martes, 30 de septiembre de 2025

Nunca vas a comprender

Uno va poco a poco cayendo en la cuenta de la gran cantidad de fraudes de los que está compuesta nuestra realidad. Por eso una vida cumplida viene a ser, sobre todo, un rosario de decepciones. De joven uno se entusiasma con las cosas más peregrinas porque piensas que te van a enriquecer; al final. es flor de un día que arrojas a la basura para ir corriendo a comprar otra. Nunca te cansas de tropezar en la misma piedra; es tanta la energía que se tiene entonces que es imposible pararse para pensar. Así es que la inmensa mayoría de los jóvenes son arrastrados por las corrientes de las sucesivas modas sin sacar nada en limpio que no sea, al final, unas hemorroides, o cosa por el estilo, que les hace tomar contacto con el dolor y, por ende, con la finitud de la vida. 

Pararse a pensar es sinónimo de descubrir el fraude que es casi todo. Por eso te vas desprendiendo de usos y costumbres de una forma natural. No se necesita una inteligencia especial para ello. La mayoría de los viejos son expertos en el arte de prescindir de lo superfluo, que es casi todo. De hecho, pienso, una de las formas más fiables de medir la sabiduría de una persona es seguir la trayectoria de sus necesidades. Cuando una persona ha sido favorecido por los dioses con un plus de inteligencia, se le nota, sobre todo, porque, de joven, no se deja arrastrar por esas nefastas corrientes de la moda que no suelen ser otra cosa que el sofisticado encaje de bolillos que ejecuta el diablo para arrastrarnos de forma sibilina hacia el infierno. ¡Dios mío, cuánta gente vive en el infierno por haberse dejado arrastrar por las modas del momento? 

Y en esas estando, uno cae en la cuenta de que pocos fraudes hay que se puedan comparar al de tener la pretensión de estar informado de la actualidad. Conocer la actualidad es un imposible metafísico que nos empuja a tirar miles de horas por el desagüe. Conocer la actualidad para mejor prepararnos para el futuro es una de las ilusiones más nefastas por poderosa. Todos tendemos a crer en ella a pies juntillas. La realidad es que las cosas nunca suceden como teníamos previsto, y si alguna vez acertamos es porque hasta al burro le suena la flauta alguna vez. Como dijo un sabio portugués, el único conocimiento posible es el que se consigue limitando al máximo el ámbito de las indagaciones y profundizando en él. Al respecto, sirva la metáfora del jardín. O del huerto. Del monte, en la ladera, por mi mano plantado tengo un huerto... que dijo otro sabio, en este caso salmantino. Uno lo cultiva con esmero y, al llegar la primavera, de bella flor cubierto, ya muestra en esperanza el fruto cierto. 

Bueno, monsergas aparte, me voy a poner con la guitarra que es mi jardín más querido. Ayer estuve recuperando, "Nunca vas a comprender" de Rita Payés, que es de una belleza enlluernadora. Sin duda hay inspiración divina en esa composición. Y claro, mucha pasión, porque, si no...       

lunes, 29 de septiembre de 2025

Especulando

Pocas certezas filosóficas se podrán encontrar del calibre de aquella que sostiene que las equivocaciones de antaño son los problemas de hogaño. Por eso nos pasamos la vida especulando acerca de cómo podrían ser las cosas hogaño si antaño se hubiesen hecho de la manera que hoy nos parece que hubiera sido la correcta. En realidad, todo ello no son más que las lamentaciones de Jeremías. Pero, bueno, hay que tener en cuenta que Jeremías se consolaba con sus lamentos, a buen seguro, completamente ajeno a la pestilencia que con ellos pudiese generar.

Sea como sea, especulábamos, amaneciendo aquí, atardeciendo allá, de punta a punta del continente euroasiático, sobre cómo serían hoy las cosas, aquí, en España, si Franco, en vez de abrazar las ideas marxistas en boga, se hubiese acogido a las enseñanzas de la Escuela de Salamanca, mucho más acordes, sin duda, a nuestra idiosincrasia celtibérica. Quizá el problema de Franco, como el de tantos españoles, por otra parte, es que no leyó con la debida atención El Quijote. Porque es imposible que una persona que haya entendido mínimamente ese libro pueda tener una ideología antiliberal. Franco, como Stalin en Rusia, Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, y tantos otros por todo el mundo, siguió la consigna del "todo dentro del Estado, nada fuera del Estado". La única diferencia de Franco con los otros es que, como era más ladino, el invento le ha durado más, pero es evidente que ya está à bout de suffle. El Estado es algo que es muy fácil de montar cuando dispones del monopolio de la violencia, pero es inevitable que se devore a sí mismo dejando a la sociedad en los huesos... que es en lo que ahora estamos, sin un ápice de músculo moral. A la postre, el único consuelo que nos queda es el del mal de muchos, porque la realidad es que todos nuestros vecinos han seguido el mismo proceso y se encuentran poco más o menos como nos encontramos nosotros. 

Pues sí, esa es la cuestión, que la gente en general, ni lee la Biblia con la debida atención, ni mucho menos el Quijote, que vendría a ser la Biblia con sentido del humor. Ya se lo advierte Dios a los judíos, por boca de Samuel, que el Estado es el horror; que las cosas funcionan infinitamente mejor con el orden espontáneo que vendría a ser la esencia de la Escuela de Salamanca reconvertida en la actualidad en la Escuela Austriaca de Economía. La gente, dejada a su bola, comercia entre ella sin problemas y, si por lo que sea, surgen estos, se arma para combatirlos. El hombre completo es, mitad comerciante, mitad soldado. 

En fin, que por especular no quede. 

domingo, 28 de septiembre de 2025

Moro de la morería

Comentábamos esta mañana sobre lo que hubiera pasado si a un cineasta se le hubiera ocurrido hacer una película sobre Lorca en la que hubiese dejado de lado su condición de homosexual y le hubiera buscado unas cuantas aventuras de faldas. Es imposible concebir las dimensiones del revuelo que en tal caso se hubiera levantado por parte de lo que se conoce como mafia rosa. Ellos tienen sus santos y que no se los toquen. ¡Pues buenos somos los maricones! En su derecho están.   

Venía esto a cuento de que un tal Amenabar, cineasta él, y que blasona de homosexual, ha tenido a bien hacer una película sobre un Cervantes que se ha pasado a la acera de enfrente. Por lo visto ha dicho que, como él está en esa acera, pues le venía bien tener tal compañía. Y es que, Cervantes no es cualquier cosa. La verdad es que a la gente se la ha sudado. ¡Ya, una más, pues, como quien oye llover! La gente está a sus cosas y al Amenabar le deben conocer cuatro gatos... lo mismo que desgraciadamente ya va pasando con Cervantes. 

Así están las cosas por el querer de los dioses, cada cual pensando lo que le viene en gana y si, además, está enfermo de marxismo cultural, no solo pensar, sino, también, decir y, ya puestos, incluso hacer. Como se suele decir, siempre hubo clases y la enfermedad marxista cultural confiere a los que la gozan un halo como de gloria que les permite hacer de su capa un sayo sin por ello tener que dar cuentas a nadie. Oye, que les apetece matar a un tipo que es facha y además vierte en vaso idóneo, ¡pues dos pájaros de un tiro!

No sé, pero tanto hablar de vacunas, ¿no podrían inventar una contra el marxismo cultural? Porque es que, además, es esa una enfermedad que la sufren, sobre todo, y por encima de todo, perdonen la redundancia, los que no la padecen. Tener a un enfermo de esos al lado es una verdadera tortura; te obliga a llevar siempre un collarín de acero so pena de ver tus yugulares invadidas por sus afilados colmillos. ¡Qué peste, por Dios! ¡Amenabar, Amenabar, moro de la morería! Bueno, en realidad era Abenámar, pero pal caso...  

viernes, 26 de septiembre de 2025

Indoeuropeos y semitas

Mi vecino más inmediato se llama David. El que viene a limpiar la escalera se llama David. Hay un montón de gente que se llama David. Es muy curioso esto de la elección de los nombres de los hijos por parte de los padres. Creo recordar que en la novela de Sterne, Las Andanzas y Opiniones de Tristan Shandy, se reflexiona un buen rato sobre este asunto porque, en opinión del autor, el nombre que le ponen a uno, condiciona en gran medida su vida. Recuerdo que cuando nacieron nuestras hijas tuvimos muy presente esta cuestión y por eso tratamos de ponerlas los nombres que nos parecían de los más anodinos. Seguramente, como en todo lo demás, o no acertamos o acertamos a medias. En cualquier caso, es evidente que hay nombres prestigiosos y también los hay malditos. David, sin duda, es prestigioso y Absalón está maldito. ¿Conocen ustedes a algún Absalón?

Me pregunto cuántas personas de las que ponen a sus hijos el nombre de David han leído la biografía que de él nos da la Biblia. La mayoría de la gente le conoce por lo de haber matado de un peñazo al gigante Goliat. Sin embargo, las familias reales, a las que se supone una cierta formación, nunca suelen poner a sus herederos el nombre de David. Yo, al menos, no conozco ningún rey David que no sea el original. Y es que, ¡menudo personaje! Agujero que veía, agujero que quería tapar. ¿Cuántas mujeres tuvo? ¿Cuántos hijos? No es extraño que entre tanta tropa le saliese un respondón, Absalón, que estuvo en tris de destronarle. 

Esta cuestión del hijo que destrona al padre es algo de lo que la historia da cumplida cuenta. Y aquí también hay diferencias entre la forma de abordarlo entre la cultura indoeuropea y la semita. En la indoeuropea, el padre siempre es consciente de ese fatum y trata, sin pararse en consideraciones morales, de evitar lo inevitable. La historia de Edipo es paradigmática al respecto, pero hay cientos de historias semejantes. Un oráculo anuncia que el hijo matará al padre y el padre, para evitar que el oráculo se cumpla, manda exponer al hijo recien nacido a las fieras del bosque. Aquí en España, que también es indoeuropea, nuestra quizá más emblemática obra de teatro, trata, precisamente, de ese asunto: La Vida es Sueño. De nada sirvió encadenar a Segismundo en una mazmorra en medio de la nada; al final se cumplió el oráculo. Siempre se cumple, y aquí sí que hay tela para que la corten a su gusto todas las legiones de los estudiosos del alma humana. Recuerden todo lo que le dio de sí a Freud. 

En la cultura semita, nada qué ver. Al menos eso es lo que nos da a entender la historia de David. La rebelión de Absalón, uno de entre sus muchos hijos, parece cogerle desprevenido. Tiene que huir para encarar la rebelión. Y en ningún momento parece guardar rencor hacia el hijo rebelde. Su mayor preocupación cuando se entabla la guerra es salvaguardar la vida del hijo. Luego, cuando por una jugarreta del destino, Absalón pierde la vida -se le enredan los cabellos en las ramas de una encina cuando iba huyendo y un general de David le inserta tres venablos en el corazón- la desolación de David recuerda mucho a la que tuvo Tárrega cuando se le murió una hija. ¡Hijo! ¡Hijo! ¡Hijo! ¡Absalón! ¡Absalón! ¡Absalón! Lo mejor para hacerse una idea del dolor de David es escuchar la Lagrima de Tárrega. 

En fin, todo conjeturas... o pajas mentales, como también se suele decir. Pero qué duda cabe de que, allí lejos, de donde venimos, nos condiciona la manera en la que interpretamos la realidad. No es lo mismo ser indoeuropeo que semita. Lo estamos comprobando a diario. Aunque ya andamos tan mezclados...

Ignorancia institucionalizada

Un día, no hace mucho, estaban unos diputados en el parlamento de una gran nación debatiendo -por llamarlo de alguna forma- sobre el cambio climático. Habían convocado a unos científicos de renombre para dar solemnidad y resonancia al evento. En un momento dado, uno de los científicos, cansado sin duda de oír tonterías, empezó a preguntar a los diputados: ¿cuál es la proporción de CO2 en el aire? Uno dijo que 7%, otro que 3%, otro que 5... y así todos, a voleo. Pues están ustedes discutiendo sobre un asunto del que no tienen idea, les espetó el científico; es un 0,035%; las variaciones a lo largo de la historia se miden en centésimas porcentuales y su aumento se ha traducido siempre en aumento de masa forestal. Esto es solo una anécdota que no sé hasta qué punto puede ser significativa; a mí, desde luego, me lo parece y por eso es que me cague encima de eso que llaman soberanía popular con sus representantes y toda la parafernalia. 

Sí, la parafernalia de la democracia. El otro día estuve escuchando una entrevista que alguien le hizo a Julio Iglesias en aquellos años en los que circular por las calles con El País bien visible debajo del brazo era una especie de salvoconducto. ¿Quién se hubiese atrevido a pasear por el Retiro un domingo por la mañana exhibiendo el ABC? Pues bien, la democracia consiste en que, por cada entrevista que le hacen a Julio Iglesias, le hacen cien, o mil, a Serrat. ¿Por qué será? Pues juzguen ustedes:

—Usted es de derechas, dice la entrevistadora. 

—Qué cosas dice, contesta Julio entre risas. Lo de izquierda, derecha, es un cuento chino. 

—Entonces no cree en la democracia... la igualdad... balbucea la entrevistadora, visiblemente descolocada.

—La igualdad es una quimera. Cada uno nace en una casa, acomodada o pobre. Eres guapo o feo, listo o tonto. Las diferencias vienen de fábrica... y la democracia... España es un país de servicios y lo que necesita es gestores competentes. 

—Entonces, usted... sigue balbuceando la entrevistadora.

—Mire usted, aquí lo que hace falta es estar bien y aprovechar todos los recursos que se te ofrecen para aprender todo lo que se pueda, concluye Julio.

Un mal chico este Julio. Hay que desprestigiarle por todos los medios al alcance de la soberanía popular.

Cuántas veces no habré dejado perplejo a mi entorno confesando mi admiración por Julio Iglesias. Porque este ha sido, y me temo que sigue siendo, el siniestro proceder de la soberanía popular: juzgar la calidad de lo que hacen las personas por la ideología que se le supone tener. Así de infantil es la soberanía y ¡qué le vamos a hacer! 

Así son las cosas; soy de una generación que ha demonizado a Julio Iglesias con el mismo entusiasmo que santificó al Che Guevara o a Fidel Castro. Me parece a mí que si tuviésemos un mínimo de dignidad correríamos a buscar un acantilado para arrojarnos... pero, no, todavía andamos por ahí dando lecciones. Lo mismo que hacen esos diputados que legislan sobre el cambio climático sin tener ni puta idea de lo que están hablando. 

Soberanía popular, así llaman ahora a la ignorancia institucionalizada.  

jueves, 25 de septiembre de 2025

El demonio Trump

Ese movimiento de apoyo a Palestina, algo a mi juicio absolutamente descabellado, es el mismo apoyo que tuvieron allá, por los años del cuplé, las ideologías comunistas. ¿Cómo alguien en su sano juicio puede apoyar semejantes barbaridades? Pues muy sencillo, porque cuando estás mal en la vida por cuestiones de índole íntima, tiendes de una forma instintiva a procurar todo el mal que puedas a tu entorno adhiriéndote a las ideas más destructivas que circulan a tu alrededor. Siempre ha sido así y siempre será. 

La cuestión a dilucidar, entonces, sería el ¿por qué en determinadas épocas históricas se produce un incremento de ese sufrimiento de índole íntima? Toda esa morangada que viene a Europa huyendo de sociedades tremendamente injustas, a la que están aquí una temporada con el estómago lleno, empiezan a sentirse incómodos y buscan consuelo en la nostalgia de sus países de origen. Quizá todo ello no sea más que el miedo a la libertad. Y es que la libertad es tan exigente que hay que haberla mamado desde la cuna para poder adaptarse a ella. Así es que ese malestar va saliendo a luz y es rápidamente simpatizado por los aborígenes que quedaron rezagados, ya sea porque los dioses fueran avaros con ellos en el reparto de dones, ya porque recibieron una educación defectuosa. Se forma así un conglomerado de resentidos que si toma conciencia de su fuerza se convierte en una pesadilla para quienes llevan su cruz a cuestas sin hacérselo saber a nadie. 

Y ya saben lo que pasa con las pesadillas que, una de dos, o las enfrentas o dejas que te destruyan. La historia está llena de ejemplos en ambas direcciones. En lo que hace al presente, parece ser que cada vez más gente se está decantando por el enfrentamiento. Todas las guerras civiles han comenzado así:  los que llevan su cruz a cuestas silenciosamente contra los que tienen soluciones mágicas para vivir sin necesidad de llevar cruces a cuestas. También se podría decir, entre los que temen a Dios y los que no admiten su existencia. La chusma llama a eso, derechas e izquierdas. O cosas por el estilo.  

Y en esas estamos: amagando. De momento la cosa va de banderas; unos las ponen y otros las quitan, con, por supuesto, intercambio de empujones y algún puñetazo que se escapa. Lo demás es gente que va perdida por la calle escrutando para ver si encuentra a alguien sobre el que poder descargar sus angustias. Ayer iba con María por ahí y nos abordó un conocido que no tardó ni dos minutos en sacar al demonio Trump a colación. No es la primera ni la segunda vez que nos pasa; siempre son funcionarios, es decir, el último eslabón de la escala filogenética. No sé qué le contesté, bueno, sí, algo sobre la vacuna; María me dijo que el tipo había cambiado de color y que se había ido temblando. ¡Pobre gente! 

¡Qué mundo éste, por Dios! 

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Los sueños, sueños son

El sueño de la vida en el bosque es algo de lo que no se cura uno en la vida a no ser, supongo, que lo hayas experimentado por una temporada. Es el mito de la autosuficiencia. Necesidades mínimas, incluidas, sobre todas las demás, las sociales. Es lo que Thoreau trata de contarnos en Walden. Está allí una temporada autoconvenciéndose de que observar a las hormigas es muy interesante. De hecho, una vez acabada la cabaña, se aburre de muerte y, si resite dos años es porque, entre los pocos utensilios que tiene en la cabaña, están el papel, la pluma y unos pocos libros esenciales. Su conclusión final, parece ser, es que una cosa es con qué hacer algo y la otra qué hacer. Irse al bosque a vivir es la parafernalia que uno se monta porque supone que así le será más fácil hacer algo. Pasarse la vida preparándose para hacer algo es una opción que muchos escogen. Al final se van de aquí sin haber hecho nada que no sea haber dado muchos consejos sobre lo que hay que hacer para hacer algo: son los depresivos incurables. 

Vivir sin tener que trabajar para ganarte la vida es una tragedia. Es algo que te aboca directamente a la depresión. Puedes inventarte entretenimientos más o menos efectivos, pero nunca tendrán la fuerza evasiva de la necesidad imperiosa. Si no trabajas no comes: no creo que pueda haber fórmula mejor para acabar con todos los problemas del mundo. A la que una persona come sin trabajar, se le pudre el alma y no tarda ni cuatro días en ponerse a filosofar sobre lo que los demás tienen que hacer para que el mundo sea mejor; es decir se convierte en un ser tóxico. Y ese es el asunto que de tanto robar fuego a los dioses hemos conseguido poder vivir sin trabajar si no es para robar más fuego y, de resultas de ello, nos hemos convertido en una sociedad de seres tóxicos. 

Entonces, caes en la cuenta y te quieres ir a vivir al bosque... a observar la armonía de las hormigas. La armonía que les proporciona el estar siempre ocupadas so pena de sucumbir.

No sé, pero si volviese a nacer, con la experiencia de la vida ya vivida, no lo dudaría un minuto: sería granjero. Es el oficio que más te acerca a la autosuficiencia. Comer lo que produces, vestir lo que tejes, calentarte con la madera que cortas, curarte con las yerbas que conoces, defenderte con las armas que fabricas y dar gracias a los dioses con tus propias oraciones. En fin, que los sueños, sueños son. 

martes, 23 de septiembre de 2025

Cosas que se dicen

Al fin y al cabo, me digo a veces, algunas veces, algunas cosas te salieron bien; todas ellas, evidentemente, por el querer de los dioses, pero, unas, más que otras. Tener dos hijas, que seguramente es lo mejor que me pasó, ha sido algo de lo que no tengo conciencia de haber tenido la voluntad de conseguirlo; llegó porque sí, como si de un designio divino se tratase. Sin embargo, mis conocimientos musicales, por más que los dioses fueran los que me incitaron a adquirirlos, hizo falta el concurso de mi voluntad de hierro para llegar a lo poco o mucho, según se mire, que he conseguido. Así es que, es muy diferente la consideración que tengo hacia una u otra cosa: respecto de mis hijas siento contento y un profundo agradecimiento; respecto de mis adquisiciones musicales, siento también contento por el goce que me proporcionan, pero también un punto de orgullo, ya que, para su adquisición necesité exprimir la voluntad hasta los límites del dolor. 

Recuerdo haber oído de chaval que la voluntad es la inteligencia de los burros. Lo mismo que también era frecuente escuchar que fulano era muy inteligente pero no llegaba a nada porque era vago. Así que, inteligente o burro, lo que a la postre cuenta es la voluntad. La voluntad de poder que dijo el filósofo. Ahí está la clave de todo. Mi padre, a la mínima que nos veía titubear, nos soltaba como si fuese un dardo certero que, querer es poder. 

Así es que nos pasamos la vida catalogando, a este de inteligente, a ese otro de vago, al de más allá de zote... tenemos una larga serie de características humanas con las que poder hacer el cóctel que cada persona es. Cada cual tiene un sabor propio que se refleja en el rastro que deja al pasar. ¿Qué hizo ese? Eso es lo que cuenta, hacer algo de lo que poder sentirse orgulloso porque no fue producto del azar, o del favor de los dioses, sino del doloroso ejercicio de la voluntad. 

En la cultura judía -que es quizá con la que más me identifico, dentro de un orden, claro está-, según tengo entendido, se le da una especial relevancia al rastro. Para ellos, por lo visto, todo su comportamiento está condicionado por el afán de que ese rastro sea favorable, y no por nada, sino porque afecta directamente a la descendencia. Un mal rastro, la maldice en la misma medida que, uno bueno, la bendice. 

 En fin, cosas que se dicen. 

lunes, 22 de septiembre de 2025

Patognomónico

Cuando tenía catorce años tuve un incidente de los que nunca se olvidan. El profesor de Formación del Espíritu Nacional nos había puesto un examen aquel día. Como era una asignatura sobre la que todos hacíamos chistes, me puse a escribir lo que me salía y ello fueron unas cuantas irreverencias sobre el régimen político en curso por aquellos días. Dándome cuenta de que aquello que había escrito no era de recibo, hice un gurruño con el papel y lo tiré a la papelera y me fui. El profesor, que ya me tenía enfilado, fue a la papelera, agarró el gurruño, lo alisó y leyó el contenido. Ahí empezaron mis desgracias. Se me expulso del colegió, se me suspendió con un cero la asignatura que contaba como una más en el cómputo de la nota final, me obligaron a aprenderme de memoria los Principios Fundamentales del Movimiento y unas cuantas cosas más y, si no hubiera sido porque el gobernador civil de por entonces había sido compañero de mi tío en el colegio de Villacarriedo, no sé a dónde hubiera llegado la persecución. Así todo, al año siguiente, ya en otro colegio, al examinarme de la reválida en el instituto de Enseñanza Media de la ciudad, volvieron a ponerme un cero en la dichosa Formación del Espíritu, que podría haber sido letal si en el resto de las asignaturas hubiera tenido un aprobado por los pelos; afortunadamente me sobraron muchos puntos para salir de paso... con la lección aprendida, por supuesto. 

Les he contado esta batallita porque he visto un vídeo en el que dos policias van a una casa a detener a un niño porque ha escrito en una red social algo que al gobierno de la nación -Reino Unido, en este caso- no le ha gustado. Dos policías, mujeres, una rubia y otra morena con hiyab, como si se tratase de la Verbena de la Paloma. La madre del niño, una madre coraje sin duda, las despide con cajas destempladas. No sé cómo habrá acabado el asunto, pero, en cualquier caso, da una idea de a dónde ha llegado la locura. Me imagino que, como fue mi caso, son acciones ejemplarizantes con las que se pretende amedrentar. Y es que, como les decía el otro día, el poder, por su propia naturaleza, siempre es tiránico y, por tal, inseguro de sí mismo. Lo siguiente, por tanto, son las tonterías, o barbaridades, hacia las que toda inseguridad aboca. Estamos cansados de ver ejemplos de semejantes procederes a todo lo largo de la historia. 

Fíjense como estamos, en Inglaterra, el país que en 1215 hizo firmar a Juan Sin Tierra la Carta Magna que reconocía los derechos fundamentales de la ciudadanía y la igualdad ante la ley. Y que, cuatro siglos después, decapitó al rey Carlos I por no haber sabido respetar la letra y espíritu de la mentada Carta. Pues sí, en eso están en Inglaterra, persiguiendo a los niños por hacer chistes sobre el hiyab. Supongo que esa estúpida persecución es un signo patognomónico de la desesperación de un poder a bout de suffle. Por si no lo saben, patognomónico es una palabreja que usamos los médicos para denominar un síntoma que por si solo se basta para diagnosticar una enfermedad... en este caso, un poder en las últimas. Sí, señoras y señores, estamos a un paso de empezar a decapitar reyes... o reyezuelos, si mejor quieren. Y colorín, colorado. 
 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Toda la tela cortada

Ya va para más de trece años que dejé la siguiente entrada en mi blog de por entonces. Se la transcribo hoy porque no se me ocurre nada mejor que decir que no sea que trece años no han movido un ápice mi forma de pensar. Supongo que son cosas propias de la edad que tengo. ¡Ya tengo toda la tela cortada! 

*****

Niños en la escuela


Hoy, entre unas cosas y otras, venía andando un tanto bastante bajo de ánimos. Y así era que me demoraba por esas páginas de Dios, cuando, de repente, voy y me topo con este conjunto de sentencias. Leí la primera y me gustó. La segunda, me complació. La tercera, me deleitó. La cuarta, me maravilló. Y así hasta la última. Porque no encontré una que tuviese desperdicio.

Sí, convénzanse, el hombre, y la mujer, aunque sea feminista, no son sino lo que saben. Lo demás son mandangas. Y por eso todo lo que hagamos en esta vida que no vaya encaminado a adquirir conocimiento es esfuerzo baldío o delectación frustrante. Correr detrás de las quimeras, en definitiva.

En resumidas cuentas, que ahí les dejo por si quieren deleitarse un rato con los más elevados juegos del espíritu estas sentencias escritas por Francis Bacon:


-No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente.

-Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

-La soberanía del hombre está oculta en la dimensión de sus conocimientos.

-El hombre no es sino lo que sabe.

-El conocimiento es poder.

-El conocimiento se adquiere leyendo la letra pequeña de un contrato; la experiencia, no leyéndola.

-La lectura forma al hombre; las conferencias lo alistan*; y la escritura lo perfecciona.

-La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso.

-La historia hace ilustrado al hombre; la poesía, ingenioso; las matemáticas, sutil.

-Nada induce al hombre a sospechar mucho como el saber poco.

-El hombre representa siete años más al día siguiente del matrimonio.

-La fortuna lo hizo tonto, mientras que a ella la volvió hermosa.

-Nuestra humanidad sería una cosa deplorable si no existiera la divinidad dentro de nosotros.

-El que toma venganza es igual a su enemigo, más el que la pasa por alto es superior a su adversario.

-No hay otro placer comparable a aquel de mantenernos siempre de parte de la verdad.

-El dinero es un buen siervo, pero mal maestro.

-El malo cuando se finge bueno, es pésimo.

-En caridad no hay excesos.

-Escoger el momento es ahorrar tiempo.

-La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.

-La discreción en las palabras vale más que la elocuencia.

-La discreción es una virtud sin la cual las otras dejan de serlo.

-La esperanza es un buen desayuno, pero una mala cena.

-La ocasión hay que crearla, no esperar a que llegue.

-Las casas son para habitar y no para contemplar.

-Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar y viejos autores para leer.

*alistan: me resulta difícil interpretar esta palabra. ¿Qué es lo que han sacado ustedes de las conferencias que han ido? Personalmente, no sabría qué decir. 

sábado, 20 de septiembre de 2025

La casa sin barrer

Sigo con la lectura de Walden. Paseo por el barrio, me siento en un banco, leo unas páginas, me levanto y sigo paseando mientras rumio lo leido. Es un enamoramiento sosegado el que tengo con ese libro. Lástima, me digo, no haber comprendido en toda su dimensión la joya que tenía entre las manos la primera vez que lo leí. Aunque eso me ha pasado con tantos libros, por no decir todos, que lo más seguro es que no sea más que otra de las tantas leyes de vida. La vejez, me digo a veces, quizá sea la ilusión de que por fin has aprendido a captar la esencia de las cosas. Y por eso las celebras, como el mismo Cervantes dice que les pasa a los ancianos cuando leen El Quijote. Sea como sea, me doy cuenta de que Walden es una especie de Biblia -de hecho, lo fue para aquellos movimientos hippis de la segunda mitad del siglo pasado-; te lleva de la mano suavemente por los caminos de la introspección hacia el convencimiento del poder omnímodo de la renuncia, o del desapego, de lo material. 

Transcribo: 

"Hace poco tiempo, un indio itinerante fue a vender cestas a casa de un conocido abogado de mi vecindad. «¿Quiere comprar cestas?», le preguntó. «No, no queremos ninguna», fue la réplica. «¡Cómo!», exclamó el indio mientras salía por la puerta, «¿quiere que nos muramos de hambre?». Habiendo visto que a sus laboriosos vecinos blancos les iba tan bien, que el abogado sólo tenía que tejer argumentos y que por cierta magia le seguía la riqueza y reputación, se había dicho a sí mismo: me dedicaré a los negocios, tejeré cestas; es algo que puedo hacer. Pensó que cuando hubiera hecho las cestas habría cumplido su parte y luego la del hombre blanco sería comprarlas. No se dio cuenta de que era necesario convencer a los demás de que valía la pena comprarlas, o al menos hacer creer al otro que así era, o hacer algo más por lo que valiera la pena comprarlas. Yo también había tejido una cesta de delicada textura, pero no convencí a nadie de que valiera la pena comprarla -A Week on the Concord and Merrimack Rivers-. Sin embargo, no pensé que no mereciera la pena tejerlas y, en lugar de estudiar cómo conseguir que los hombres creyeran que valía la pena comprar mis cestas, estudié cómo evitar la necesidad de venderlas. Sólo hay un tipo de vida que los hombres alaben y consideren lograda. ¿Por qué deberíamos exagerarlo a expensas de los demás?"

