sábado, 6 de septiembre de 2025

Vete tú a saber

 


Comprendo que es necesario preocuparse por lo que pasa alrededor de uno. Más que nada por lo de aquella máxima griega que aseguraba que, cuando ves venir la flecha, te hiere menos. Puede que sea así, aunque no estoy muy seguro; la mayoría de las cosas desagradables siempre me han pillado por sorpresa. Sea como sea, ya hace mucho que procuro por todos los medios gastar el menor tiempo posible en lo de estar al día en los dimes y diretes de la cosa socio-política-económica. Y es que, mi ya larga experiencia me asegura que siempre es más de lo mismo. Como decía Nietzsche, el intríngulis de la cuestión siempre ha sido y será que la inmensa mayoría de los débiles se organiza -el Estado- para dar por el saco a la minoría de los fuertes. Así es que ya no recuerdo la última vez que leí un periódico o vi un telediario. Me mataría el tedio si lo hiciese. La poca información del presente que recibo es de viva voz o el titular de algún video que se me cuela cuando ando a la búsqueda de pecios por YouTube.

Pues, si no lees periódicos, ni ves televisión, ni acudes a los bailes de vampiros, ¿cómo te las arreglas para que el tiempo no te arrase? Se lo diré: lo primero de todo, siguiendo las enseñanzas de Shopenhauer, he aprendido a convivir con el aburrimiento. Lo segundo, todas las cuestiones de supervivencia: ir a comprar, cocinar, hacer la colada... ahora mismo, mientras escribo esto, tengo unos garbanzos al fuego con los que luego haré el humus con el que rompo el ayuno todas las mañanas. Lo tercero es la lectura; siempre tengo tres o cuatro libros a mano; la Biblia que no falte; una antología de literatura griega, tampoco; un clásico español para cuando salgo de paseo y descanso en los bancos de los parques, el Lazarillo de Tormes, ahora; y, para leer en alto, el Romancero que me regaló mi madre y que era un recuerdo de su padre: toda la Edad Media novelada en octosílabos.  

Pero lo que realmente me tiene enganchado son los problemas como el que les pongo en la foto. Son verdaderos comecocos; a veces me tienen más de una hora dándole vueltas hasta que sucumbo y acudo al vídeo explicativo. Cuando doy con la solución por mis propios medios la biología me recompensa con una descarga de dopamina... subidón, para que mejor nos entendamos. 

Y por si todo ello fuese poco, la guitarra siempre a mano. No hay preocupación que no se esfume poniéndose a desentrañar una partitura. O interpretar una que sabes de memoria. La memoria: una guerra a muerte para que no se me borre el repertorio. Entre pitos y flautas, dos horas al día no me las quita nadie. 

En fin, no sé por qué les tengo que contar estas intimidades; quizá sea para afianzarme en mis convicciones. Aunque vete tú a saber.   

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