domingo, 18 de mayo de 2025

Franco

La vejez te puede dar perspectiva. Para ello, entre otras cosas, habrás tenido que dejar de leer periódicos y ver telediarios que vendrían a ser la proximidad dionisiaca que todo lo emborrona. Y es que la perspectiva la da el alejamiento, cosa que de joven es imposible conseguir por muchos libros de historia que hayas leído. Lo sé por la propia experiencia, porque leí muchos libros de esos y dejé hace bastantes años ya de leer periódicos y ver telediarios y, sin embargo, no ha sido hasta hace cuatro días que me di cuenta de que el verdadero destructor de España fue Franco. Sí, sí, Franco. Por favor, lector, no precipite el juicio y escuche mis argumentos. 

Cuando yo era niño, la gente, en general, se ocupaba de su propia vida. Lo cual incluía, como piedra angular que sostenía todo el edificio, el ahorro. Se ahorraba para la vejez y, también, por si alguno de la familia se ponía enfermo, o para pagar los estudios de algún hijo que salía espabilado y, también, para invertir en bienes de equipo. Claro que había gente desastre, pero estaban señalados, precisamente por ser la excepción. Pues bien, todo eso es lo que Franco, siguiendo las modas del momento, se cargó. Ya no tenéis que ahorrar, les dijo a los españoles: yo os daré una pensión cuando seáis viejos, os curaré si os ponéis enfermos y pagaré los estudios de vuestros hijos; vosotros lo único que tenéis que hacer es gastar hasta el último céntimo de lo que ganéis en diversión porque así el dinero correrá y se redistribuirá. En definitiva, Franco supuso para los españoles bienestar material y miseria espiritual... socialdemocracia en vena, para que nos entendamos. 

Pensaba en estas cosas esta mañana mientras escuchaba una entrevista a Iván Espinosa de los Monteros, al que muchos consideran el político más esclarecido que ha habido en España en estos últimos años. Pues bien, todo lo esclarecido que ustedes quieran, pero la impresión que me da es que tiene la idea del Estado omnipotente metida hasta los tuétanos. Él tiene soluciones para los grandes problemas que parecen lógicas, pero siempre con el Estado por medio. Las pensiones, por ejemplo, que según él debieran de ser de capitalización... y por qué, me pregunto yo, si vas a capitalizar tus ahorros, necesitas que el Estado meta sus narices ahí. Y lo mismo con la sanidad. Acaso no pueden la inmensa mayoría de los españoles pagarse una mutua médica con menos de la mitad de lo que gastan cada mes en bares. ¿Qué coño pinta el Estado ahí, entonces? Y de la educación podría decir lo mismo, y más, ahora, con las oportunidades que proporciona el Internet. 

Esa es la cuestión, que hasta los más esclarecidos tienen metida, Franco mediante, la idea socialdemócrata hasta los tuétanos y por eso se necesita un Moisés que venga a sacarnos de está esclavitud y nos tenga cuarenta años vagando por el desierto mientras nos vamos haciendo a la idea de libertad... que no es fácil, por cierto, porque pasar de cobarde a valiente no es cosa de hoy para mañana.

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