martes, 30 de abril de 2024

Job

En realidad, mis queridos, si os fijáis bien, no tardaréis en caer en la cuenta de que todos los males del mundo están provocados en primera instancia por los que se empeñan en querer vivir de organizar la vida a sus congéneres. En segunda instancia, y mucho peores quizá, están los que les siguen el juego a los de la primera. Son aquellos a los que su cobardía les hace creer cualquier cosa que venga envuelta en el engañoso papel de la seguridad. Y eso es todo, un juego entre parásitos y cobardes. Los unos vendiendo seguridad y los otros comprándosela. Un aburrido juego que convierte a los que en él entran en cadáveres vivientes. Y por eso es que estén las calles cómo están, hasta arriba de mierda de perro. 

A D. G., en la naturaleza todo tiende al equilibrio y por eso la ingente masa de los cobardes está neutralizada por la ínfima minoría de los valientes que aman el riesgo y disfrutan enfrentándose a los parásitos. Y no hay más; y lo único que nos queda por hacer a cada uno es examen de conciencia para tratar de enterarse de que lado de la valla estás. Porque, si vas a votar, a vacunarte, a buscar aparcamiento, a recoger las cacas del perro, a leer el periódico en la terraza de un bar, a mirar telediarios, a seguir, en definitiva, los ritmos del calendario laboral... ¡estás apañado tío! Mas vale que te ates una rueda de molino al cuello... aunque, ¿para qué?, si ya hace mucho que te está pudriendo en el fondo del pozo. 

Ando estos día leyendo el Libro de Job. Vamos a ver, Job: si Dios nuca perdona a los malvados, porque es que a ti te haya mandado semejantes desgracias. ¿Acaso es que tú, que te creías justo y temeroso de Dios, lo que en realidad eres es un redomado hijo de perra? Pues sí, lo más probable es que lo fuese y, también, un tonto todo el tiempo, de esos que, cuando les va bien en la vida, piensan que es por sus propios méritos y no por la gracia de Dios. A un valiente de verdad nunca le pasa eso; por contra, lo primero que hace cuando supera un riesgo es postrase ante Dios para darle las gracias. Y si fracasa, igual, porque sabe que los caminos del Señor son inescrutables y nunca hace nada que no sea por el bien de los valientes.  

lunes, 29 de abril de 2024

Aliteraciones

Por circunstancias de la vida se me ha planteado la disyuntiva de armar o dar a armar un armario. He escogido armarlo yo. Por cierto que si Borges leyese lo de armar un armario, seguro que exclamaría: ¡qué linda aliteración! O cacofonía, que no sé. Perdón por el inciso. 

Lo compré el otro día en Leroy Merlín. Me atendió una chica muy mona que, para ayudarme a decidir, me dijo que ella había puesto uno igual en un piso que tenía para alquilar. Costaba la quinta parte de uno hecho a medida y, como también es para un piso que se va a dedicar al alquiler, pues no lo pensé más y saqué la tarjeta. La semana pasada me lo llevaron a casa y anteayer me puse a la tarea. Es un trabajo apasionante. Te dan un plano muy escueto en el que se marcan los pasos a dar, pero con no pocos hilos sueltos que necesitan de la intuición para ser atados. Siempre me han encantado este tipo de tareas. De Ikea he montado unos cuantos. Recuerdo una alacena que compré para una casa que tuve en Bellmunt de la Segarra; eran como mil piezas y me llevó más de una semana de dura tarea, a ratos libres, claro está. Es lo más parecido a un puzle; te cuelgas de él y el tiempo huye doblemente veloz. En resumidas cuentas, que ya  lo tengo casi terminado, pero como hay que hacerlo con el armario tumbado en el suelo, ahora no lo puedo levantar. Tendré que pedir ayuda. Son las cosas de la edad, que a nada que uno se extralimita corre el riesgo de romperse. 

No tengo ni idea si será una tontería o no hacer estas cosas, pero a mí, ya digo, me apasionan. Cuando era niño, Don Kin, un señor del pueblo amigo de mis padres, nos regaló a mi hermano y a mí un mecano que sus hijos hacía ya mucho tiempo que no usaban; estaba un poco deteriorado, pero a nosotros nos entusiasmó. Era como esto que ahora llaman Lego, pero en rudimentario. En cualquier caso, construimos miles de cachivaches. Luego, a lo largo de la vida, he hecho miles de trabajos manuales. Recuerdo que los electrodos de los primeros aparatos para medir los gases de la sangre que utilicé había que hacerlos a mano y cambiarlos cada dos días. Era un trabajo minucioso, de líquidos y membranas superpuestos. No era fácil cogerle el punto. Pero con tesón, se lo cogí, y convertí aquella dificultad en un paseo triunfal.  En fin, da igual todo lo que haya hecho, porque la realidad presente es que ahí tengo el armario tumbado y muerto de risa sin que por mi mismo pueda hacer nada para solucionar el entuerto. Sin duda, he cometido un error de cálculo. 

Por lo demás, los de Amazón me han dado una alegría. Me han dicho que el cierre de mi cuenta había sido un error suyo y me piden mil perdones. Así que mi novela «¡A las Clines, corredor!», vuelve a estar a la venta. En los próximos días publicaré otro par de cosas que tengo por ahí. Es lo que tiene el trabajo artesanal que se acumula la producción sin que te des cuenta. Entonces, lo pones a la venta, y si suena la flauta, de artesanal pasa a ser arte. Otra aliteración. La vida está llena de ellas. 

domingo, 28 de abril de 2024

Melodías

Hay pocas cosas más placenteras, excluidas las perentorias de supervivencia y reproducción, que escuchar una canción cuyas armonías tienes interiorizadas. Digamos que son canciones que amas porque forman parte de tu mapa sentimental. Es imposible escucharlas sin que algo se te remueva por dentro. Sin embargo, con todo el poder sugeridor que tienen, son, de entre todas las creaciones artísticas, quizá las más efímeras: ¿quién recuerda una canción del siglo XIX? Hay que ser un erudito de la música para ello. 

En cualquier caso, efímeras o no, un buen interprete se convierte automáticamente en un ser socialmente imprescindible. Personalmente, no puedo imaginar mi vida sin ellos. Escucho a Rita Payés cantando «Nunca vas a comprender» o a  Allison Young, «Crazy», y me pasa como aquello que decía Fray Luis que le pasaba cuando escuchaba la música de Salinas, que el aire se serenaba y se vestía de hermosura y luz no usada. Es una emoción profunda que te reconcilia contigo mismo y con el mundo, aunque, hay que reconocer que no todos los estados de ánimo son propicios a su recepción; cuando andas torcido de verdad, ni música ni leches, lo único que querrías es que el mundo saltase en pedazos. 

En fin, el caso es que ahí ando con mis guitarras tratando de sacarles melodías que me apacigüen el espíritu. Y no es que lo tenga muy atormentado, pero ya se sabe que, si uno está bien, sigue sufriendo porque no consigue estar mejor. Así es la vida del ser humano y por eso es que no podamos parar. Y menos mal cuando te apaciguas algo sacando melodías de un instrumento... 

sábado, 27 de abril de 2024

No apto para chachas

Las Memorias de Casanova terminan abruptamente cuando todavía no ha llegado a los cincuenta. Lo que se sabe de él a partir de ese momento es por referencias. Que está de bibliotecario en casa de un príncipe, o conde, centroeuropeo, y que está desesperado porque, al ser pobre, no tiene independencia. Pero su mayor problema no es el dinero, como él parece creer, sino algo muy común en los aventureros: no saber envejecer ni adaptarse a los tiempos. Ha llegado la revolución y, con ella, el cambio de los usos y costumbres. Eso de tener un criado que viene todas las mañanas a hacerte el pelo se ha convertido en algo que da risa a la gente. Casanova no lo entiende y sufre por ello. En definitiva, es un necio.

De hecho, no son pocas las veces que a lo largo de sus interminables memorias se tiene la sensación de esa necedad rampante. Su adicción al lujo, al juego y a las mujeres da dolor. Lo que es capaz de hacer y gastar por echar un polvo da una clara medida de su inteligencia. Su obsesión por desvirgar adolescentes es una patología repugnante. Es imposible desligar su capacidad de seducción de su derroche pecuniario. Así, no es que cualquiera puede ser Casanova, pero solo un tonto no reconocería que con el dinero se allana mucho el camino hacia el templo del amor, como él lo llama, y más si el templo es el de una adolescente que, sabido es que a esas edades todavía se sueña con príncipes encantados. 

En cualquier caso, esas memorias, aparte de ser un retrato psicológico, a mi juicio excepcional, de una obsesión sexual muy por encima de la que suele ser común, son también una magnifica exposición de las patologías sociales que inevitablemente conducen a las revoluciones. El mundo de lujo en el que se desenvuelve Casanova es, aparte de ridículo, insoportable. Los nobles viven como en un olimpo, totalmente desentendidos de las miserias de los humanos. Eso, nunca puede durar mucho. El siglo XVIII, que llaman de las luces, es el del inicio de la revolución tecnológica, cosa a la que, por cierto, Casanova no presta la menor atención. Sin duda, vivía en los laureles, que es la mejor manera de llegar a una vejez desgraciada.

Por lo demás, yo diría que esas Memorias son excelente literatura. Y, por eso mismo, no apta para chachas. Podrían acabar pensando que son lo que son. Entre polvo y polvo hay mucha filosofía, fina psicología, costumbrismo y todo lo que hace que a una obra literaria no la desgaste el paso del tiempo... la prueba del nueve como quien dice... aunque, a la hora de la verdad, la prueba del nueve tiene un diez por ciento de fallos. Pero eso es otra historia. 

viernes, 26 de abril de 2024

Optimismo moderado

Es curioso, porque lo normal cuando abro la página de YouTube es que prácticamente la totalidad de los vídeos estén dedicados a la música y a las matemáticas, sobre todo geometría que es lo que más me mola, y, de repente, ayer, más de la mitad estaban dedicados a lo que parece ser un amago de dimisión por parte del presidente Sánchez. Me pregunto a quién coño le puede interesar semejante menudencia. ¿Qué cambia para nosotros que el presidente sea Sánchez o Perico el de los Palotes? Lo normal, en una sociedad medianamente civilizada es que el personal no sepa cómo se llama el presidente. Pero aquí, cualquier cosa menos civilización. Porque, ¿qué es civilización para ustedes?

Para mi civilización es que nadie se inmiscuya en mis decisiones: YouTube debiera haberme consultado antes de bombardearme con todos esos vídeos ponzoñosos. Es algo que ha hecho a propósito porque con toda esa mandanga de la inteligencia artificial bien pueden saber que a mí todo lo que tenga que ver con la política institucional no solo me la suda sino que también me irrita cuando me la meten a calzador. Pero eso es lo que quiere esta tiranía que nos señorea, que estemos irritados. Que nos traguemos toda su mierda, sus guerras mafiosas por el territorio, queramos o no queramos. Mientras estemos intoxicados no supondremos ningún peligro para las mafias. 

El gran problema del mundo de un tiempo para acá es que la chusma confunde civilización con desarrollo tecnológico. Está tan ufana manejando todos esos gadgets facilitadores que no se entera de la involución intelectual que ha sufrido respecto de sus abuelos. No tienes más que hacer para comprobarlo que leer una novela de Baroja y después una de Reverte. Me dice una que suelo tratar a veces, y que siempre va con literatura para chachas debajo del brazo, que es que Baroja es muy difícil. El Quijote ni te digo; ni siquiera lo intenta. Bueno, parece ser que alguien ha hecho una versión de El Quijote a la medida de las chachas. ¡Y todos contentos! Ya saben, El Infinito en un Junco, lo más de lo más. 

