domingo, 14 de septiembre de 2025

La pesca

Para mí que lo mismo la morangada que los adeptos al marxismo cultural se están creyendo lo que no es. Controlan los medios de comunicación tradicionales y practican el activismo barato en las redes sociales, pero la realidad es bien otra a la que nos quieren dar a entender. La realidad es que ayer no cabía un alfiler en el centro de Londres debido a la cantidad de gente que está hasta las pelotas que había decidido salir a manifestar su opinión. Dicen que tres millones; siempre se exagera, pero las imágenes de la movida son para que más de uno se eche a temblar. Porque, ¿en qué cabeza cabe que los ingleses se vayan a dejar comer por unos fanáticos con chilaba? ¡Pues buenos son ellos!

Buenos son los ingleses, buenos los franceses, los alemanes, los americanos de la biblia y el fusil, por no hablar de nosotros, los españoles. Yo recomendaría a los moros que, una de dos, empiecen a camuflar sus señas de identidad o se apresuren a hacer las maletas. Y, a los de marxismo cultural, que procuren caerse del caballo camino de Damasco porque, de lo contrario, lo van a pasar muy mal. Y es que en esta vida todo tiene un límite y, para mí, que ya estamos tocándolo. 

Ya me cansa cuando oigo hablar de la decadencia de occidente. Y luego van y te ponen a Roma como ejemplo. ¿Dónde ven ellos la decadencia de Roma? ¿Acaso no está Roma viva en todo occidente? Quizá esa gente está confundiendo decadencia con evolución. La evolución natural de todo lo que está vivo. Hay momentos en la civilización en los que, a causa de haber robado tanto fuego a los dioses, hay que pasarse una temporada encadenados a una roca del Cáucaso. Y en ello estamos, porque es imposible digerir en una o dos generaciones todos estos descubrimientos que nos han sacado de nuestras casillas; hay demasiada pobre gente que merced al uso de cachivaches ha dado en creerse Dios. Son las cosas de la adolescencia. Pero eso pasa pronto. Un par de gatillazos y ya está. 

Ayer, como les decía, no cabía uno más en el centro de Londres. Ni, tampoco, cabía un pescador más en el muelle del Pesquero. Va a llegar un momento en el que van a tener que pedir la vez para poder colocar su silla, y sacar su caña, al borde del agua. Pocas actividades más sosegadas que esa. Y casi siempre cae algo. Me reconforta mucho recordar todas las horas de mi niñez y temprana adolescencia que dediqué a la pesca. Sin duda alguna, fue lo mejor de mi aprendizaje de la vida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario