lunes, 15 de septiembre de 2025

El bicarbonato

David mató a Goliat de una pedrada y la gente se puso a cantar: "Saul mató a mil, David mató a diez mil". Ni que decir tiene que a Saul aquello no le gustó un pelo, consecuencia de lo cual fue que cogiese una tirria a David que no veía la hora de verle muerto. A partir de ahí, de ese cántico jubiloso, la Biblia nos entrega una descripción pormenorizada de la sicopatología que lleva aparejada todo poder. El poder, por definición, es paranoico: ve enemigos por todas las partes menos por donde realmente los tiene que es, precisamente, dentro de sí mismo. Así es que Saul empeña su vida en la persecución de David que, como es un protegido del Señor, se le escurre como una anguila. Incluso llega el momento en el que Saul, consciente de su locura, pide perdón a David, pero, a los cuatro minutos, vuelve a las andadas... no puede evitarlo; es la maldición del poder. 

La Biblia se cansa de repetirnos que el único poder posible es el de Dios. Es un poder lejano que se toma su tiempo para aplicar su implacable justicia. Es por eso que Dios nos explica por boca de Samuel que todo poder terrenal es tiranía. Así todo, los judíos insistieron: no nos importa la tiranía con tal de poder ser como todos los demás. Y ahí es donde está la madre de todas las desgracias, en la necesidad de ser tiranizados que tienen los seres humanos en general. Es una necesidad patológica que supongo se alimenta del miedo a responsabilizarse de la propia vida. Es miedo, es vaguería, es... yo qué sé, pero el caso es que es muy difícil no caer en la tentación de adherirse a una ideología salvadora personificada en un tipo más o menos brillante según cómo se le mire. 

Así qué, ¡ojo al parche con esta cascada de líderes que se nos está viniendo encima! Es lo típico de los momentos de zozobra, no distinguir el deseo de la realidad. Necesitas algo y te lo sacas de la manga. Lo estamos viendo con el trágico suceso que acabó con la vida de Charlie Kirk; era el ingrediente que faltaba para elevarle a la categoría de mesías. Sin duda el tal Charlie era un tipo brillante que estaba haciendo mucha pupa a los del marxismo cultural, y por eso lo mataron, pero, de ahí a pensar que su mensaje es redentor, hay un gran trecho. Y es que, como el mismo Dios nos advirtió, no hay mensaje redentor que no lleve dentro de sí el germen de la tiranía. 

Pues sí, Saul no se salió con la suya y David le sucedió en el trono. Y para no ser menos, mató a todo el que le estorbaba. Incluso al que estorbaba sus caprichos. Ya ven, con lo bueno y justo que parecía cuando era perseguido por Saul... aunque eso no quita para que, mientras esperaba el trono, viviese del pillaje.  

 Resumiendo: hay que saber reconocer el mérito ajeno, pero sin perder nunca de vista el sentido crítico, porque nadie salvo Dios es perfecto... bueno, también el bicarbonato.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario