Al fin y al cabo, me digo a veces, algunas veces, algunas cosas te salieron bien; todas ellas, evidentemente, por el querer de los dioses, pero, unas, más que otras. Tener dos hijas, que seguramente es lo mejor que me pasó, ha sido algo de lo que no tengo conciencia de haber tenido la voluntad de conseguirlo; llegó porque sí, como si de un designio divino se tratase. Sin embargo, mis conocimientos musicales, por más que los dioses fueran los que me incitaron a adquirirlos, hizo falta el concurso de mi voluntad de hierro para llegar a lo poco o mucho, según se mire, que he conseguido. Así es que, es muy diferente la consideración que tengo hacia una u otra cosa: respecto de mis hijas siento contento y un profundo agradecimiento; respecto de mis adquisiciones musicales, siento también contento por el goce que me proporcionan, pero también un punto de orgullo, ya que, para su adquisición necesité exprimir la voluntad hasta los límites del dolor.
Recuerdo haber oído de chaval que la voluntad es la inteligencia de los burros. Lo mismo que también era frecuente escuchar que fulano era muy inteligente pero no llegaba a nada porque era vago. Así que, inteligente o burro, lo que a la postre cuenta es la voluntad. La voluntad de poder que dijo el filósofo. Ahí está la clave de todo. Mi padre, a la mínima que nos veía titubear, nos soltaba como si fuese un dardo certero que, querer es poder.
Así es que nos pasamos la vida catalogando, a este de inteligente, a ese otro de vago, al de más allá de zote... tenemos una larga serie de características humanas con las que poder hacer el cóctel que cada persona es. Cada cual tiene un sabor propio que se refleja en el rastro que deja al pasar. ¿Qué hizo ese? Eso es lo que cuenta, hacer algo de lo que poder sentirse orgulloso porque no fue producto del azar, o del favor de los dioses, sino del doloroso ejercicio de la voluntad.
En la cultura judía -que es quizá con la que más me identifico, dentro de un orden, claro está-, según tengo entendido, se le da una especial relevancia al rastro. Para ellos, por lo visto, todo su comportamiento está condicionado por el afán de que ese rastro sea favorable, y no por nada, sino porque afecta directamente a la descendencia. Un mal rastro, la maldice en la misma medida que, uno bueno, la bendice.
En fin, cosas que se dicen.
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