Exacto: para lo único que merece la pena estudiar es para evitar la necesidad de vender las cestas que haces. Si, como le pasaba al abogado que tejía argumentos, por cierta magia, al hacer cestas le sigue la riqueza y reputación, pues bendito sea, pero no es eso lo que en principio se perseguía: uno hace cestas porque ejercitar las habilidades adquiridas es fuente de satisfacción. Claro que de alguna manera hay que ganarse la comida, pero no dejes que eso se convierta en el eje sobre el que gira tu vida. Lo realmente importante, lo que te pone en contacto con la divinidad, es ejercitar las habilidades que tanto sacrificio te costó adquirir. Porque, es que, además, si aprendiste a comer adecuadamente, sabrás que su coste es mínimo. Como, por otra parte, lo es el de todas las demás necesidades materiales... si es que realmente son necesidades y no caprichos con los que tratas de escapar de ti mismo. 

Estamos en lo de siempre, filosofando acerca de la manera de no volver a equivocarse una vez más. Porque la vejez es celebración por lo que por fin eres capaz de comprender, pero, sobre todo, pesadumbre por el recuerdo insistente de todo lo que te equivocaste a lo largo de la vida. En fin, como siempre, lo uno por lo otro, la casa sin barrer, como se suele decir.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Redes sociales

Ayer por la mañana, al pasar por la plaza del ayuntamiento, escuché la inconfundible melodía de Libertango. La estaba tocando al acordeón un gitano del este y, por eso, quizá, es que sonaba más como una csarda que como un tango. En cualquier caso, nunca me pareció más bella esa plaza que ayer. Sin duda es un gran paso adelante el que se escuche por las calles la música de Piazzolla. Ya saben, se empieza por Piazzolla y se acaba por Milei. Y es que la música es como el ángel precursor; fíjense en Austria, surgió la música libérrima de Schönberg, Alban Berg, Webern, y, acto seguido, vino la escuela austriaca de economía que, por cierto, es donde está encaramado Milei y, todo parece indicar que es donde se va a encaramar todo el mundo mundial. Pero esto es otro asunto para mejor ocasión. 

El asunto en el que he venido pensando de forma persistente los últimos tiempos es el de las controvertidas redes sociales... sin duda el fenómeno más significativo del momento histórico que estamos viviendo. Las redes sociales es una tecnología nueva que cambia radicalmente la forma de informarse. Y la cambia porque arranca de las manos del poder el monopolio de la información. El monopolio de la información, algo de lo que antes no éramos muy conscientes de que existiese, porque, como había periódicos y televisiones de derechas y de izquierdas, pensábamos que las ideas se podían expresar libremente. Las redes sociales nos han hecho comprender que aquello era un mal chiste: izquierda, derecha, no es diferencia alguna, lo mismo que no las hay entre Hitler y Stalin. O entre el Marca y el As, por remitirme a esos dos periódicos deportivos con los se hacían chistes sobre la libertad de información en la era franquista. Ahora, con las redes sociales nos hemos enterado de que hay algo más que ideologías comunitaristas; ese descubrimiento nos ha puesto muy nerviosos.

Una tecnología que, como todas, tiene doble filo. Fíjense en el coche, por poner un ejemplo; una herramienta que ha liberado al ser humano de muchas tareas penosas, pero, también, con el pretexto de hacer más agradable la vida -ir por ahí a ver cosas- ha condenado a la esclavitud a media humanidad. De nada me arrepiento yo más en estos finales de la vida que de haber sacado el carnet de conducir; nunca lo necesité para nada, y nada hubo que me hiciese tirar más tiempo por el desagüe. Con las redes sociales es lo mismo. ¿Para qué las usas? Si es para ver tutoriales de matemáticas, música, o de lo que sea, es un regalo del cielo con el que nunca hubiéramos osado soñar. Pero excepción hecha de esos tutoriales, todo el cuidado que pongas para que no te pudran el cerebro es poco. Pongamos por caso los videos dedicados a la salud: todos ellos son como echar gasolina al fuego de la hipocondría... con todos esos médicos subnormales empeñados en dejar constancia de su sabiduría so capa de ayudar desinteresadamente a la humanidad. ¡Para matarlos! 

Pero cuando las redes sociales son un peligro peor que la peste bubónica es al informar de temas políticos. Entonces es cuando te agarran por los huevos y ya no te sueltan por siempre jamás. Y es que merced a esa cosa que llaman algoritmos, si tú te has parado a ver dos videos de una ideología que te agrada, como por ensalmo, se te llena toda la página con videos de esa ideología, de tal manera que te llegas a creer que estás en la onda de la mayoría y, de forma más o menos consciente, te adhieres a esa ideología. Por no hablar, claro está, de eso que llaman inteligencia artificial que, sin ningún tipo de esfuerzo intelectual, permite poner en boca de cualquiera lo que se quiera poner; y el artificio queda tan perfecto que es imposible distinguir de la realidad. Así, entre unas y otras triquiñuelas, sin darte cuenta, ya estás dentro de una determinada secta. A la postre, el poder siempre se inventa recursos para tener a la gente dividida en sectas; es su garantía de supervivencia.   

Resumiendo: estamos en lo de siempre, es decir, expuestos a los peligros que conlleva manejar el fuego que acabamos de robar a los dioses. 

jueves, 18 de septiembre de 2025

Walden


Vine al bosque porque quise vivir, deliberadamente, enfrentándome a los hechos esenciales de la vida. 
Y ver si era capaz. 
No a aprender lo que el bosque puede enseñar.  Y no descubrir, cuando esté a punto de morir, que no he vivido. 
Thoreau"  

"La mayoría de los hombres vive una vida de tranquila desesperación. Lo que llamamos resignación no es más que una confirmación de la desesperación. De la ciudad desesperada pasamos al campo desesperado, y tenemos que consolarnos con la magnificencia de los visones y ratas almizcleras. Hasta detrás de los llamados juegos y diversiones de la humanidad se encuentra una desesperación estereotípica, aunque inconsciente. No hay diversión en ellos, porque esta viene sólo después del trabajo. Pero no hacer cosas desesperadas es una característica de la sabiduría.

Cuando consideramos cuál es la principal finalidad de los hombres —para hacer uso de las palabras del catecismo— y sus principales necesidades y medios de vida, pareciera que hubieran elegido deliberadamente esta forma de vivir porque la prefieren a cualquier otra; sin embargo, ellos piensan honradamente que no es posible elección alguna. Pero las naturalezas activas y saludables recuerdan que el sol ascendió con claridad. Nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios. No se puede creer firmemente, sin pruebas, en alguna forma de pensar o de hacer, por antigua que sea. Lo que hoy todo el mundo repite y acepta como verdadero, puede convertirse en mentira mañana, una mera opinión de humo que algunos creyeron fuera nube que daría agua fertilizadora para los campos. Tratad de hacer aquello que la gente antigua afirma ser imposible de realizar, y demostrad que sí podéis. Los hechos antiguos pertenecen a las generaciones antiguas, y los nuevos, a la nueva generación. (...)

Hace unos treinta años que vivo en este planeta y todavía estoy por oír la primera sílaba de los serios o valiosos consejos de mis mayores, pues no me han dicho nada, o quizá no puedan decirme nada, de utilidad. Aquí está la vida, un experimento, la mayor parte del cual no ha sido realizado todavía por mí; pero no me beneficia en absoluto que otros lo hayan realizado. Si poseo alguna experiencia que considero de valor, puedo asegurar que mis mentores no me dijeron una palabra acerca de ella. (...) 

Sin duda alguna, el tedio y el fastidio que presumiblemente han agotado la variedad y las alegrías de la vida son tan viejos como Adán. Pero las capacidades del hombre no han sido medidas todavía, y se ha ensayado tan poco, que no podemos juzgarlas por algunos precedentes. (...)"

Para muestra basta un botón. Los párrafos precedentes pertenecen a "Walden", la icónica, para mí, obra de Henry David Thoreau. Para mí, digo, porque no pretendo que nadie me confirme en mis preferencias. Del Siglo de Oro para acá puedo contarlas con los dedos de la mano. Las novelas inglesas de aventuras -La Isla del Tesoro, Robinsón Crusoe-, Baroja, algo de Ortega y, sobre todo, Thoreau y Pessoa... tal para cual. Necesito volver a ellos una y otra vez y nunca me sacio. Thoreau y Pessoa tienen una característica común, su conocimiento de los clásicos grecolatinos. Por mi pobre experiencia al respecto de esos clásicos, podría asegurar que no hay nada que condicione tanto la vida como su conocimiento; y ya no te digo nada si ese conocimiento se hace en las lenguas originales, cual fue el caso de los dos autores citados. 

Walden es una reflexión sobre las necesidades materiales del hombre. Comida, cobijo, ropa y combustible. Cuando te extralimitas de esas necesidades primarias, lo que denominamos lujo, empiezan los quebraderos de cabeza. A la postre, arrastrados por esa incitación interior al lujo, que es un intento de huida de uno mismo, convertimos la vida en un rosario de equivocaciones que son el material con el que se fabrica esa sensación de fracaso que nos aplasta... a partir de ahí, todo es disimulo. 

Todas estas cosas las sabían de carrerilla Zenón de Citio, Séneca, Epicteto, Marco Aurelio... vivir de acuerdo con la naturaleza vendría a ser lo que llamamos virtud, es decir, lo único que nos apacigua el espíritu. 

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Hemiplejias morales



Me mandan unos vídeos en los que se informa de los disparates que está haciendo el gobierno español para tapar sus vergüenzas. Son auténticos tiros de los que salen por la culata. No acudir al mundial de futbol, por ejemplo, para protestar por la presencia de Israel en esa competición. También, propone marcar con alguna señal los productos israelíes para que la gente, ¿qué gente?, no los compre... como si lo que se importa de Israel lo comprase la gente del común y no las grandes empresas y el propio Estado. Son todo cosas de gente enloquecida que ya no sabe qué hacer para poder seguir viviendo del cuento; la misma gente, en definitiva, que hace un siglo no paró hasta conseguir que viniese Paco con la rebaja. 

