Pocas certezas filosóficas se podrán encontrar del calibre de aquella que sostiene que las equivocaciones de antaño son los problemas de hogaño. Por eso nos pasamos la vida especulando acerca de cómo podrían ser las cosas hogaño si antaño se hubiesen hecho de la manera que hoy nos parece que hubiera sido la correcta. En realidad, todo ello no son más que las lamentaciones de Jeremías. Pero, bueno, hay que tener en cuenta que Jeremías se consolaba con sus lamentos, a buen seguro, completamente ajeno a la pestilencia que con ellos pudiese generar.
Sea como sea, especulábamos, amaneciendo aquí, atardeciendo allá, de punta a punta del continente euroasiático, sobre cómo serían hoy las cosas, aquí, en España, si Franco, en vez de abrazar las ideas marxistas en boga, se hubiese acogido a las enseñanzas de la Escuela de Salamanca, mucho más acordes, sin duda, a nuestra idiosincrasia celtibérica. Quizá el problema de Franco, como el de tantos españoles, por otra parte, es que no leyó con la debida atención El Quijote. Porque es imposible que una persona que haya entendido mínimamente ese libro pueda tener una ideología antiliberal. Franco, como Stalin en Rusia, Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, y tantos otros por todo el mundo, siguió la consigna del "todo dentro del Estado, nada fuera del Estado". La única diferencia de Franco con los otros es que, como era más ladino, el invento le ha durado más, pero es evidente que ya está à bout de suffle. El Estado es algo que es muy fácil de montar cuando dispones del monopolio de la violencia, pero es inevitable que se devore a sí mismo dejando a la sociedad en los huesos... que es en lo que ahora estamos, sin un ápice de músculo moral. A la postre, el único consuelo que nos queda es el del mal de muchos, porque la realidad es que todos nuestros vecinos han seguido el mismo proceso y se encuentran poco más o menos como nos encontramos nosotros.
Pues sí, esa es la cuestión, que la gente en general, ni lee la Biblia con la debida atención, ni mucho menos el Quijote, que vendría a ser la Biblia con sentido del humor. Ya se lo advierte Dios a los judíos, por boca de Samuel, que el Estado es el horror; que las cosas funcionan infinitamente mejor con el orden espontáneo que vendría a ser la esencia de la Escuela de Salamanca reconvertida en la actualidad en la Escuela Austriaca de Economía. La gente, dejada a su bola, comercia entre ella sin problemas y, si por lo que sea, surgen estos, se arma para combatirlos. El hombre completo es, mitad comerciante, mitad soldado.
En fin, que por especular no quede.
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