Me plantea Santi un problema arduo: la diferencia entre saber y comprehender. Algo así como entre el placentero surfear por la superficie de las cosas o el penoso ponerte a cavar hondo hasta que das con la roca y entras en shock. Supongo que el asunto lo niqueló aquel físico que dijo que cuando empiezas a estudiar física, con las primeras adquisiciones, la tentación es hacerte ateo; cuando sigues en la brecha y profundizas, inevitablemente, das en meditar sobre la existencia de Dios.
Lo de dar en la roca y su consiguiente shock vendría a ser el caer en la cuenta de la inaprehensibilidad de cualquier sistema complejo, que lo son todos, porque sencillos no creo que existan. Querer comprehender, en el fondo, es un pecado de soberbia que los dioses te hacen pagar caro. Sin embargo, el simple saber, es la meta de los bienaventurados, de los que tienen éxito con las chicas cuando cacarean junto a la barra de un bar.
Cada uno es como le hicieron las circunstancias y sus genes, así que buena gana habría que tener para querer trastocar los designios de la naturaleza. El que está hecho para tener más sed cuanto más bebe viene a ser como Sisifo: nunca podrá dejar de empujar la piedra hacia arriba, pero tendrá el enorme consuelo de no tener que enfrentarse a la nada del sentirse satisfecho con el simple tomar daiquiris tumbado a la sombra de la piedra inmóvil. Porque, que no se engañe nadie al respecto: sin daiquiris se está muy mal a la sombra de la piedra.
En fin, no sé, porque la metafísica se inventó para aplacar los ardores a los que estamos condenados por haber sido hechos a imagen y semejanza de los dioses. Por eso es inevitable que aspiremos a la ubicuidad y la omnisciencia, ¡pobrecitos!, como si la copia tuviese algo que ver con el original.
Es que uno puede saber muchas cosas y no comprender nada, claro. El diletante sabe muchas cosas, las saborea (“sabor” y “saber” tienen el mismo origen), pero se queda en la superficie. El que comprende, comprehende, abraza la realidad, la estruja y la penetra hasta el fondo donde, como dices, da con la roca socrática y entonces tiene conciencia de su limite, una conciencia que el diletante jamás tendrá, porque su actitud ante la vida no es más que pasiva e inmóvil.
ResponderEliminarParadójicamente, cuanto más saberes superficiales uno acumula, menos comprensión de la realidad posee. Todos los caminos llevan a Roma: sin embargo cuando uno elige el comprender sobre el saber, cuando se elige ir hacia lo profundo en lugar de quedarse en lo superficial, siempre, se empiece por la superficie por la que se empiece, se llega al mismo punto central que nunca experimentará el diletante.
En cualquier caso, a él le importa una higa, porque, en realidad no aspira a la comprensión, sino al aplauso de su sociedad, aun a costa de convertirse en un muerto en vida. Porque de verdad, como decía Sancho, la mayor victoria —la única de verdad— es el vencerse a sí mismo. El diletante ya nace vencido. No necesita de ese combate. Ni lo entiende siquiera. “¿Cuánto te pagan por eso?” Pregunta. Como aquel alumno de Platón al que este mandó que le dieran una moneda para callarle la boca…. Y despedirle inmediatamente. Qué iba a hacer si no…