Son todo trucos para dividir a la gente: a favor o en contra de lo que sea. El caso es que todo este señalado por su pertenencia a los unos o a los otros. Cuestión todo de simpatías o antipatías. Contaba mi padre que en San Roque de Riomiera, donde ejerció de médico durante los años de la República, había dos bares cuyos dueños, que eran familiares, se llevaban a matar por cuestiones de herencias. Esa inquina no tardó en propagarse a las clientelas de ambos bares. A la postre, se tradujo en que los unos eran rojos y los otros nacionales. Por supuesto, todos eran pasiegos dedicados a la ganadería; nada diferenciaba los intereses de los unos y los otros, pero, ahí está una de las principales gracias de la condición humana, que los intereses son nada frente a la necesidad de dar rinda suelta al rencor que por extrañas razones todos llevamos dentro del alma. 

Y el caso es ese, que el poder tiránico -perdonen el pleonasmo- sabe muy bien eso del rencor y como utilizarle en beneficio propio. El "divide y vencerás" es más viejo que los pedos, pero la chusma se niega a enterarse y por eso se apunta con entusiasmo a todas esas formas de hemiplejia moral -izquierda, derecha, medio pensionista...- que les sirve para dar rienda suelta a su rencor sin que se note mucho. 

Precisamente a Charlie Kirk le mataron porque su discurso al respecto de la trampa de la división era tan claro que podía llegar a calar en la chusma y, eso, el poder no lo puede tolerar. Decía Charlie: "¿qué es lo que quiere un americano de toda condición? Muy sencillo: casarse, tener hijos, comprar una casa en un barrio seguro donde los hijos puedan ir a un buen colegio y, luego, andar en bicicleta hasta el anochecer... ¡ah!, y no tener que escuchar cinco veces al día la plegaria del muecín... esto es muy importante, añadía, mirando y señalando al cielo para dar énfasis al asunto. Y terminaba, nosotros somos cristianos y nuestra cultura se fundamenta en el sacrificio y la libertad."  

Pero el "divide y vencerás", como todos los apotegmas, no es infalible. Hay que saber escoger el sujeto de la división y el momento. De hecho, no siempre gana las guerras el que las provoca. Ni mucho menos. Por lo general las pierde porque el hecho de provocarlas indica, más que nada, desesperación, o sea, la peor consejera que uno puede tener. En fin, cosas archisabidas por cualquiera que no sea reacio al sacrificio y la libertad. 

En otro orden de cosas, aunque si bien lo consideras tiene bastante que ver, me envían un video de la tragedia Orestes de Eurípides representada en su idioma y con su música original -tiene subtítulos en inglés-. Esta realizado por la universidad de Oxford. Una verdadera joya que nos da una idea de cuánta distancia guardamos todavía respecto de esas culturas que pretenden invadirnos. 
     

 

martes, 16 de septiembre de 2025

A la deriva

Por lo visto un grupo de activistas de la causa perdida palestina ha conseguido perturbar el desarrollo de la vuelta ciclista a España. Lo verdaderamente sorprendente por inédito es que el mismísimo presidente del gobierno se dedique a jalearlos con entusiasmo: sin duda algo muy raro está pasando. Aunque quizá no sea tan raro, sino la evolución natural de este sistema político que llaman democracia representativa, algo, sin duda, todavía más chusco que aquella democracia orgánica que consistía en que había que hacer lo que a Franco le salía de los órganos genitales... bueno, por lo menos Franco tenía algún tipo de preparación. 

El otro día oía decir a la que por lo visto es vicepresidenta del gobierno que, a ella, le gustaría que las fregonas y peones de albañil pudiesen ser ministros. Sin duda, la pobre mujer, sin sospecharlo, está preconizando el orden espontáneo tan querido de los anarcocapitalistas. No sé, en cualquier caso, hay por ahí un tufillo antiintelectual que recuerda mucho al de aquellos locos que gobernaron Camboya hace unos años. El antiintelctualismo, a la postre, es la más altruista de todas las aspiraciones: que nadie destaque por sus méritos. Como si fuésemos una plantación de eucaliptos.

Me imagino que lo de jalear activistas por parte de un presidente de gobierno es un recurso a la desesperada. Porque, aunque es obvio que es él el que los está financiando, pareciera que su obligación sería condenar todo acto de violencia. Tirar la piedra y esconder la mano, que se dice. Pues no, no la esconde; quiere que la chusma se la vea porque sabe que así, por lo menos, alguien le seguirá apoyando. Como les decía ayer, es tremenda la capacidad de enajenación que tiene el poder. ¿A dónde se puede llegar con el apoyo de la chusma? Pues muy sencillo: a romperlo todo.

No entiendo porque me ha dado hoy por ocuparme de estas menudencias. Debe de ser que ando a la deriva. 

lunes, 15 de septiembre de 2025

El bicarbonato

David mató a Goliat de una pedrada y la gente se puso a cantar: "Saul mató a mil, David mató a diez mil". Ni que decir tiene que a Saul aquello no le gustó un pelo, consecuencia de lo cual fue que cogiese una tirria a David que no veía la hora de verle muerto. A partir de ahí, de ese cántico jubiloso, la Biblia nos entrega una descripción pormenorizada de la sicopatología que lleva aparejada todo poder. El poder, por definición, es paranoico: ve enemigos por todas las partes menos por donde realmente los tiene que es, precisamente, dentro de sí mismo. Así es que Saul empeña su vida en la persecución de David que, como es un protegido del Señor, se le escurre como una anguila. Incluso llega el momento en el que Saul, consciente de su locura, pide perdón a David, pero, a los cuatro minutos, vuelve a las andadas... no puede evitarlo; es la maldición del poder. 

La Biblia se cansa de repetirnos que el único poder posible es el de Dios. Es un poder lejano que se toma su tiempo para aplicar su implacable justicia. Es por eso que Dios nos explica por boca de Samuel que todo poder terrenal es tiranía. Así todo, los judíos insistieron: no nos importa la tiranía con tal de poder ser como todos los demás. Y ahí es donde está la madre de todas las desgracias, en la necesidad de ser tiranizados que tienen los seres humanos en general. Es una necesidad patológica que supongo se alimenta del miedo a responsabilizarse de la propia vida. Es miedo, es vaguería, es... yo qué sé, pero el caso es que es muy difícil no caer en la tentación de adherirse a una ideología salvadora personificada en un tipo más o menos brillante según cómo se le mire. 

Así qué, ¡ojo al parche con esta cascada de líderes que se nos está viniendo encima! Es lo típico de los momentos de zozobra, no distinguir el deseo de la realidad. Necesitas algo y te lo sacas de la manga. Lo estamos viendo con el trágico suceso que acabó con la vida de Charlie Kirk; era el ingrediente que faltaba para elevarle a la categoría de mesías. Sin duda el tal Charlie era un tipo brillante que estaba haciendo mucha pupa a los del marxismo cultural, y por eso lo mataron, pero, de ahí a pensar que su mensaje es redentor, hay un gran trecho. Y es que, como el mismo Dios nos advirtió, no hay mensaje redentor que no lleve dentro de sí el germen de la tiranía. 

Pues sí, Saul no se salió con la suya y David le sucedió en el trono. Y para no ser menos, mató a todo el que le estorbaba. Incluso al que estorbaba sus caprichos. Ya ven, con lo bueno y justo que parecía cuando era perseguido por Saul... aunque eso no quita para que, mientras esperaba el trono, viviese del pillaje.  

 Resumiendo: hay que saber reconocer el mérito ajeno, pero sin perder nunca de vista el sentido crítico, porque nadie salvo Dios es perfecto... bueno, también el bicarbonato.  

domingo, 14 de septiembre de 2025

La pesca

Para mí que lo mismo la morangada que los adeptos al marxismo cultural se están creyendo lo que no es. Controlan los medios de comunicación tradicionales y practican el activismo barato en las redes sociales, pero la realidad es bien otra a la que nos quieren dar a entender. La realidad es que ayer no cabía un alfiler en el centro de Londres debido a la cantidad de gente que está hasta las pelotas que había decidido salir a manifestar su opinión. Dicen que tres millones; siempre se exagera, pero las imágenes de la movida son para que más de uno se eche a temblar. Porque, ¿en qué cabeza cabe que los ingleses se vayan a dejar comer por unos fanáticos con chilaba? ¡Pues buenos son ellos!

Buenos son los ingleses, buenos los franceses, los alemanes, los americanos de la biblia y el fusil, por no hablar de nosotros, los españoles. Yo recomendaría a los moros que, una de dos, empiecen a camuflar sus señas de identidad o se apresuren a hacer las maletas. Y, a los de marxismo cultural, que procuren caerse del caballo camino de Damasco porque, de lo contrario, lo van a pasar muy mal. Y es que en esta vida todo tiene un límite y, para mí, que ya estamos tocándolo. 

Ya me cansa cuando oigo hablar de la decadencia de occidente. Y luego van y te ponen a Roma como ejemplo. ¿Dónde ven ellos la decadencia de Roma? ¿Acaso no está Roma viva en todo occidente? Quizá esa gente está confundiendo decadencia con evolución. La evolución natural de todo lo que está vivo. Hay momentos en la civilización en los que, a causa de haber robado tanto fuego a los dioses, hay que pasarse una temporada encadenados a una roca del Cáucaso. Y en ello estamos, porque es imposible digerir en una o dos generaciones todos estos descubrimientos que nos han sacado de nuestras casillas; hay demasiada pobre gente que merced al uso de cachivaches ha dado en creerse Dios. Son las cosas de la adolescencia. Pero eso pasa pronto. Un par de gatillazos y ya está. 