Pero, que conste que no desespero. Abro YouTube y veo que millones de personas se detienen cada día a desentrañar problemas matemáticos o partituras de música. Eso quiere decir que el mundo no se detiene; que en la misma medida que unos retroceden, otros avanzan. Las matemáticas, herramienta imprescindible para acercarse a la comprensión de la realidad circundante; lo mismo que la música lo es para indagar en nuestra realidad interior: las emociones y todo eso. En fin, un optimismo moderado. 

jueves, 25 de abril de 2024

Aspiraciones

Me suelta Santi un rollo esta mañana acerca de lo que es la lingüística. Es una ciencia que trata de aprehender la realidad del lenguaje, es decir, de una manifestación de la naturaleza. Digamos que aprehender la realidad, cualquier realidad, es más una aspiración que una posibilidad. Y es que la realidad es tan sumamente compleja que por el momento no tenemos herramientas para desentrañarla más allá del cálculo de probabilidades. De ahí que el aprendizaje de las matemáticas sea clave para cualquiera con aspiraciones de un poco de comprensión de los intríngulis de cualquier cosa. Esas aspiraciones que dan sentido a la vida. Porque ¿qué es una vida sin aspirar a conocer? 

De hecho, todas las vidas aspiran a conocer, y todas, hasta las más tontas, realizan algún avance en ese camino. Hasta, digamos, que se sienten satisfechas con lo conseguido y se tumban a la bartola. Claro está que lo conseguido por la inmensa mayoría, por mucho que les sirva para afianzarse, es una birria. Convendría no autoengañarse al respecto, pero si así lo hacemos en nuestra inmensa mayoría será porque la naturaleza tiene calculado que esa es la mejor manera de perpetuarse. Luego está la mínima minoría que nunca se acaba de sentir satisfecha y sigue cavando y cavando hasta que abre un camino por el que luego transitarán los insatisfechos que le sigan que acaso lleguen un poco más allá, pero siempre lejos de la meta codiciada. Y así es como la humanidad ha llegado a donde ha llegado, que es, como dirían en mi pueblo, a dar con la cabeza en un pesebre. 

¡Qué vida ésta! Ayer me acerqué al mercadillo de La Esperanza a comprar unos calcetines tobilleros que son los apropiados para el verano ya en ciernes. Estaba mirando unos que me parecían bien, tres por tres euros, cuando noté que el gitano que los vendía estaba cantando por lo bajini una seguiriya con letra de cariz pentecostalista: no hay problema que no tenga solución, decía. ¿Tú crees?, le dije. Sí, todos tienen solución, me contestó contundente. Entonces se inició allí un diálogo platónico, en el que el maestro, él, le iba sonsacando por medió de técnica mayéutica al discípulo, yo,  las verdades incontrovertibles de la vida. Me fui de allí con los calcetines y la sensación de haber arreglado la mañana a aquel tipo. Desde luego que esto de los gitanos y las religiones pentecostalistas, a lo que hay que añadir el rollo de  los mercadillos, tiene miga para parar un tren.  

En fin, vamos a ver que nos depara el día. 

miércoles, 24 de abril de 2024

El pueblo del Libro

Casanova, Baroja, Machado, por poner tres ejemplos que tengo bien presentes de lo que es prejuicio respecto de los judíos. Por qué ese afán de no dejar pasar ocasión para emitir juicios denigratorios sobre ellos. Es como una patología. Porque ninguno de los tres citados explica los motivos de su aversión. Es, parece, como si viniesen marcados de fábrica: lo mismo que se tiene el pelo rubio se desprecia a los judíos. O quizá de tanto escuchar de niño el uso peyorativo de la palabra judío. Un misterio, en cualquier caso, porque, en el caso de Machado me puedo imaginar una cierta propensión a las adscripciones ideológicas, pero en el de Casanova y Baroja no me cuadra en absoluto. 

Casanova se ve forzado a alojarse en casa de un judío y, como preámbulo, le canta al judío todos los prejuicios sobre su condición; el  judío, como quien oye llover. Le trata con exquisita corrección y, para remate, tiene una hija de inmejorable buen ver que acaba haciendo las delicias de Casanova. Además, sin problemas, porque si hace un chiquillo a la judía, sus padres encantados, porque al trasmitirse la condición de judío, que es lo importante para ellos, por vía materna, pues otro israelita para el mundo. 

Baroja, por su parte, es un admirador sin fisuras de la Biblia. Dice que en ella están todas las historias. Y la Biblia es para los judíos el «Libro». Son el pueblo del Libro. El Libro ha sido su patria durante todos los siglos de la diáspora. Es lo que les ha dado esa cohesión, o identidad, que es única en el mundo. Hay que reconocer que el sentimiento de pertenencia ligado a un libro es más interesante que cuando está ligado a un territorio o cualquier otro engendro inerte. Si es a un libro, por lo menos hay que tomarse la molestia de leerlo. Es algo vivo, por tanto. 

Para mí es un misterio esto del antisemitismo de las personas ilustradas, porque el del pueblo ni siquiera me lo planteo: como en todo, lo que le indiquen desde los púlpitos de turno. Siempre me he dicho que tiene que haber algo que se me escapa. A veces he pensado que puede que sea ese mismo sentimiento de pertenencia tan acusado el que los hace repulsivos para tanta gente. Aunque esa pertenencia, desde luego, no sea la de vascos y catalanes, tan por la gracia de Dios; la de los judíos es sumamente exigente para con ellos mismos. 

En fin, lo que sea, que a mí en absoluto me caen mal, sino todo lo contrario. Les admiro su capacidad para sobreponerse a las adversidades. Y muchas cosas más, sobre todo ese afán de elevarse por el conocimiento. Para mí, eso, viene a ser el único sentido que se le puede dar a la vida, más allá del mero reproducirse. Y el caso es que ahora vuelven a estar en el candelero y los estándares de denigración que les están lloviendo encima rozan la excelencia. La chusma compite a ver quién la suelta más gorda. Por lo visto, no tienen derecho a defenderse. Es de chiste.

martes, 23 de abril de 2024

Los orgones

Por circunstancias de la vida, desde hace unos meses para acá no salgo de Leroy Merlín. Le he tomado simpatía a aquel lugar. Cojo el tren, que lo tengo al lado de casa, y en periquete estoy allí. Aquello es un portento de orden y lógica. En un minuto encuentras lo que ibas buscando. Y luego, que, como lo de la construcción es mayormente cosa de hombres, los dueños del negocio, muy ladinamente, se apercibieron de que lo suyo allí es que todo o casi todo esté en manos de señoritas tirando a monas y con las carnes bien puestas. Ayer iba a por unos estores y lo resolví todo en un visto y no visto; dos chicas monísimas mediante. Me hubiese quedado allí toda la mañana porque para un sitio en el que te tratan bien, ¡buenas ganas de irte!

