Les he contado esta batallita porque he visto un vídeo en el que dos policias van a una casa a detener a un niño porque ha escrito en una red social algo que al gobierno de la nación -Reino Unido, en este caso- no le ha gustado. Dos policías, mujeres, una rubia y otra morena con hiyab, como si se tratase de la Verbena de la Paloma. La madre del niño, una madre coraje sin duda, las despide con cajas destempladas. No sé cómo habrá acabado el asunto, pero, en cualquier caso, da una idea de a dónde ha llegado la locura. Me imagino que, como fue mi caso, son acciones ejemplarizantes con las que se pretende amedrentar. Y es que, como les decía el otro día, el poder, por su propia naturaleza, siempre es tiránico y, por tal, inseguro de sí mismo. Lo siguiente, por tanto, son las tonterías, o barbaridades, hacia las que toda inseguridad aboca. Estamos cansados de ver ejemplos de semejantes procederes a todo lo largo de la historia.
Fíjense como estamos, en Inglaterra, el país que en 1215 hizo firmar a Juan Sin Tierra la Carta Magna que reconocía los derechos fundamentales de la ciudadanía y la igualdad ante la ley. Y que, cuatro siglos después, decapitó al rey Carlos I por no haber sabido respetar la letra y espíritu de la mentada Carta. Pues sí, en eso están en Inglaterra, persiguiendo a los niños por hacer chistes sobre el hiyab. Supongo que esa estúpida persecución es un signo patognomónico de la desesperación de un poder a bout de suffle. Por si no lo saben, patognomónico es una palabreja que usamos los médicos para denominar un síntoma que por si solo se basta para diagnosticar una enfermedad... en este caso, un poder en las últimas. Sí, señoras y señores, estamos a un paso de empezar a decapitar reyes... o reyezuelos, si mejor quieren. Y colorín, colorado.
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