sábado, 3 de mayo de 2025

La ultraderecha

 


En Alemania hay un partido al que todos los demás partidos se han apresurado a tildar de extrema derecha. Curiosamente es un partido liderado por una mujer que blasona de ser lesbiana. Y, dato sorprendente, está a la cabeza de intención de voto en todas las encuestas. En realidad, no es más que un partido conservador que ha puesto pie en pared a las políticas que dicen globalistas, pero que en realidad son marxistas, fascistas o como quieran llamar a ese delirio que consiste en aquello que decía Mussolini: todo dentro del Estado, nada fuera del Estado. Hoy día, en Europa, hasta para cagar tienes que presentar una instancia ante la correspondiente autoridad administrativa. Ni siquiera puedes tener gallinas sin haberlas registrado previo pago de la mordida estipulada por la mafia a tal efecto. 

Lo bueno del caso es que el establishment alemán, es decir, los chorizos que gobiernan desde que terminó la segunda guerra mundial, han decidido abrir procedimiento para ilegalizar a ese partido que está a la cabeza de las encuestas. O sea, que con tal de no perder el chollo están dispuestos a dejar fuera del sistema a un 26% de la población. Así, tal y como suena. Sin duda, han perdido la cabeza, lo cual no quita para que hayan mandado a su fiel policía a que repartan entre la población musulmana las mismas hostias que hace cuatro años repartían entre los que no se querían inyectar la pócima venenosa.   

En realidad, en todos los países de Europa ha emergido con fuerza un partido de similares características conservadoras. Es la reacción lógica de la ciudadanía ante unas élites políticas chorizas, horteras y, ante todo, ignorantes. Es acojonante ver a toda una vicepresidenta de España embolicarse con una explicación estadística de primero de primaria. Es que no hay explicación posible a que esa gente haya podido hacerse con el poder. Tiene que ser por un milagro como el de los panes y los peces.  

Afortunadamente, por razones que se me escapan, el único sector que ha dejado esta clase política con una cierta libertad de movimientos ha sido el de la producción de alimentos. Gracias a eso, los supermercados están abastecidos. Si no lo estuvieran ya habría estallado la guerra civil, porque el resplandor de los cuchillos se insinúa tras cada esquina. La lucha por el modus vivendi a costa de los pocos que trabajan es a degüello. Por cada trabajador productivo hay tres funcionarios... más o menos. 

Y en esas estando, ¿qué es lo que necesita una sociedad para cohesionarse? Muy fácil, señalar un enemigo. El caso es dar con el enemigo correcto. La clase política putrefacta señalo primero al virus, luego a Putin... de nada les sirvió. La clase política emergente ha dado en el clavo: los musulmanes. La gente en general está hasta el gorro de ellos y no faltan razones. Por cierto, que hay por ahí vídeos que dicen que está habiendo conversiones de musulmanes al cristianismo en masa. Claro que también los hay en el sentido contrario. Sabe Dios.
  
En cualquier caso, es evidente que se extienden como un reguero de pólvora por las ciudades europeas las reyertas entre musulmanes y cristianos. Por así decirlo, ha comenzado la segunda reconquista de Europa. Y con la guerra, los nuevos liderazgos. Ya les tenemos aquí, los que los corruptos llaman de extrema derecha; es evidente que ya no cuela.

En fin, es lo que hay.                                                                                                                

No hay comentarios:

Publicar un comentario