En Leroy Merlín, como supongo pasa en todos los sitios en los que la vida fluye, se desmontan como por ensalmo todos los tópicos del comunismo. Ir allí a hablar de feminismo sería como untar el chorizo en chocolate. Una aberración. Las chicas están encantadas solucionando problemas a aquellos hombres que las miran con manifiesto deseo. ¿Acaso hay algo que estimule más el ánimo de una mujer que sentirse deseada? Y no te digo, ya, si anda por la media edad, que, entonces, una insinuación inteligente es como un pico de heroína. Ya te digo yo, que, si levantase la cabeza Wilhelm Reich, el de La Función del Orgasmo, y se pusiese a medir orgones, con el delirante aparato que inventó para ello, en medio de Leroy Merlín, tengan por seguro que el aparato explotaba.  

Esa es la cuestión, que la vida fluya. En Leroy Merlín se satisface una de las dos necesidades básicas del ser humano: protegerse de los elementos. Por eso la gente que anda por allí no se entretiene con dudas metafísicas; va allí con una idea definida de cómo resolver el problema que tiene; y sale de allí con el problema resuelto. En el entremedio, se alegra la vida imaginando lo que haría él con uno de aquellos culos que pululan por allí. Que a eso es a lo que se debía referir aquel mesías que le decía a Marta que no solo de pan vive el hombre. ¡Menuda jeta que tenía el payo! Todo el día quilándose a la María y, luego dando, lecciones. Era un puto comunista. O como se decía en aquella España de Oro, un polilla de su casa que quiere ser honra de la ajena. 

Pues sí, donde hay vida, no hay miedo; y como no hay miedo no ha lugar a las mandangas comunistas. Bueno, vamos a ver, porque hoy vienen a traerme el armario y mañana los estores, y espero que con esto se acaben ya las circunstancias que me han tenido día sí y otro también yendo a Leroy Merlín a hacer unos coqueteos con aquellas señoritas tan amables.

   

lunes, 22 de abril de 2024

Argos

Ayer me envió Santi una película de Sáenz de Heredia titulada Los Derechos de la Mujer. El guion está sacado de una comedia del prolífico Alfonso Paso. La estuve mirando un rato y me pareció que estaba muy bien en todos los aspectos: dirección, interpretación, tema, etc.. Desde luego que, nada que envidiar a las de Berlanga o Almodóvar que tanto alabamos en su día. Y esa es la cuestión, ¿por qué despreciábamos aquel cine por principio? Sin duda, tuvo que haber por ahí una gentuza con un poder de convicción considerable. Alguien nos enseñó a argumentar ad hominen. Algo era bueno o malo, no por la cosa en sí, sino por quién era el autor. Sáenz de Heredia había hecho aquella película hagiográfica sobre Franco y con eso ya estaba todo dicho: si veías algo de él, quedabas contaminado. 

En una novela de Baroja hay un personaje al que le va bien en la vida, más que nada porque ve con sus propios ojos. Ver con los propios ojos es el privilegio de los inteligentes. Yo como no lo fui, tuve que verlo todo con los ojos de los otros. Caí demasiado tarde en la cuenta y, aunque salté, ya era tarde: el mal ya estaba hecho. 

Me imagino que lo que me pasó a mí es lo común. De no ser así sería imposible explicarse este mundo tal como es. En cualquier caso, los griegos ya se habían dado cuenta de esta carencia de los humanos y por eso inventaron al dios Argos, el de los cien ojos. También conocido como el vigilante de los dioses. A Argos no se le pasaba una porque veía por sus propios ojos. Ni siquiera Zeus le podía engañar. 

Pero, bueno, como dice Gracián, lo importante en esta vida a la que venimos inocentes, es dar con el portillo del caer en la cuenta y atreverse a saltar por él. Entonces, una vez saltado, vas y te pones a ver las películas de Sáenz de Heredia, que como digo, están muy bien. Y, como esas películas, otras mil cosas de las que te privaste por no haber aprendido todavía a mirar con tus propios ojos. El caso es que Argos te conceda el don de dar con el portillo cuando todavía estás en condiciones de saltar. Porque si le descubres de viejo y lo intentas lo más probable es que te pegues un batacazo... aunque tampoco esa es mala forma de morir.  

domingo, 21 de abril de 2024

Librepensador

Entre las muchas palabras que he ido viendo desaparecer de la circulación a lo largo de mi vida está librepensador. Ya no se dice, o al menos yo no lo oigo, que fulano es un librepensador. Quizá sea así porque es un calificativo demasiado hermoso para ser soportado por los castos oídos de los corderitos. 

Pero no se me amoïnen que hay buenas noticias: el multimillonario Elon Musk ha decidido fundar una institución dedicada a la defensa de la primera enmienda. Y es que tampoco los corderitos soportan algo tan hermoso como ese añadido que se hizo a la constitución de los EEUU por el cual se garantiza que tienes derecho a pensar como te dé la gana, a proclamar lo que piensas a los cuatro vientos y a adorar al Dios que más te mole.  

Orwell decía que los tiranos gobernaban por medio de la mentira y la fuerza. Mientras la mentira funciona necesitan poco de la fuerza. Pero cuando la mentira es de dominio público, échate a temblar porque sacarán a relucir la cachiporra. Los corderitos no vieron o, más exacto, no quisieron ver como, muy recientemente, los tiranos sacaron la cachiporra para atizar a los que no se quisieron tragar la mentira de marras que todavía colea y lo que te rondaré morena. 

Así que no se engañen de enemigo. Porque son los tiranos, sí, qué duda cabe, pero serían irrelevantes si no existiesen los corderitos, que a esos sí que es difícil combatirlos. Ellos adoran a los tiranos porque les eximen de toda responsabilidad. Un corderito vive, como quien dice, toda su vida en el limbo. Obedeciendo. Solo tiene que estar atento a los ladridos de los perros y seguir sus indicaciones. 

