mayo de 2025

Pereza

Mi hermano era un buenazo simplón y eso le costó la vida. Era jefe de un servicio médico en un hospital clínico de una gran ciudad y tenía una consulta privada que iba de maravilla, pero, ¡oh, desgracia!, le dio por ser un furibundo socialista. Para mí que fingía para vivir en armonía con la familia con la que había entroncado por matrimonio que era gente que estaba muy alta en el escalafón de la mafia política. Así es que, por lo que pude enterarme, tuvo mucho conflicto desagradable en su puesto de trabajo por la cosa ideológica. Aunque, seguramente, el gran conflicto lo tenía consigo mismo por pasarse la vida mirando la berza y cogiendo el tocino. Andaba por los sesenta cuando empezó con problemas de movilidad que fueron diagnosticados erróneamente por médicos socialistas, bien sure. Cuando la enfermedad real se hizo manifiesta, ya no tuvo solución: murió antes de llegar a los setenta. Siempre he sospechado que fue una enfermedad propiciada por el sufrimiento sordo propio de quien vive en contradicción consigo mismo; estaba educado para ser un hombre honesto, así que ¿cómo iba a poder compaginar la ideología que defendía con sus aspiraciones personales? Es terrible querer soplar y sorber a un tiempo. 

Me he acordado de esto porque ayer tuve la desgracia de verme envuelto en una conversación en la que una de las intervinientes sacaba a relucir su ideología socialista sin venir a cuento ni una sola de las veces que lo hizo. Como mi hermano, la tal señora, es de las que siempre coge el tocino; la berza yo creo que ni la mira. En definitiva, una tipa tóxica que me dejó el cuerpo de tal forma que he dormido fatal. Ya le he dicho a María que no me lleve a pasear por el centro porque es muy difícil no encontrarse a alguien que te dé la vara. Y yo, para dormir bien, necesito tener sosegado el espíritu, lo cual consigo paseando por el barrio escuchándola como quien oye llover y luego haciendo solitarios mientras escucho música. 

El caso es que esta mañana, en mi rutinario paseo por YouTube, mi vista ha caído sobre el título de un video: ¿es la ideología socialista una enfermedad mental? Por supuesto que no me he parado a escuchar los argumentos del autor del vídeo, porque va de soi: ¿qué otra cosa puede ser la adscripción a una ideología que una enfermedad mental? Nadie en su sano juicio engloba en cuatro conceptos manidos la inabarcable complejidad de la condición humana. El ser humano va haciendo según las circunstancias se presentan y las leyes no escritas del cielo le permiten. Todo lo demás es ponerle la mano sobre la horcajadura, que decía Don Quijote o, tocarle los cojones, como dice Clint Eastwood. 

En definitiva: ¿qué es una ideología?, pues mi sencillo, un cóctel de pecados capitales; en una predomina más la envidia y el rencor, en otras la soberbia y la avaricia, pero la salsa que sazona a todas ellas es sin lugar a dudas la pereza. Hablábamos ayer del simbolismo en la literatura y decía la socialista: a mí solo me interesa el realismo. Pues lee El Quijote, le dije, que es el libro más realista que existe. Ya, me contestó, lo he intentado cuatro veces y no he podido; me aburre. ¡La dichosa pereza!

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