Ayer, como les decía, no cabía uno más en el centro de Londres. Ni, tampoco, cabía un pescador más en el muelle del Pesquero. Va a llegar un momento en el que van a tener que pedir la vez para poder colocar su silla, y sacar su caña, al borde del agua. Pocas actividades más sosegadas que esa. Y casi siempre cae algo. Me reconforta mucho recordar todas las horas de mi niñez y temprana adolescencia que dediqué a la pesca. Sin duda alguna, fue lo mejor de mi aprendizaje de la vida. 

sábado, 13 de septiembre de 2025

El Lazarillo

Cuando se publica el Lazarillo de Tormes, mediado el siglo XVI, España está en su apogeo: se está convirtiendo en la potencia hegemónica en todos los órdenes. Ocho siglos de lucha contra el sarraceno le han proporcionado un músculo que es imposible mantener sosegado: necesita acción. A la vista están los resultados; solo hay que darse una vuelta por este barrio en el que vivo para comprobarlo: más de la mitad de las personas que lo habitan son hijos de aquellas epopeyas que fueron más que nada espirituales. 

Y en ese contexto de euforia es cuando se escribe el Lazarillo de Tormes, una visión de la condición humana en sus aspectos más siniestros. Todos los pecados capitales en ebullición. El clérigo y el ciego no ponen límites a su maldad. Y el hidalgo es como un perro callejero que se queda con Lázaro porque le da de comer. No se salva nadie en esa historia. Es la miseria humana impregnándolo todo. 

Como se suele decir, cada uno cuenta la feria según le va en ella. Sin duda al anónimo autor del Lazarillo le debía ir de pena y por eso solo se fijaba en lo que sintonizaba con su estado de ánimo. Porque no puede ser que una sociedad que hizo tales gestas fuese tan degradada moralmente como nos la pinta. En realidad, si bien lo consideramos, toda, o casi toda, la literatura cojea de ese pie: describir los aspectos más siniestros de la realidad que, por lo que sea -ignorantes psicólogos tienen las ciencias del espíritu que te lo sabrán responder-, son con los que los lectores más se regodean. 

Dicen que la envidia es el sufrimiento por el bien ajeno. ¿Qué es, entonces, el regodeo por el mal del otro? Seguramente es el consuelo de los miserables por aquello de que a todo hay quien gane. Ver a alguien muy jodido, parece como que ayuda a relativizar el propio jodimiento. Y ya, cuando el muy jodido saca su ingenio para vengarse, la identificación es absoluta: el momento álgido de toda la historia del Lazarillo es cuando hace saltar al ciego contra una columna. Es una crueldad tan justificada que casi parece virtud. Pero, la realidad es que, la necesidad de venganza delata nuestra impotencia. 

En fin, sea como sea, lo que cuenta es que disfruto leyendo las miserias por las que pasa Lázaro y, sobre todo, su ingenio, para sobrevivir. Quizá es porque me resulta fácil identificarme, y es que, salvando las distancias, uno también tuvo que pasar lo suyo y saber ingeniárselas cuando, a los diez años, empecé el peregrinaje por internados y pupilajes... pa contar y no acabar.   

viernes, 12 de septiembre de 2025

Con dos cojones

 


Como se suele decir aquí, en esta España nuestra, con dos cojones. La foto es del noticiario de Telemadrid. ¡Ale, que se sigan rasgando las vestiduras los putos vagos de siempre! Y es que, no se engañen al respecto, si hay algo que produzca discapacidad mental es la vaguería. Aunque tampoco se podría asegurar, como en el caso del huevo y la gallina, cuál es primero, la vaguería o la discapacidad mental. En fin, pelillos a la mar. 

Comentábamos esta mañana acerca de esta manipulación de las masas por parte de los poderes públicos. ¿Como puede ser que la gente se deje llevar de aquí para allá como si se tratase de rebaños de borregos? Anteayer se trataba de la mal llamada vacuna de marras; ayer de Putin; hoy de Palestina; mañana, Dios dirá. ¿Y qué pasa con problemas mucho más gordos que hay en el mundo que ni siquiera se mencionan? Medio millón de cristianos muertos por las hordas musulmanas en Nigeria cada año. Millones de uigures desplazados, e internados en campos de concentración, por las autoridades chinas. La lista es interminable: las injusticias crecen en el mundo como los hongos en el campo. 

Claro que, para empezar, habría que determinar dónde está la injusticia y, caso de haberla, quién es el que la comete. Porque siempre hay mucho interés de parte a la hora de juzgar. ¿Qué diría toda esa chusma que va a las vueltas ciclistas a manifestarse contra los judíos si tuviesen un hijo, o un hermano, secuestrado por la morangada? Pero bueno, es inútil insistir: los vagos, siempre, por definición, odian a los diligentes; es la historia del mundo, vagos intentando matar a diligentes para apoderarse de sus riquezas. 

Pero en Madrid los vagos dan en piedra. Porque en Madrid se concentra buena parte de la diligencia, que es mucha, del mundo hispano. Por eso es como un faro que impide que el resto de ese mundo se suma en las tinieblas del marxismo cultural. Madrid, a la chita callando, es la heredera por vía directa de la Escuela de Salamanca, sustanciada en la actualidad en la Fundación Juan de Mariana: un canto a la libertad individual, en definitiva. Es evidente que corre mucha sangre judía por las venas de Madrid, así que, ¿de qué extrañarse que estén juntas esas dos banderas? Y que Dios nos lo conserve. 

jueves, 11 de septiembre de 2025

Hermanitas de la caridad

La democracia es un régimen político que consiste fundamentalmente en que, cuando los malos -el Dr, Moriarti- se ven perdidos, de inmediato empiezan a matar. Ayer, por ejemplo, mataron a Charlie Kirk, un youtuber con mucha audiencia que estaba posicionado sin ambigüedad alguna a favor de las políticas de Trump. 

Así que el gran problema de las democracias, como de cualquier sistema político, es el mismo que tenía Serlock Holmes: la imposibilidad de pillar al Dr. Moriarti. Y no le pillaba por la sencilla razón de que no era identificable. Se sabe que está ahí por sus obras, pero, cuando piensas que ya le tienes acorralado, se escurre disfrazado de hermanita de la caridad. Por eso es que, servidor, de nadie sospecha tanto como de las hermanitas de la caridad. Porque ese es el asunto, que cuando una sociedad es temerosa de Dios, es decir, cumple con sus mandamientos, las hermanitas de la caridad están de más. 

El caso es ese, que ayer mataron a Charlie Kirk por las mismas razones que en lo que va de mes han matado en Alemania a siete candidatos de un partido político que se identifica con las políticas de Trump. Por cierto, que trump, traducido al español, es triunfo. Y es que, se ponga como se ponga quienquiera que se quiera poner, no hay alternativa a las políticas de Trump que vienen a ser las mismas que Dios dictaba a los reyes, por medio de sus profetas. 

Samuel dijo a Saul:

-El Señor me envió para ungirte rey de su pueblo Israel. Por tanto, escucha las palabras del Señor. Así dice el Señor de los ejércitos: "Voy a tomar cuentas a Amalec de lo que hizo contra Israel, atacándolo cuando subía de Egipto. Ahora ve y atácalo; entrega al exterminio todos sus haberes, y a él no lo perdones; mata a hombres y mujeres, niños de pecho y chiquillos, toros y ovejas, camellos y burros."

La guerra de Gaza, para que lo sepan las hermanitas de la caridad que no ganan para coser las rasgaduras que se hacen en sus hábitos de puro indignadas que están, es lo mismo que lo de Amalec. Si no exterminas a los de Hamás, incluidos los chiquillos y niños de pecho que utilizan como escudos, olvídate del favor de Dios, porque su mandato ha sido claro y no admite vuelta de hoja: los enemigos son los tibios que no quieren disparar hasta que no haya niños haciendo de escudo.  

Y esa es la enseñanza de la Biblia que tiene bien aprendida Trump, Netanyahu y cualquier dirigente del mundo que quiera llevar a su pueblo a la tierra prometida. Churchill les dijo a los ingleses: sangre, sudor y lágrimas. Y es que no hay otra forma de luchar contra Moriarti, es decir, la envidia, el resentimiento, el odio, que señorea los espíritus de todos los fracasados disfrazados de hermanitas de la caridad.    




   

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Virilidad

 ¡Por una masculinidad más diversa!  

Estaba yo viendo la película del oeste de la cadena de la Iglesia y, de pronto, veo esa misteriosa frase en mitad de la pantalla y, en una esquina, el logo del ministerio de igualdad... que esa es otra. Son cosas de socialistas, pensé inmediatamente: intoxicar a la pobre gente con ideas equivocadas -imposibles metafísicos- por medio del retorcimiento del lenguaje. Así es como se han cometido las mayores barbaridades de este mundo, preparando siempre el terreno por medio del retorcimiento del lenguaje.  

Todas estas cosas, supongo, son la consecuencia de muchos años seguidos de opulencia. Gente que se ha criado sin haber tenido que ingeniárselas, ni siquiera, para conseguir el más absurdo capricho. Lo que siempre se conoció como niños malcriados, o sea, incapaces de crecer. Miren ustedes a su alrededor y ¿qué es lo que ven? Niños mayores, todo el día en la terraza consumiendo golosinas o yendo de aquí para allá, al quinto carajo, para ver cosas, como dicen. 

Masculinidad diversa, por Dios bendito, qué majadería. Lo doloroso es que hay miles de personas, socialistas todas, claro está, que viven de ese cuento. En realidad, la única definición que le cuadra al ser socialista es la de persona con una especial habilidad para vivir del cuento. Por eso la mayoría de los médicos, maestros y, no digamos ya, curas, son socialistas... todos ellos expertos en vivir de engañar a los incautos. 

Todo esto se tiene que acabar. Por las buenas o por las malas. La experiencia histórica dice que casi siempre se sale del absurdo por las malas. Como en Sodoma y Gomorra que, por lo visto, había mucha masculinidad diversa. Claro, hay tanto diverso, que luego viene un moro, que esos nada de diversidad, y te viola a la hija... y luego a llorar como un niño. Al final, paradojas de la vida, van a ser los moros los que vengan a salvarnos. Como les pasó a los godos que gracias a los ocho siglos de lucha con los moros se convirtieron en el pueblo más viril de la tierra. 

En fin, o acabamos con los socialistas o ellos acaban con nosotros. Por lo visto el presidente socialista de España dijo ayer que, porque no tiene una bomba atómica, que, si la tuviese, se la arrojaría a los judíos; y no por nada, sino porque son de una virilidad que no se puede aguantar... hasta las mujeres van allí a la guerra con los moros.  

martes, 9 de septiembre de 2025

Asesinatos por encargo

  
Me he enterado, por medio del Dr. Campbell, de que en una región de Alemania en la que el próximo mes hay elecciones, así, como el que no quiere la cosa, han aparecido muertos siete candidatos de un partido con muchas probabilidades de llevárselo de calle y que, para más inri, es de esos que llaman de extrema derecha. El Dr. Campbell analiza esas muertes, una por una, y no encuentra otra explicación que la del mero hecho fortuito, porque todos ellos, hasta la fecha en que aparecieron muertos, habían gozado de buena salud. Bien es verdad que nos puntualiza que se trata de un hecho fortuito con un índice de probabilidades de que se dé muy por debajo de, por poner un ejemplo, que te mate un rayo o, todavía más improbable, que te toque la bonoloto. Al respecto de rayos y bonoloto hay un vídeo de Sal Khan impagable que, si yo fuese Dios, no pararía hasta conseguir que todo el mundo le viese y comprendiese. Pocas cosas, pienso, pueden ser más revolucionarias que la difusión entre las masas de la ciencia estadística... pero esta es otra historia. 

El caso es que aparecen siete candidatos muertos y las autoridades políticas se llaman Andana. Siempre estuvo muy de moda entre las autoridades de cualquier tipo lo de llamarse Andana que, para que se entienda, es lo mismo que lo de decir: a mí que me registren. Y así está el patio, que como de nada sirve registrar se ha entronizado como reina de todas las conciencias la sospecha. Todo el mundo sospecha de todo el mundo, lo cual irremisiblemente lleva a la organización mafiosa, o sea, la omertà, es decir, aprender a tener la boca cerrada so pena de que te liquiden. Hemos visto tantas películas y series dedicadas al asunto de las mafias que todos sabemos perfectamente en que consiste el invento: todo lo que estorba mis designios, lo elimino y, a mí, que me registren. O me llamo Andana.  

Me mandaron ayer el enlace a un short, que así es como al parecer llaman a los videos breves, en el que el cómico Boadella, que lo dice todo con un punto de humor que le da verosimilitud, daba su particular visión de la jugada.  Decía que se equivocan los que dicen que el presidente Sánchez es un maquiavélico y que si tal y que si cual. Sánchez, para Boadella, no es más que un chuleta de barrio en el que se fijaron, cuando pasaba por allí, las dos mafias que se reparten el territorio: la vasca y la catalana. Las dos mafias que, a la muerte de Franco, organizaron el cotarro de tal forma que les permite hacer y deshacer a su antojo dándole a todo ello una apariencia de legalidad. Pero todos sabemos que solo es apariencia; la realidad es que cuando les ha convenido asesinar a unos cuantos para afianzar su posición no lo han dudado un instante. ¿O qué piensan ustedes, si no, que han sido Eta y Terra Lliure? Pues eso, los brazos armados de esas mafias. El padre padrone dice, mátame a éste que me está estorbando y los sicarios se ponen al trabajo a sabiendas de que si les pillan la mafia no les abandonará. De hecho, ya hay algunos sicarios de esos sentados en las butacas de los parlamentos. ¡Y como si tal cosa!

Pues sí, en Alemania ya se han cargado a siete candidatos de los que a la mafia ne le convienen... por poco maleables: eran de extrema derecha. ¡Fíjense, en Alemania, que anda que no tienen experiencia allí en lo de cargarse gente! Y menos mal que no han instalado cámaras de gas para dar más vistosidad al asunto, porque seguro que tentaciones no les habrán faltado. Y es que hacer vistosos los asesinatos es parte del negocio: que la gente sepa lo que tiene que temer. 

Así funciona, y ha funcionado, el mundo, y qué le vamos a hacer si es parte del juego. Como también lo es que la justicia divina es implacable. Y, si no lo creen, váyanse a echar un vistazo al País Vasco y Cataluña y luego comparen con el resto de España. Cuando mataban Eta y Terra Lliure nadie ponía en cuestión que Cataluña y País Vasco estaban a la cabeza de España en todo. Hoy día están por detrás de Murcia -lo digo con todos mis respetos hacia los murcianos y gente de mal vivir-. ¡Ya ven lo que son las cosas! 

En cualquier caso, lo de Alemania promete espectáculo. Asesinatos por encargo, se podría titular. 

lunes, 8 de septiembre de 2025

Up your hole

 "You can stick your Palestine up your hole" (Puedes meterte tu Palestina por el culo). Esto es lo que se pusieron a cantar un grupo de nord-irlandeses, fans de un equipo de futbol que se habían desplazado a Luxemburgo, cuando vieron una manifestación propalestina. Me puse contento cuando lo vi porque al momento lo consideré un signo más de que la sociedad está reaccionando en la buena dirección. 

Pocas cosas hay en este mundo que contribuyan tanto a dar una falsa imagen de la realidad como el activismo. El activismo es el arte de hacer que unos pocos parezcan muchos. Bueno, más que un arte, una artesanía de tres al cuarto a la que se dedican los que no sirven para nada bueno. Son picaros a los que el poder, via subvenciones, manipula a su antojo. Ahora interesa tal cosa, pues cojo a unos cuantos pícaros de esos y les pago para que salgan a plazas y avenidas a gritar consignas. A los cuatro días ya se les habrán sumado una legión de los que son como ellos, es decir, incapaces de pensar por sí mismos... que es una mayoría bastante considerable. Así, con estas triquiñuelas, es como el poder trata de crear una opinión a la medida de sus intereses. Y lo suele conseguir a corto plazo, pero otra cosa es a largo que, por lo general, suele venir a dar en lo contrario de lo que se proponía. Y eso es exactamente lo que está pasando con lo de Palestina. 

Y es que con lo que no suele contar el poder es que siempre, por definición, hay una minoría de despiertos -que piensan por su cuenta- con los que de nada valen las triquiñuelas. Las pillan al vuelo y las toleran siempre y cuando no sobrepasen ciertos límites. A partir de ahí llega el hartazgo y, con él, la reacción. Una reacción que, desde luego, no se manifiesta en las calles si no es en forma de cachondeo -como el de esos irlandeses en Luxemburgo-; por lo general, se manifiesta en forma de corrientes subterráneas que poco a poco van impregnando el terreno de interpretaciones de la realidad más aproximadas a la verdad. 

Y eso es lo que está pasando con esto de Palestina, lo mismo que pasó cuando lo de la Falsemia. La minoría despierta impuso su criterio entonces y lo está imponiendo ahora. Y es que, hay que ser muy mierda para que Israel no te inspire admiración por lo mismo que la morangada te inspira desprecio. Por sus obras los conoceréis. Trabajo duro, ahorro e inversión, de los unos; tocarse las bolas, victimizarse, y esperar ayuda, los otros. Tú escoges. 

Pero no nos engañemos al respecto; detrás de todo esto no hay más que la más humana de todas las reacciones que no es otra que la envidia y el resentimiento de los pocos dotados hacia los muy dotados para el sacrificio. ¿Por qué ese puede y yo no? Ahí es donde se estrellan todas las doctrinas igualitaristas, en la capacidad de sacrificio... nada jode más a un vago que ver a alguien sacrificándose. Y ésta es para mí toda la explicación a lo que estamos viendo ahora con lo de Palestina y hemos visto a lo largo de la historia con tantos y tantos episodios de sufrimiento y desolación. 

domingo, 7 de septiembre de 2025

El gran despertar




Miren a este tipo de la foto; era uno de los máximos responsables del organismo -CDC- que dirigió el aquelarre de la pandemia. Acaba de ser cesado por RFK, ministro de sanidad de la administración Trump. Un funcionario al que los laboratorios han hecho multimillonario. Y ya saben lo que pasa con los multimillonarios por obra y gracia de la corrupción, que nunca se sacian y acaban dando en las más extravagantes de las perversiones... ritos satánicos y cosas así. 

Pues sí, señoras y señores, en los EEUU de América están pasando cosas de lo más interesantes de las que aquí no sé si la gente tendrá noticia porque, con tanta pasión antijudía, no queda tiempo para nada de lo que realmente nos concierne. Es curiosa esta reiteración europea en el antijudaísmo cada vez que las cosas se ponen mal, pero, bueno, esto daría para escribir unos cuantos libros y todavía no conseguiríamos aclararnos al respecto. A lo que iba, a lo que pasa en los EEUU propiamente dichos.

Ya les he contado que mi casi única fuente de información es un portal, o como se diga, de Telegram llamado World Doctors Alliance. Se fundó muy en los principios de la famosa pandemia para dar voz a todos aquellos a los que la censura oficial se la quitaba. Así fue que todo el que quiso pudo tener información contrastada de lo que estaba pasando. Y no eran precisamente chiquilicuatres los que en ese portal se expresaban, sino muchos de los que, hasta que comenzó la fiesta, habían sido tenidos por lo más granado, a nivel mundial, de la ciencia médica, algunos de los cuales son los que, ahora, forman el equipo de RFK -de los Kennedy de toda la vida-.

Ese es el asunto, que se está poniendo negro sobre blanco todo lo de la pandemia. Como dice un titular de The Tellegraph: "Overton window smashed beyond repair" -la ventana de Overton ha sido hecha pedazos sin reparación posible-. Supongo que saben lo que es la ventana de Overton porque de un tiempo para acá no hay chichirimundi que no la cite: lo que está permitido debatir por la corrección política. Sí, eso es exactamente lo que está pasando, que la corrección política se ha ido a tomar vientos. Una muestra:

-Surgeon General Dr. Joseph Ladapo Just Announced That Florida is Ending Mandates for ALL Vaccines

“Every last one is wrong … Who am I, or anyone else, to tell you what you should put in your body? Who am I to tell you what your child should put in their body?”


(Director General de Sanidad, Dr. Joseph Ladapo, acaba de anunciar que el Estado de Florida pone fin a todos los mandatos sobre vacunas.

"Todo el mundo se equivoca... ¿Quién soy yo. o cualquier otro, para decir a nadie lo que se debe meter en su cuerpo? ¿Quién soy yo para decirte lo que tu hijo se tiene que meter en el cuerpo?)