¿Saben por qué me gusta tanto Baroja? Aunque a veces se pone un poco castaña, lo reconozco. Pues me gusta porque es el escritor más genuinamente librepensador con el que me he topado. Primo hermano de Rothbard.  

sábado, 20 de abril de 2024

Esperpentos

Esto cada vez se parece más a un esperpento de Valle. Pocos quedarán ya de los que vieron representar los esperpentos de Valle en aquel Madrid de los sesenta. En aquellos tiempos, respecto del teatro, Madrid era una fiesta. Rara era la semana que no hubiese algo de lo que sorprenderse y poder hablar largo y tendido. Se respiraban aires de libertad por todas las artes a la vez que la ciudad se expandía y se llenaba de coches hasta el culo. Pero, a lo que iba, que es a lo de los esperpentos. He visto en YouTube el título de numerosos vídeos en los que se anuncia que la ministra de sanidad ha dicho que los que se vacunaron lo hicieron voluntariamente, así que, a reclamar al maestro armero, expresión, ésta, que no sé si entenderán la mayoría de mis lectores, porque, desde que no hay mili obligatoria, las cosas del lenguaje han cambiado bastante. 

Eso es el esperpento, un cinismo desbocado. Más o menos lo que siempre acaban por poner en práctica todos los poderes que empiezan a sentirse en la cuerda floja. ¿Cómo van a aceptar que se indemnice a un perjudicado por la vacuna de marras? Sería como abrir las compuertas de una presa, porque hay millones de perjudicados que acudirían raudos como el viento a exigir lo que se les debe por justicia. Así que no queda más remedio que sostenella y no enmendalla mientras el cuerpo aguante. Es decir, tapar una mentira con otra más gorda y dejar que la bola ruede cuesta abajo hasta sea tan grande que lo arrolle todo a su paso. Eso es el esperpento.

Ayer tuvimos otra representación en Bruselas de la que se hacían eco numerosos titulares en YouTube. Las autoridades de allí decidieron suspender una convención política de los conservadores europeos. Justificaron su decisión en el supuesto de que esa convención iba a poner en peligro el orden ciudadano. Para empezar, calificaron a esos conservadores de extrema derecha. Una forma como otra cualquiera de denigrar para preparar el terreno. La realidad del asunto es que las actuales autoridades presienten que esos conservadores tienen muchas posibilidades de desplazarles de sus poltronas. Es natural que se defiendan. Lo que pasa es que para ello no tienen, de momento, otra herramienta que el esperpento. Habrá que ver que hacen si les falla, porque, entonces, la tentación de todos los poderes que son, y en el mundo han sido, es el recurrir al uso de la fuerza. Sea como sea, a las veinticuatro horas de emitir la prohibición se tuvieron que bajar los pantalones y los conservadores comenzaron a debatir con el redoblado brío que proporciona la sensación de recién haber ganado una batalla. De chiste, ya digo.

Y, mientras tanto, los jóvenes que me rodean, el que no es un nómada digital, canta en un escenario o rueda una película o se ejercita en el violonchelo. Así que, yo, tranquilo, porque veo que hay vida más allá de las palabras huecas que pronuncian los que no saben hacer nada. 

viernes, 19 de abril de 2024

Homeschooling

"Halla tres números consecutivos cuyo producto es igual a 15 veces el segundo". Este enunciado que nos propone Juan es claro como el agua. 

(x) (x+1) (x+2) = 15 (x+1), divido los dos componentes de la ecuación por (x+1) y no la altero.

(x) (x+2) = 15

X^2 +2x= 15

... etc., un niño puede resolverlo.

Un niño sí, pero ¿cuántos adultos no pueden? ¿Y saben por qué no pueden? Muy sencillo, porque en la famosa escuela pública tuvieron maestros que tampoco sabían resolverlo.   

A D. G., cada vez hay menos gente que cree en la escuela pública y más gente que procura educar a los hijos en casa, que no por otra razón es que cada vez haya más músicos y más matemáticos y más literatos. Música, matemáticas y lengua, los tres pilares que sustentan a un individuo constituido como tal. A partir de ahí, todo se os dará por añadidura.

jueves, 18 de abril de 2024

Choses de la vie

Hablando hace dos o tres años de autores de economía con mi nieto, ahora tiene veintiuno, me dijo que él había leído a Rothbard. Ya me había dado cuenta de que algunos de los youtubers que por entonces escuchaba ponían los libros de ese autor en lugar prominente con la manifiesta intención de que sus visitantes se percatasen del dato. Por cosas así fue que leí su Teoría de las Ideas Económicas y su Manifiesto Libertario. Si las unas me encantaron el otro me entusiasmó. ¡Qué erudición de la sensibilidad!, que hubiera dicho Pessoa. 

Digo esto porque el otro día estuve de tertulia con conocidos de largo y me aburría soberanamente de escucharles andar todavía con lo de derecha, izquierda y, sobre todo, de las múltiples variedades que eran capaces de identificar a la derecha de la derecha -la izquierda, parece ser que para ellos no tiene variedades a su izquierda-. Cuando ya no podía más de escuchar tonterías les dije que cómo podían andar todavía con esas antiguallas. De inmediato la conversación cambió de tercio. No hace mucho, también provoqué un corte en seco en otra tertulia cuando escuchando hablar con entusiasmo de derecha e izquierdas, mal de una y bien de la otra, por supuesto, saqué a colación lo que dice Ortega en el prólogo de la edición francesa de su Rebelión de las Masas. Derecha e izquierda, dice el autor, son dos más entre las infinitas maneras que tiene una persona de ser un perfecto imbécil; son, en definitiva, hemiplejias morales. 

Me desespera el anquilosamiento de las ideas que percibo a mi alrededor. Afortunadamente no todo es así; también hablo con gente que ha sabido evolucionar. Y por otro lado, no soy tan necio como para no darme cuenta de que se está produciendo en las ideas un movimiento telúrico que en Madrid tiene su epicentro en el Instituto Juan de Mariana. Yo no lo veré porque la evolución cultural es, por su propia naturaleza, lenta, pero ya se llevan años de batalla y hay que estar ciego para no percibir en lontananza la derrota de las ideas comunitaristas. O estatistas, si de otra forma las quieren llamar. Porque no es de ayer esta guerra, que de lejos le viene el garbanzo al pico; ya por los años veinte del siglo pasado dijo el arquitecto Loos: la función de los Estados no es otra que retrasar en lo posible la evolución cultural de los pueblos. Lo menté en la tertulia del otro día y solo obtuve por respuesta balbuceos. Se daba el caso de que dos de los contertulios eran arquitectos y conocían bien el prestigio intelectual del que goza Loos entre los de su profesión. 

