Aunque todavía no hayamos cruzado la línea del equinoccio, lo cierto es que ya tenemos aquí la primavera que la sangre altera. Personalmente ha sido en forma de una laxitud que hace que llegue a dormir casi ocho horas diarias y que me levante con una vaguería que, si me abandono a ella, es inevitable que pronto empiece a sentir una fina ansiedad que trato de calmar echándome a la calle. Me sirve de poco, la verdad. Pero, bueno, me suelo topar con un vecino que es de mi pueblo y que, como anda por los noventa, ya no tiene la cabeza para otras cosas que no sean las del fornicio. Se duele, pero no con amargura, de que ya no se le suba. Es el leitmotiv de su discurso al que añade chascarrillos que no dejan de tener su gracia. Es un hombre al que por lo que me cuenta le ha debido de gustar mucho su mujer y, a lo que se ve, no le ha decaído en absoluto el entusiasmo. Me dice que, cuando su mujer se va a la cama, él inmediatamente pasa la televisión a un canal de porno que no tarda en ponerle como una moto. Entonces se va a la cama y hace sus intentos, pero su mujer no colabora. Y entonces él la dice: ¡con lo que has sido y ahora...!
Es muy curiosa esta versión de lo que podríamos llamar deterioro senil. Recuerdo que en Salamanca tenía un conocido que andaba por los ochenta y muchos y que, por lo demás, estaba como un toro. Iba tan tranquilo por la calle y de pronto notaba que alguien me había echado la mano al hombro. Era el señor Tomás. Me soltaba un par de anécdotas unamunianas y de inmediato entraba en harina. La mujer tenía un alzhéimer en avanzado estado de gestación, pero eso a él no le frenaba. Recuerdo un día que estando en la cola de la charcutería del supermercado se me acercó por detrás y se puso a darme detalles de sus últimas incursiones. Imagínense cómo sería el asunto que llegó un momento que hasta el charcutero dejó de cortar fiambres para ponerse a escuchar.
Por lo que me han contado los entendidos, debe ser muy corriente tal deriva de la mente a esas edades y, se me antoja que, quizá sea como una especie de premio que los dioses conceden a los que han guardado los preceptos que se les deben. Porque el caso es que, lo mismo el de mi pueblo que el Señor Tomás, han sido buenos trabajadores, y padres y esposos a carta cabal. Se nota sobre todo en que siendo de extracción humilde todos sus hijos hayan pasado por la universidad con aprovechamiento e, incluso alguno, más que eso.
En fin, vaya usted a saber, porque los caprichos de la naturaleza son infinitos. Y, en última instancia, todo es irrelevante y efímero. Así que buena gana de comerse el tarro sea por lo que sea.
Tuve un amigo en Salamanca, en los tiempos de Canal Plus, aquel del porno, que si no estabas suscrito al canal ,te salían unas rayas blancas y negras , con una especie de sombras chinescas que ,se intuían o se barruntaban, las guarrerías españolas. Pero había que echarle mucha imaginación. Mi amigo, cuando la familia estaba en la cama, se ponía ,como decía él, un vaso de "Caballo Blanco",y era el tío más feliz del Barrio del Alambre.
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