jueves, 13 de noviembre de 2025

El derrumbe

He leído un artículo en The Vigilant Fox (El Zorro Vigilante) en el que se trata de encontrar explicaciones a por qué la gente aparentemente inteligente se deja engañar con tanta facilidad. Sin duda es una cuestión que se presta a múltiples especulaciones de todo tipo, pero, a la postre todas ellas llevan al mismo punto de partida: la educación. En 1903, el John D. Rockefeller’s General Education Board, la institución encargada de marcar el rumbo de la educación pública en los EEUU de América, llegó a la conclusión de que la finalidad de la educación pública no era crear ciudadanos con pensamiento crítico, sino ciudadanos obedientes. La cuestión era sencilla, sacar del currículum a los clásicos y meter a calzador algoritmos, o protocolos. Para rematar, solo había que repetir hasta la saciedad la palabra empatía, un término con el que se pretendía animalizar la simpatía. La empatía, por así decirlo, no juzga; se limita a acompañar. La simpatía se preocupa y da consejos. Es lo que va del reino de las emociones al de la razón. Adam Smith reflexionó sobre estos conceptos en su Teoría de los Sentimientos Morales, o sea, que si quieren profundizar ya saben en donde pueden hacerlo. 

Así, a golpe de empatía y algoritmos, o protocolos, es como hemos llegado a convertirnos en esta especie ganadería intensiva en la que se produce a mansalva sin necesidad de plantearse qué es lo que se produce, cómo se produce, para qué se produce... mi nada que pueda poner en peligro la cohesión de la manada. Cualquier pensamiento crítico es de inmediato demonizado. Acuérdense de aquello que bautizaron con el nombre de pandemia lo mismo que podrían haberlo llamado vacaciones en Auschwitz; la gente, seguro que hubiese reaccionado exactamente igual con tal de que la dejasen salir a aplaudir al balcón todos a la vez. De lo que se trataba era de obedecer: seguir el protocolo. 

Esto del pensamiento crítico versus protocolo se entiende muy bien echando un vistazo a cuál ha sido la evolución de la medicina. Hace poco más de un siglo, Conan Doyle creó a Sherlock Holmes basándose en las enseñanzas de su profesor de patología en la Facultad de Medicina de Edimburgo. La técnica del diagnóstico diferencial: "It is un old maxin of mine that when you have excluded the impossible, what-ever remain, however improbable, must be the truth." (Es una vieja máxima mía que cuando he excluido lo imposible, lo que queda, por muy improbable que parezca, tiene que ser la verdad). O sea, un largo proceso de reflexión para excluir lo imposible antes de tomar la decisión. Comparen con hoy día; al minuto de haber entrado por la puerta del hospital ya te han metido en un aparato que tiene el don de la infalibilidad... más o menos, igual que los papas. Y es que todo se ha convertido en una cuestión religiosa. ¡Atrévete a cuestionar el protocolo! De inmediato vas a la hoguera. ¡Si yo les contase las barbaridades que he visto hacer en los hospitales a mayor gloria del protocolo!

Así hemos llegado a una situación en la que la inteligencia de una persona se mide, no por su cuestionamiento de lo establecido, sino por su habilidad para defenderlo. Así, dicen los entendidos, es como se han producido todos los derrumbes de los imperios: defendiendo a capa y espada lo establecido. ¡Hala, a vacunarse todos, que así a lo mejor conseguimos evitar el derrumbe en curso!  

1 comentario:

  1. Creo que , salvando las distancias, esto no ha cambiado mucho. Eso sí, to quisqui opina.

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