El recién elegido Papa, un americano de Chicago, ha dicho que lo más urgente que tiene que hacer la Iglesia si es que quiere volver por sus fueros es recuperar el sentido de misterio en la liturgia. Es algo tan elemental que lo que sorprende es que se haya llegado al punto de que una parte de la jerarquía eclesiástica, por lo visto, quiere sustituir la misa por esas reuniones con guitarra en las que no se sabe si se está en la iglesia o en una excursión campestre. Supongo que es la consecuencia de la infiltración marxista que es una ideología que blasona de científica, algo que hasta el más tonto de la clase sabe que es un imposible metafísico, un oxímoron, o, simplemente una tontería morrocotuda: ¿cómo va a ser científico algo tan etéreo como una ideología? Una ideología, por definición, es wishful thinking, es decir, pensamiento mágico. O infantil, si mejor quieren.
Resumiendo, que ha llegado un Papa con dos dedos de frente. Nada extraño, por otra parte, ya que el sujeto de sus estudios juveniles fueron las matemáticas. Y es que, aquí, en lo de las matemáticas, tenemos otra de las grandes confusiones que nos ha traído la ideología científica; las matemáticas, señoras y señores, sirven como herramienta auxiliar para construir puentes y todo tipo de cachivaches, pero en su concepción originaria eran una gimnasia para el músculo cerebral. Durante veintitrés siglos se estuvieron utilizando los Elementos de Euclides como texto obligatorio para el aprendizaje del recto razonar... hasta que llegó el marxismo y mandó parar. ¡Cuánto mejor aprender jugando que no esforzándose! ¡Cómo no iba a calar! Que me lo digan a mí, que me lo tragué todo de pe a pa.
En fin, para mí que el Espíritu Santo estaba que ya no podía más y ha tomado cartas en el asunto. Y por eso tenemos un Papa matemático. Un Papa que sabe pensar y, por tanto, sabe diferenciar lo que es de Dios y lo que es del Cesar. Dios es un misterio y el Cesar algo de carne y hueso. Por eso no son intercambiables como se ha estado pretendiendo de hace un siglo para acá... que, de ahí, de esa confusión, todo este desbarajuste que nos está señoreando.
Se lo explico. ¿Ven esa foto que les muestro al inicio? Mírenla bien, porque ahí se ven claramente cuales son las consecuencias del haberse creído el Cesar que era Dios. Esa pobre gente anda de gira por California en el intento de hacer visible lo que al parecer nadie quiere ver por molesto: ¡Oye, yo me salvé por los pelos y, al que Dios se la dio, que San Pedro se la bendiga!, dice la gente haciendo gala de esa miseria moral que caracteriza a los infiltrados de marxismo. Pues sí, señoras y señores, esos pobres desgraciados no hicieron otra cosa diferente a lo que hicieron muchos de ustedes: obedecer al Cesar travestido de Dios; se inyectaron la pócima milagrosa y Dios se la dio y ahora San Pedro no se la quiere bendecir. .
¿Ven ya por qué es tan importante estudiar matemáticas? Porque no hay nada que ayude tanto a comprender que estar hecho a imagen y semejanza no es lo mismo que ser Dios. Desde luego que comprendiendo esa diferencia es muy difícil que alguien se meta una pócima milagrosa... y no por nada, sino porque, como decían en aquella Asturias en la que viví unos cuantos años, misterios hay muchos, pero milagros, ninguno. ¡Sí Señor, hay que recuperar el misterio en la liturgia!
No hay comentarios:
Publicar un comentario