En fin, choses de la vie...

miércoles, 17 de abril de 2024

Dr. Malhotra.

Hace aproximadamente una semana el Dr. Malhotra dijo lo que pensaba sobre las vacunas y todo eso del COVID ante una comisión del parlamento finés que anda estudiando el asunto. El Dr. John Campbell ha reproducido ese discurso al completo en su canal de YouTube. Así que, el que quiera enterarse de lo que ha pasado, cosa poco frecuente, por cierto, ya sabe a donde acudir. 

Vienen días muy turbios porque la verdad se está abriendo paso entre la maraña de intereses creados. Se habla mucho de los carteles de la droga que son cosa de niños por comparación con el cartel de la industria farmacéutica, del que casi nunca se habla por más que se sepa que están en el origen de la mayor plaga de la humanidad. La tercera causa más frecuente de muerte son las prescripciones indebidas que hacen los médicos inducidos por los considerables beneficios materiales que les proporcionan los laboratorios. Ya sé que esto suena a paranoico, pero fíense de la Virgen y no corran. El Dr. Malhotra lo deja más claro que el agua en su informe al parlamento finés. Personalmente, tuve la inmensa suerte de trabajar con un fisiólogo excepcional que me abrió los ojos al respecto. Me demostró, con la práctica diaria, que la mayoría de las medicinas, no solo son innecesarias, sino que por lo general son sumamente perjudiciales. Fue por ese aprendizaje por lo que a lo largo de mi vida profesional me negué a mantener tratos con los representantes de la industria farmacéutica. Y no se crean que no me trajo consecuencias. Ya saben que las mafias no pueden consentir que nadie vaya por libre en su territorio. Pero bueno, lo mío, pelillos a la mar por comparación al desastre que se veían obligados a sufrir los pacientes a causa del cohecho y la prevaricación, y por qué no decirlo, la ignorancia, de la inmensa mayoría de los médicos. Aquellos representantes farmacéuticos que se pasaban las mañanas a las puertas de las consultas eran una especie de cuernos de la abundancia para los médicos. Viajes de lujo por todo el mundo, comidas en los mejores restaurantes de la ciudad, vinos de las mejores marcas en casa... y un largo etc. de sobornos que a nadie parecían amargar. 

Pero, así todo, nunca se pudo imaginar que la corrupción pudiese llegar a los niveles estratosféricos que alcanzó con el COVID. La propagación del miedo orquestada por los políticos al alimón con los periodistas fue el paso previo y necesario para que la industria farmacéutica se hiciese con un botín de cien mil millones de dólares. La opresión informativa que padeció la ciudadanía alcanzó niveles de esperpento. Así que dio igual que se viese morir a los deportistas en las canchas. Nadie osó preguntarse por el porqué de aquella extraña epidemia. Y como eso, mil otras excentricidades que se estaban produciendo a la vista del respetable sin que por ello a nadie pareciese importarle. Y ¡ay de ti si te atrevías a traerlo a colación en cualquier reunión de amigos! Entonces te caía encima la lluvia de epítetos denigratorios con los que siempre se intentó acallar a los disidentes de la religión oficial del Estado. En fin, todo muy previsible. 

Estas cosas son, poco más o menos, las que les ha contado el Dr. Malhotra a los parlamentarios fineses. Y ¿quién es el Dr. Malhotra? Pues un cardiólogo inglés en el top de su profesión. Pero, en fin, mejor es que le escuchen si quieren; solo tienen que ir a YouTube y escribir: Dr, Campbell, Helsinky. Y ya está.   

martes, 16 de abril de 2024

Pensar

Ya se lo he contado más de una vez, pero es que para no repetirme soltando como suelto un rollo casi a diario tendría que ser poco menos que Dios. El caso es que ayer estuve comentando con el contratista que está arreglando el piso de mis hijas lo de "ornamento y delito" de Adolf Loos. La tesis del libro se puede resumir así: la evolución cultural equivale a la eliminación del ornamento del objeto usual. 

Tuve el primer contacto con esta idea de Loos cuando vivía en el ensanche de Barcelona. Como era una época en la que se estaba saliendo de un largo bache económico las fachadas de las casas estaban bastante deterioradas. En el ensanche no eran pocas las que tenían mallas para evitar que los cascotes desprendidos de los adornos propios del modernismo cayesen sobre las cabezas de los viandantes. Personalmente, de forma instintiva, aquellos adornos tan preciados por la cultura popular, me parecían una horterada. Como me lo parecían, y parecen, por otra parte, esas iglesias barrocas a las que si les quitasen todos eso dorados y columnas salomónicas les harían un gran favor. 

Pensando en esas cosas llegué a la conclusión de que todos los periodos barrocos lo son también de decadencia cultural. Es como si a la gente se le hubiesen acabado las ideas y no tuviera otra forma de entretenerse que poniendo adornos a las antiguas. Aquellos adornos del ensanche, ¿por qué estaban allí? ¿Cuánto habían encarecido el precio de aquellas casas? Porque aquello suponía muchas horas de trabajo que había que pagar. Pensé que aquello solo podía darse en una sociedad en la que las clases sociales estuviesen muy distanciadas unas de otras. Como en una especie de feudalismo. Los burgueses serían tan poderosos que no les costaría nada pagar miles de salarios de artesanos. Una forma como otra cualquiera de tenerles adormecidos y así perpetuar las diferencias. 

En cualquier caso, en los pisos de aquellas casas del ensanche que visité no solía haber mucho ornamento. Era gente cultivada que estaba al loro. La paredes lisas, los techos altos, los muebles justos. Allí comprendí la elegancia de la austeridad. Fue por entonces cuando metí casi todos mis libros, que eran muchos, en unas cajas y los mandé a la biblioteca de una institución privada. A pesar de todo el fervor religioso con el que los había ido acumulando solo tuve una sensación de alivio al desprenderme de ellos. Aquel apartamento en el que vivía pareció doblar su tamaño con las paredes desnudas. 