Otra muestra: 
Now, MAHA Chief Medical Advisor, Dr. Malhotra: "Not a single person should have been injected with this, what is more better described as a gene therapy than as a vaccine... highly likely the Covid vaccines have been a significant factor in the cancer of members of the Royal family."

(Ni una sola persona debiera haberse inyectado eso, que estaría mejor descrito como terapia génica que como vacuna... es altamente probable que las vacunas del Covid hayan sido un factot significativo en los cánceres que padecen algunos miembros de la familia Real.)

Si se pasan por el portal que les digo, encontrarán cientos de noticias sobe la falsemia y su resaca, que les indicarán hasta que punto se está dando la vuelta la tortilla. Porque no se engañen al respecto, hasta que no se dilucide lo que realmente fue lo que llamaron pandemia el mundo no va a descansar. Y es que nunca se había vivido una degradación moral de tal calibre... miren al tipo de la foto... como aquí en España: de los prostíbulos a la Moncloa. Pero no sufran porque el gran despertar ya ha comenzado... por los EEUU de América, que es por donde siempre empieza todo de hace un siglo para acá.


sábado, 6 de septiembre de 2025

Vete tú a saber

 


Comprendo que es necesario preocuparse por lo que pasa alrededor de uno. Más que nada por lo de aquella máxima griega que aseguraba que, cuando ves venir la flecha, te hiere menos. Puede que sea así, aunque no estoy muy seguro; la mayoría de las cosas desagradables siempre me han pillado por sorpresa. Sea como sea, ya hace mucho que procuro por todos los medios gastar el menor tiempo posible en lo de estar al día en los dimes y diretes de la cosa socio-política-económica. Y es que, mi ya larga experiencia me asegura que siempre es más de lo mismo. Como decía Nietzsche, el intríngulis de la cuestión siempre ha sido y será que la inmensa mayoría de los débiles se organiza -el Estado- para dar por el saco a la minoría de los fuertes. Así es que ya no recuerdo la última vez que leí un periódico o vi un telediario. Me mataría el tedio si lo hiciese. La poca información del presente que recibo es de viva voz o el titular de algún video que se me cuela cuando ando a la búsqueda de pecios por YouTube.

Pues, si no lees periódicos, ni ves televisión, ni acudes a los bailes de vampiros, ¿cómo te las arreglas para que el tiempo no te arrase? Se lo diré: lo primero de todo, siguiendo las enseñanzas de Shopenhauer, he aprendido a convivir con el aburrimiento. Lo segundo, todas las cuestiones de supervivencia: ir a comprar, cocinar, hacer la colada... ahora mismo, mientras escribo esto, tengo unos garbanzos al fuego con los que luego haré el humus con el que rompo el ayuno todas las mañanas. Lo tercero es la lectura; siempre tengo tres o cuatro libros a mano; la Biblia que no falte; una antología de literatura griega, tampoco; un clásico español para cuando salgo de paseo y descanso en los bancos de los parques, el Lazarillo de Tormes, ahora; y, para leer en alto, el Romancero que me regaló mi madre y que era un recuerdo de su padre: toda la Edad Media novelada en octosílabos.  

Pero lo que realmente me tiene enganchado son los problemas como el que les pongo en la foto. Son verdaderos comecocos; a veces me tienen más de una hora dándole vueltas hasta que sucumbo y acudo al vídeo explicativo. Cuando doy con la solución por mis propios medios la biología me recompensa con una descarga de dopamina... subidón, para que mejor nos entendamos. 

Y por si todo ello fuese poco, la guitarra siempre a mano. No hay preocupación que no se esfume poniéndose a desentrañar una partitura. O interpretar una que sabes de memoria. La memoria: una guerra a muerte para que no se me borre el repertorio. Entre pitos y flautas, dos horas al día no me las quita nadie. 

En fin, no sé por qué les tengo que contar estas intimidades; quizá sea para afianzarme en mis convicciones. Aunque vete tú a saber.   

viernes, 5 de septiembre de 2025

Dios mediante

 Me doy cuenta de que ando un tanto melancólico. Algo así como Don Quijote cuando regresó a su aldea vencido de sí mismo. Vencido de sí mismo, es decir, recuperado el juicio. 

Aunque, sería mejor decir encontrado. Porque para recuperar algo tienes que haber perdido lo que tuviste alguna vez y, mi impresión a tal respecto, es que, si alguna vez tuve algo, debió de ser muy poco. 

El caso es que al terminar el Quijote me han entrado ganas de volver a leer la Biblia en estos atardeceres cada vez más largos. Yo diría que la Biblia es el libro que mejor ayuda a reconocerse a uno mismo. En ella te sientes reflejado, sobre todo, en todo lo que hiciste y no debieras haber hecho. Todos los actos de pura soberbia que realizaste por instigación del demonio. Sin duda, o no recibí la debida educación, o venía mal hecho de fábrica, o vete tú a saber, pero lo que es evidente es que no tuve el suficiente temor de Dios y Dios no me lo perdona. 

Ahora, miro el mundo a mi alrededor y sufro por lo que veo; sobre todo porque soy consciente de que fui semilla del diablo. Toda esta agitación inútil en persecución de quimeras es lo que yo colaboré a inculcar con mi ejemplo. Ahora, Dios me lo cobra. 

Y, ya digo, menos mal que tengo la Biblia para consolarme. Porque ella me enseña que no soy una excepción, sino la regla. He sido como he sido porque, quizá, no ha podido ser de otra manera. Dios no me eligió para profeta porque no tenía suficiente linaje... el tener un antepasado campeón de chamelo en Haro, provincia de Logroño, es bien poca cosa.

En fin, vamos a ver si puedo vivir lo que me queda sin dar la lata a nadie... Dios mediante. 

jueves, 4 de septiembre de 2025

Defecto de fabricación

Me envía Santi un artículo en el que se afirma que uno de cada dos japoneses no bebe alcohol. Es una gran novedad en un país en el que, por lo visto, beber era una obligación social ya que favorecía la armonía. Siempre hubo allí el ritual de ir a tomar unas copas con los colegas a la salida del trabajo. Bien que hemos visto eso en las películas costumbristas de Ozu. Lo mismo que la tolerancia a las consecuencias de los excesos. En eso, la sociedad japonesa, que dicen que es tan peculiar, bien poco se diferencia de la nuestra. Como tampoco se diferencia en ese salto al abstencionismo que, todo parece indicar, también se está dando por aquí. Me decían mis hijas que hoy día los jóvenes no beben y, también, leo titulares en los que se asegura que el negocio del vino y la cerveza ya no va tan bien como iba. No sé qué habrá de cierto en ello, pero no me fío un pelo, porque la cuestión mollar de este asunto, que no es otra que la necesidad de evasión de uno mismo, no creo que haya cambiado, a no ser que lo haya hecho hacia peor por aquello de haber aumentado las horas de ocio. 

Personalmente, como buen chisgaravís que he sido, necesité del alcohol para poder soportar eso que la gente llama relaciones sociales y que, yo, desde que ví cierta película de Polansky, llamo bailes de vampiros. El caso es que nunca toleré muy bien el alcohol y, quizá haya sido, en parte, debido a ello, el que me haya costado tan poco dejar de frecuentar los bailes de vampiros. Es una hipótesis, aunque no es la única que tengo; pocas lecturas me habrán impactado tanto como Las Bacantes de Eurípides. Y es que una cosa es querer meter en la cárcel a la sentimentalidad y otra es darle rienda suelta, cosa que automáticamente lleva al canibalismo. El alcohol es, precisamente, la facilitación de esa rienda suelta... la exaltación de la amistad, los cantos regionales, el tuteo a la autoridad y, lo peor de todo, los insultos al clero; a partir de ahí, ya se puede esperar cualquier cosa, incluso ponerte a pensar en modo socialista; la ruina moral total, en definitiva. 

Sentimentalidad, idealismo, hay que andarse con un cuidado extremo con estas cosas, porque te abandonas a ellas y acabas en la miseria. Y no niego yo que el tomar una copa de vino en las comidas pueda ser beneficioso por aquello de que facilita la digestión de los alimentos, cosa que pone de buen humor, pero, ¡ojo al parche!, porque el vino no deja de ser fuego robado a los dioses y, como tal, a la menor falta de respeto te encadena a una roca y te roe los hígados. 

En fin, vete tú a saber, porque con las adicciones, pasa como con los reyes, que a una muerta, otra puesta. Porque, ya digo, la cuestión mollar de este asunto es la imposibilidad que muestran los humanos de soportarse a sí mismos a la que dejan el fragor de la batalla. Digamos que ese es el mayor defecto de fabricación que tenemos.  

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Vida cumplida

El final de El Quijote es de una sentimentalidad enternecedora. Se te saltan las lágrimas. Oficialmente, muere de unas calenturas, pero, en realidad, los que le conocen, empezando por Sancho, que incluso se lo dice, saben que es de melancolía. Le han desmontado el chiringuito, pero cuando ya no daba más de sí. Su misión en la tierra está cumplida; quedarse aquí solo podría servir para ensombrecer la magnitud de su logro: dejar claro ante el mundo la ridiculez del idealismo. A lo único a lo que no renuncia es a su amor por Dulcinea. Es como el amor a la virgen María, algo sagrado, es decir, que está más allá de todo intento de comprensión. Por eso es que, recuperado ya el juicio que nunca perdió, le insta a Sancho a que siga azotándose por tal de desencantar a Dulcinea... interprétenlo como quieran que ya son mayores. 

"Con estos pensamientos y deseos, subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas y dijo:

—Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que, si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo, que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede."

Vencedor de sí mismo: no se puede resumir en menos palabras lo que es una vida cumplida. Estamos aquí para vencernos a nosotros mismos y todo lo demás es pura ilusión. Claro que el cómo vencerse a uno mismo no es cuestión que se pueda despachar en dos palabras. Cervantes, que aprendió dos en la vida y una en los libros, necesitó escribir mil y pico páginas de apretada letra para llegar a la conclusión de que solo a base de batacazos se consigue aproximarse a esa deseada meta. En fin, que les voy a decir que no sepan ustedes: una de dos, o recibes batacazos o acabas de limpiabotas... boleros, que dicen los mejicanos... lo mismo que a las melodías sentimentales.