Cuando leo lo que he escrito el día anterior es raro que quede satisfecho; o ya no pienso lo mismo que pensaba o, más frecuente, siento que determinada idea la podría haber matizado mucho mejor. Y es que si hay algo que haga honor al adagio "todo cambia, nada permanece", eso es el pensamiento. Así es que cuando escuchas a una persona decir: yo soy de los que siempre he dicho... puedes estar seguro de que tienes un necio delante.
El caso es que ayer emití juicios de los que hoy estoy arrepentido, como lo que dije de Iván Espinosa de los Monteros, que seguramente no tiene tanto Estado en la cabeza como el que le achaqué. Le escuché por la tarde en una entrevista y me pareció mucho más anarcocapitalista de lo que le suponía. Esto, por un lado; por otro, lo que dije del franquismo, que suscribo en general, me doy cuenta de que está descrito con rasgos tan gruesos que, si no los matizas algo más, difícilmente es inteligible.
Para empezar, antes de decir que Franco nos empobreció espiritualmente tendría que haber especificado que primero nos libró de la mayor plaga que conocieron los siglos: el comunismo. Sí, porque era el comunismo a la soviética lo que se estaba intentando implantar en España y, el que niegue eso, una de dos, o es un ignorante o es un sinvergüenza. Y es que para todo hay grados y lo que va de la miseria espiritual inherente al comunismo soviético de la que produce el comunismo socialdemócrata, es un gran trecho: el comunismo socialdemócrata deja ciertas parcelas de la vida social en manos de la iniciativa privada, lo cual hace que una pequeña parte de la población se salve de los estragos del pastoreo intensivo.
Una pequeña parte de la población salvaguardó un cierto grado de pensamiento crítico, aunque, no hay que hacerse ilusiones: todos los esfuerzos del sistema estaban encaminados a minar esa pequeña porción de autonomía mental. Y bien que lo consiguió, porque, después, cuando muerto el autócrata, se pasó a lo que denominaron democracia, todo el mundo se tragó la milonga sin darse cuenta de que lo nuevo no era en realidad otra cosa que un perfeccionamiento de las técnicas de pastoreo.
El pastoreo lo infiltra todo. Todo el mundo necesita un monitor para cualquier cosa que quiera hacer para aliviar el dolor del ocio. Los chavales necesitan monitor hasta para aprender a surfear olas, lo cual, por más normal que le parezca a la mayoría, no es sino la prueba fehaciente del grado de discapacidad mental al que conducen las técnicas de pastoreo. Todo el mundo parece anclado en la edad infantil... sujetos a los protocolos hasta para cagar.
Franco creó la primera clase media digna de tal nombre que hubo en España. Su gran logro, dicen. Tendrían que explicarnos un poco mejor eso. Porque, ¿qué quiere decir clase media? ¿Media de qué? Pues muy sencillo, media de aquello que vimos cuando lo de la plandemia. Media de borreguería, de ausencia absoluta de pensamiento crítico. Sé de lo que hablo, porque debido a los muchos años que tengo pude vivir tiempos en los que el pastoreo era incipiente y la mayoría de la gente vivía a su bola recurriendo al ingenio para sobrevivir. Por así decirlo, hemos pasado, socialdemocracia mediante, del libre albedrío de aquellas clases bajas a la predestinación de estas clases medias. O dicho de otra forma: del catolicismo al protestantismo. Y parece ser que mucha gente se está dando cuenta de que con el cambio no ha hecho más que perder y, por eso será, según he oído por ahí, que está habiendo conversiones masivas, sobre todo entre los jóvenes, al catolicismo.
En fin, no sé si me he explicado un poco más que ayer, pero, en cualquier caso, el asunto es demasiado complicado como para despacharlo en cuatro párrafos.
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