En fin, el fetichismo. Lo de transferir afectos a los objetos, y todo eso, comprendo que es un asunto complicado. Ayer les hablaba de Demonacte; al parecer el no tenía problemas con eso. Supongo que era porque desde nicho se había dado cuenta de que lo suyo era dedicarse a pensar. 

lunes, 15 de abril de 2024

Demonacte

Seguramente, si citas a Demonacte, pocos sabrán de qué va el asunto. Sin embargo, pienso que bien merece la pena echar un vistazo a la biografía que le hizo Luciano. Supongo que la mayoría tampoco sabrán quién fue Luciano de Samósata, y no por ello van a ser menos, pero sí les puedo asegurar que si se parasen un rato a leer su obra no lo iban a lamentar. Sin duda se enterarían de lo que es la ironía, ese refinamiento espiritual reservado a unos pocos elegidos.

Luciano iba para escultor. Intentó aprender el oficio en el taller de su tío, pero pronto se dio cuenta de que lo que le molaba era filosofar, así que se puso a estudiar filosofía con unos y con otros, que por toda la Grecia del siglo II del Imperio si de algo había era filósofos. Luciano no tardó en destacar y se convirtió en un conferenciante muy solicitado. Y así fue que no paró de viajar de aquí para allá hasta que se asentó por una larga temporada en Atenas. Atenas, por entonces, era una ciudad como hoy puede ser Salamanca, Oxford o Cambridge, o sea, una Meca para estudiantes y turistas. Porque no se crean que esto del turismo va de siglo XX. No, ni mucho menos. Siempre que ha existido un largo periodo de estabilidad política han surgido las clases medias y, con ellas, el ocio que es la madre de todas las angustias existenciales que, como supongo todos ustedes conocen por la propia experiencia, tienden a buscar alivio en la imposible huida de uno mismo. Pocas medicinas producen la ilusión de haber conseguido esa huida como la práctica del turismo. 

Pues en esa Atenas llena de estudiantes y turistas es donde Luciano escribió casi toda su obra. En general es una obra de corte sofista. Es decir, que no hay nada que no puedas demostrar, o defender, si tienes el suficiente ingenio para darle la vuelta a las ideas sin que se note a primera vista. Así es como escribió su "Elogio de la mosca", un disparate de lo más serio. 

Pero a lo que iba, que me he ido por los cerros, es a la vida de Demonacte. Nacido en un ambiente de negociantes acomodados, pronto se dio cuenta de que se quería dedicar a la filosofía. Y por eso fue que abandono los negocios familiares y se dedicó a pasar por todas las escuelas filosóficas que a la sazón se disputaban la clientela estudiantil. De aquel diletantismo salió un ecléctico, o sea, que tomó lo que le consideró lo mejor de cada una, de tal manera que lo mismo parecía ser Sócrates para unas cosas que Diógenes para otras. Pero no solía echar mano de la ironía como hacía el uno ni del exhibicionismo como el otro. Más bien usaba el humor como herramienta de trabajo. Su mayor bien era la independencia para poder hacer y decir lo que le viniese en gana. Que por ello fue que el pueblo llano llegase a odiarle, como siempre hace con los que al salirse de lo establecido se convierten en un espejo en el que al mirarse uno se ve feo. O estúpido. Preguntado por la manera de alcanzar la felicidad, dijo que la única que él conocía era no tener esperanzas ni temores. En fin, las anécdotas curiosas por pedagógicas que se recuerdan de él son muchas. En resumidas cuentas, un tipo que supo cuidarse, tanto en lo físico como en lo espiritual y que, quizá por ello, llego a centenario. Cuando se dio cuenta de que ya no era autosuficiente, recitó a las personas que se hallaban con él los versos que decían los heraldos cuando se clausuraban los Juegos:

                "Termino ya el certamen que concede

                 los más hermosos premios, y ya es hora

                 de no más demorarse".

Después, dejó de ingerir alimentos y se dispuso a morir sin malos rollos. Cuando le preguntaron que era lo que disponía para su entierro, contestó: "No os preocupéis; el hedor me enterrará"

domingo, 14 de abril de 2024

La gramática

Cuenta la leyenda que cuando Alejandro marchaba con sus ejércitos hacia el oriente no tenía otra cosa en la cabeza que llegar a aquel lugar en el que le habían dicho que había hombres muy sabios que le podían enseñar a controlar las pasiones que le atormentaban. Llegó a la India, conoció a aquellos hombres, de resultas de lo cual se puso de una cierta moda en el imperio helénico el estoicismo. Es decir, que el mundo material, en definitiva, da muy poco de sí. 

Llegar a comprender una cosa tan tonta exige llegar con todas tus huestes hasta el oriente, por donde sale todos los días la luz. El conocimiento como antídoto de las pasiones desatadas que están en el origen de todos los sufrimientos de la vida. Dedicarse a conocer la esencia de las cosas es una aspiración divina. Nunca se llega al final, pero por el camino se tienen multitud de encuentros gozosos. 

Me envía Santi los artículos que escribe sobre lenguaje/pensamiento, tan raudo como el viento. Ir poco a poco desentrañando ese misterio que es el lenguaje que tenemos los humanos. Sin duda es la mayor maravilla que ha producido la naturaleza. Cómo la evolución, o lo que sea, ha ido ordenando ese polvo de estrellas que somos de forma que pueda emitir sonidos que sean expresión de lo se siente o piensa... que nunca se sabe muy bien lo que es una cosa y lo que es otra. Sea como sea, emitimos sonidos que son captados por los otros e interpretados. Es lo que llamamos comunicación. Y ahí es donde esta la enjundia de todo este asunto, en las dificultades de la comunicación a causa de las imperfecciones del lenguaje. No es fácil hablar con propiedad. Ese es un arte que exige mucho cultivo. Tanto, que, a la postre, lo que más diferencia a unas personas de otras es la capacidad para expresarse de forma comprensible. Y, cuando llegamos a lo abstracto, que es casi todo, ya, ni te digo, las dificultades que hay que vencer... pocos pueden con eso: la mayoría se expresa como los perros, con el ladrido que son los tópicos, las frases hechas que parecen algo, pero son nada... que no por otra causa es que nos entendamos tan poco. 

