Me doy cuenta de que ando un tanto melancólico. Algo así como Don Quijote cuando regresó a su aldea vencido de sí mismo. Vencido de sí mismo, es decir, recuperado el juicio.
Aunque, sería mejor decir encontrado. Porque para recuperar algo tienes que haber perdido lo que tuviste alguna vez y, mi impresión a tal respecto, es que, si alguna vez tuve algo, debió de ser muy poco.
El caso es que al terminar el Quijote me han entrado ganas de volver a leer la Biblia en estos atardeceres cada vez más largos. Yo diría que la Biblia es el libro que mejor ayuda a reconocerse a uno mismo. En ella te sientes reflejado, sobre todo, en todo lo que hiciste y no debieras haber hecho. Todos los actos de pura soberbia que realizaste por instigación del demonio. Sin duda, o no recibí la debida educación, o venía mal hecho de fábrica, o vete tú a saber, pero lo que es evidente es que no tuve el suficiente temor de Dios y Dios no me lo perdona.
Ahora, miro el mundo a mi alrededor y sufro por lo que veo; sobre todo porque soy consciente de que fui semilla del diablo. Toda esta agitación inútil en persecución de quimeras es lo que yo colaboré a inculcar con mi ejemplo. Ahora, Dios me lo cobra.
Y, ya digo, menos mal que tengo la Biblia para consolarme. Porque ella me enseña que no soy una excepción, sino la regla. He sido como he sido porque, quizá, no ha podido ser de otra manera. Dios no me eligió para profeta porque no tenía suficiente linaje... el tener un antepasado campeón de chamelo en Haro, provincia de Logroño, es bien poca cosa.
En fin, vamos a ver si puedo vivir lo que me queda sin dar la lata a nadie... Dios mediante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario