viernes, 19 de septiembre de 2025

Redes sociales

Ayer por la mañana, al pasar por la plaza del ayuntamiento, escuché la inconfundible melodía de Libertango. La estaba tocando al acordeón un gitano del este y, por eso, quizá, es que sonaba más como una csarda que como un tango. En cualquier caso, nunca me pareció más bella esa plaza que ayer. Sin duda es un gran paso adelante el que se escuche por las calles la música de Piazzolla. Ya saben, se empieza por Piazzolla y se acaba por Milei. Y es que la música es como el ángel precursor; fíjense en Austria, surgió la música libérrima de Schönberg, Alban Berg, Webern, y, acto seguido, vino la escuela austriaca de economía que, por cierto, es donde está encaramado Milei y, todo parece indicar que es donde se va a encaramar todo el mundo mundial. Pero esto es otro asunto para mejor ocasión. 

El asunto en el que he venido pensando de forma persistente los últimos tiempos es el de las controvertidas redes sociales... sin duda el fenómeno más significativo del momento histórico que estamos viviendo. Las redes sociales es una tecnología nueva que cambia radicalmente la forma de informarse. Y la cambia porque arranca de las manos del poder el monopolio de la información. El monopolio de la información, algo de lo que antes no éramos muy conscientes de que existiese, porque, como había periódicos y televisiones de derechas y de izquierdas, pensábamos que las ideas se podían expresar libremente. Las redes sociales nos han hecho comprender que aquello era un mal chiste: izquierda, derecha, no es diferencia alguna, lo mismo que no las hay entre Hitler y Stalin. O entre el Marca y el As, por remitirme a esos dos periódicos deportivos con los se hacían chistes sobre la libertad de información en la era franquista. Ahora, con las redes sociales nos hemos enterado de que hay algo más que ideologías comunitaristas; ese descubrimiento nos ha puesto muy nerviosos.

Una tecnología que, como todas, tiene doble filo. Fíjense en el coche, por poner un ejemplo; una herramienta que ha liberado al ser humano de muchas tareas penosas, pero, también, con el pretexto de hacer más agradable la vida -ir por ahí a ver cosas- ha condenado a la esclavitud a media humanidad. De nada me arrepiento yo más en estos finales de la vida que de haber sacado el carnet de conducir; nunca lo necesité para nada, y nada hubo que me hiciese tirar más tiempo por el desagüe. Con las redes sociales es lo mismo. ¿Para qué las usas? Si es para ver tutoriales de matemáticas, música, o de lo que sea, es un regalo del cielo con el que nunca hubiéramos osado soñar. Pero excepción hecha de esos tutoriales, todo el cuidado que pongas para que no te pudran el cerebro es poco. Pongamos por caso los videos dedicados a la salud: todos ellos son como echar gasolina al fuego de la hipocondría... con todos esos médicos subnormales empeñados en dejar constancia de su sabiduría so capa de ayudar desinteresadamente a la humanidad. ¡Para matarlos! 

Pero cuando las redes sociales son un peligro peor que la peste bubónica es al informar de temas políticos. Entonces es cuando te agarran por los huevos y ya no te sueltan por siempre jamás. Y es que merced a esa cosa que llaman algoritmos, si tú te has parado a ver dos videos de una ideología que te agrada, como por ensalmo, se te llena toda la página con videos de esa ideología, de tal manera que te llegas a creer que estás en la onda de la mayoría y, de forma más o menos consciente, te adhieres a esa ideología. Por no hablar, claro está, de eso que llaman inteligencia artificial que, sin ningún tipo de esfuerzo intelectual, permite poner en boca de cualquiera lo que se quiera poner; y el artificio queda tan perfecto que es imposible distinguir de la realidad. Así, entre unas y otras triquiñuelas, sin darte cuenta, ya estás dentro de una determinada secta. A la postre, el poder siempre se inventa recursos para tener a la gente dividida en sectas; es su garantía de supervivencia.   

Resumiendo: estamos en lo de siempre, es decir, expuestos a los peligros que conlleva manejar el fuego que acabamos de robar a los dioses. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario