domingo, 4 de mayo de 2025

Sostenible y responsable

Ustedes se hacen una idea de qué proporción de la economía global se fundamenta en la promoción del mal. Seguramente, si nos parásemos a estudiar esa proporción quedaríamos estupefactos con los resultados obtenidos. En cualquier caso, para comenzar ese estudio habría que definir primero en qué consiste eso que llamamos mal. Desde luego que hay un mal grosero que no necesita discusión para ser definido como tal; es, simplemente, la transgresión de las leyes que Moisés bajó del monte. Pero, también, está ese mal difuso del que no somos conscientes hasta que con el paso del tiempo sentimos vergüenza de nosotros mismos por haberle practicado. Uno se ha dejado arrastrar mucho por las modas en un desesperado intento de afianzarse, sin caer en la cuenta de que las modas son una trampa saducea que te pone el demonio para que calmes el espíritu sin necesidad de esfuerzo; es decir, un imposible metafísico. No quiero ni pensar todo lo que habré ofendido a los dioses por seguir las modas del momento; empezando por el despilfarro de tiempo y dinero, una de las cosas que más les ofende. 

Pues sí, las modas, son una promoción del mal que hace el demonio por intermedio de los comerciantes. En el siglo de oro español había un dicho que ya ha tenido buen cuidado el diablo en hacerla desaparecer: De balde compra, el que compra lo que ha de menester. Y ese es el punto de esta espinosa cuestión, que el ser humano ha menester de muy pocas cosas de las que se compran con dinero. Por todo lo demás que compramos con la sola finalidad de buscar consuelo a nuestra desesperación lo pagamos en demasía... sobre todo en forma de frustración, cuando no en remordimiento. 

Ayer por la tarde quiso María que fuésemos hacia el centro de la ciudad; no había dado muchos pasos antes de que empezase a sentir malestar y decidiese volverme a casa. No hay cosa más siniestra que una ciudad abarrotada de ociosos tratando de matar su angustia consumiendo como posesos. No lo puedo soportar porque me recuerda a mí mismo participando de la ordalía y se me revuelven las tripas. ¡Pero como pude...!

En fin, la sociedad de consumo, el triunfo absoluto del mal, el fin de los tiempos... sostenible y responsable que le dicen. 

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