Como se suele decir aquí, en esta España nuestra, con dos cojones. La foto es del noticiario de Telemadrid. ¡Ale, que se sigan rasgando las vestiduras los putos vagos de siempre! Y es que, no se engañen al respecto, si hay algo que produzca discapacidad mental es la vaguería. Aunque tampoco se podría asegurar, como en el caso del huevo y la gallina, cuál es primero, la vaguería o la discapacidad mental. En fin, pelillos a la mar.
Comentábamos esta mañana acerca de esta manipulación de las masas por parte de los poderes públicos. ¿Como puede ser que la gente se deje llevar de aquí para allá como si se tratase de rebaños de borregos? Anteayer se trataba de la mal llamada vacuna de marras; ayer de Putin; hoy de Palestina; mañana, Dios dirá. ¿Y qué pasa con problemas mucho más gordos que hay en el mundo que ni siquiera se mencionan? Medio millón de cristianos muertos por las hordas musulmanas en Nigeria cada año. Millones de uigures desplazados, e internados en campos de concentración, por las autoridades chinas. La lista es interminable: las injusticias crecen en el mundo como los hongos en el campo.
Claro que, para empezar, habría que determinar dónde está la injusticia y, caso de haberla, quién es el que la comete. Porque siempre hay mucho interés de parte a la hora de juzgar. ¿Qué diría toda esa chusma que va a las vueltas ciclistas a manifestarse contra los judíos si tuviesen un hijo, o un hermano, secuestrado por la morangada? Pero bueno, es inútil insistir: los vagos, siempre, por definición, odian a los diligentes; es la historia del mundo, vagos intentando matar a diligentes para apoderarse de sus riquezas.
Pero en Madrid los vagos dan en piedra. Porque en Madrid se concentra buena parte de la diligencia, que es mucha, del mundo hispano. Por eso es como un faro que impide que el resto de ese mundo se suma en las tinieblas del marxismo cultural. Madrid, a la chita callando, es la heredera por vía directa de la Escuela de Salamanca, sustanciada en la actualidad en la Fundación Juan de Mariana: un canto a la libertad individual, en definitiva. Es evidente que corre mucha sangre judía por las venas de Madrid, así que, ¿de qué extrañarse que estén juntas esas dos banderas? Y que Dios nos lo conserve.
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