Uno va poco a poco cayendo en la cuenta de la gran cantidad de fraudes de los que está compuesta nuestra realidad. Por eso una vida cumplida viene a ser, sobre todo, un rosario de decepciones. De joven uno se entusiasma con las cosas más peregrinas porque piensas que te van a enriquecer; al final. es flor de un día que arrojas a la basura para ir corriendo a comprar otra. Nunca te cansas de tropezar en la misma piedra; es tanta la energía que se tiene entonces que es imposible pararse para pensar. Así es que la inmensa mayoría de los jóvenes son arrastrados por las corrientes de las sucesivas modas sin sacar nada en limpio que no sea, al final, unas hemorroides, o cosa por el estilo, que les hace tomar contacto con el dolor y, por ende, con la finitud de la vida.
Pararse a pensar es sinónimo de descubrir el fraude que es casi todo. Por eso te vas desprendiendo de usos y costumbres de una forma natural. No se necesita una inteligencia especial para ello. La mayoría de los viejos son expertos en el arte de prescindir de lo superfluo, que es casi todo. De hecho, pienso, una de las formas más fiables de medir la sabiduría de una persona es seguir la trayectoria de sus necesidades. Cuando una persona ha sido favorecido por los dioses con un plus de inteligencia, se le nota, sobre todo, porque, de joven, no se deja arrastrar por esas nefastas corrientes de la moda que no suelen ser otra cosa que el sofisticado encaje de bolillos que ejecuta el diablo para arrastrarnos de forma sibilina hacia el infierno. ¡Dios mío, cuánta gente vive en el infierno por haberse dejado arrastrar por las modas del momento?
Y en esas estando, uno cae en la cuenta de que pocos fraudes hay que se puedan comparar al de tener la pretensión de estar informado de la actualidad. Conocer la actualidad es un imposible metafísico que nos empuja a tirar miles de horas por el desagüe. Conocer la actualidad para mejor prepararnos para el futuro es una de las ilusiones más nefastas por poderosa. Todos tendemos a crer en ella a pies juntillas. La realidad es que las cosas nunca suceden como teníamos previsto, y si alguna vez acertamos es porque hasta al burro le suena la flauta alguna vez. Como dijo un sabio portugués, el único conocimiento posible es el que se consigue limitando al máximo el ámbito de las indagaciones y profundizando en él. Al respecto, sirva la metáfora del jardín. O del huerto. Del monte, en la ladera, por mi mano plantado tengo un huerto... que dijo otro sabio, en este caso salmantino. Uno lo cultiva con esmero y, al llegar la primavera, de bella flor cubierto, ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Bueno, monsergas aparte, me voy a poner con la guitarra que es mi jardín más querido. Ayer estuve recuperando, "Nunca vas a comprender" de Rita Payés, que es de una belleza enlluernadora. Sin duda hay inspiración divina en esa composición. Y claro, mucha pasión, porque, si no...
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