Aprender a hablar con propiedad es seguramente la más ambiciosa de todas las aspiraciones humanas y no por nada, sino porque lleva implícita el pensar correctamente. Lo uno sin lo otro es imposible. De ahí que sea tan importante el estudio de la gramática... incluso de la parda para aprender a esquivar los dardos de las lluvias inclementes. 

sábado, 13 de abril de 2024

Japuta

Me envían unos podcast de una tal Radiojaputa. Se trata de una tortillera que odia a los tíos. Se ve que los considera competidores peligrosos y su forma de combatir su miedo es por medio de la denigración del adversario. Como todos los ignorantes sabe las leyes que hay que promulgar para acabar con lo que a ella no le gusta. En el fondo es una cuestión de infantilismo. Ya saben lo poco que los niños saben disimular su envidia. Pero, bueno, el mundo está lleno de desgraciados que se las arreglan como pueden para ir tirando... generalmente adscribiéndose a una mafia que les da soporte económico y moral. El feminismo, ya me dirás tú si puede haber una cosa más ridícula como dejó demostrado hasta la saciedad El Papus, aquella revista tan clarividente que a los que mandan no les quedó más remedio que enviar allí a un desalmado a poner una bomba. 

Yo sigo con lo mío que es la música. Me voy a Recoletos Jazz y allí veo a una Rita Payés preñada, si no de nueve, casi. A pie firme, una, dos horas, intercalando el canto con el trombón de varas. Un trío de hombres fornidos acompaña a la diva. Allí no hay trampa ni cartón, solo la jerarquía natural del saber hacer. ¿Qué opinará Rita Payés de todo eso del feminismo? No sé, es posible que ni siquiera se haya parado a considerarlo. Porque, qué necesidad va a tener de ello una persona que dedica su vida a cultivar una pasión. 

En fin, estamos en lo de siempre, Cuando no sabes hacer nada, ni tienes voluntad para ponerte a aprender algo, pues tienes tanto frío que te haces feminista, o lo que sea, buscando el calor que proporciona cualquier rebaño. Es algo tan natural como ese ir de putas o ver porno que Radiojaputa quiere extirpar de la faz de la tierra por medio de leyes. Claro, las ovejitas adoran las leyes. ¿Han visto alguna vez como obedecen a los ladridos que lanzan los perros a una somera insinuación del pastor? Es de lo más pedagógico por metafórico. El mundo, en su inmensa mayoría, no es más que eso: rebaños de ovejas guiados por pastores asistidos por perros. 

Por cierto que japuta es en Andalucía lo mismo que aquí palometa, un pescado barato.   

viernes, 12 de abril de 2024

Gramaticalización

Hoy me llega por tercera vez y diferentes vías, un epigrama de Dostoievsky que reza así: "La tolerancia llegará a tal nivel que a las personas inteligentes se les prohibirá pensar para que no ofendan a los idiotas". Uno se pone a pensar dentro de sus limitaciones y llega a la conclusión de que ese nivel de tolerancia ha sido una constante en la historia de la humanidad, ya que a los inteligentes, si no a pensar, que prohibir eso es imposible, si se le ha impedido siempre, so pena de sufrir graves consecuencias, decir lo que piensan. 

Ayer iba en el autobús y a mi lado iban dos amigas, por los treinta y tantos, en animada conversación. El objeto de la conversación era un perrito que llevaba en una bolsa en bandolera una de ellas, la que más aros tenía colgando de sus diversos apéndices. Entre  palabra y palabra, ya una, ya la otra, sufría un arrebato de expresividad afectiva y acercaba su boca al morro del perro para, como vulgarmente se dice, comérsele a besos. Así corre el mundo y Dios libre al posible inteligente hacer un comentario al respecto. 

Desde luego que hay que ser muy inteligente para hacer un comentario que parezca amable a primera impresión y resulte venenoso a la segunda, es decir, una vez digerido. Cómo decir algo simpático a aquellas chicas que, a la postre, les sirva para tomar conciencia de su desvarío. Cuando paseo por el muelle del pesquero veo con frecuencia, porque sin duda es una moda, a chicas por lo general, aunque también a algún chico, besando con fruición en el morro a sus perros. A veces les suelto, así, al tresbolillo, "a falta de pan...". Se me suelen quedar mirando con expresión bobalicona, como de estar pensando, ¿qué habrá querido decir este puto viejo?

Hoy me envían un artículo sobre gramaticalización, o sea, el proceso que sufren las palabras cuando pasan de su significado original a otro metafórico. En el caso del pan, los besos en la boca de una persona, a las tortas que suponen los besos en la boca del perro. Ya saben que la leyenda urbana atribuye a María Antonieta aquello de que, si piden pan, que les den tortas. Entiéndase: si piden libertad, que les den hostias. 

En fin, que mundo éste que nos ha tocado vivir. 

jueves, 11 de abril de 2024

Mujeres

 Me reflexiona Santi esta mañana acerca de Casanova. Casanova es un símbolo en lo que a las relaciones de los hombres con las mujeres hace. Él las trata a todas con delicadeza, pero su objetivo primordial es follárselas. Como es un ser bien dotado, tanto físicamente como intelectualmente, raro es que no consiga su objetivo. Y ya no te digo, cuando se hace famoso por medio de su evasión de la cárcel del Plomo en Venecia. Las mujeres, sobre todo las guapas, se pirrian por los famosos o poderosos. 

Casanova, en realidad, es todos los hombres. Bueno, todos los hombres heteros, para que nadie tenga nada que objetar. El pensar en las mujeres se lleva buena parte de nuestro tiempo. El mismo, supongo, que a las mujeres les lleva pensar en los hombres. Y el caso es que no por mucho pensar en este asunto las cosas se resuelven mejor. Los relaciones de los dos sexos son conflictivas por naturaleza, más que nada, supongo, porque la razón se da de tortas con la biología.  

La táctica de Casanova es la ideal para que no surja el conflicto. Tan pronto nota que el deseo da muestras de ceder se las apaña para buscar un sustituto que satisfaga las expectativas de seguridad de su partenaire. Las mujeres, seguramente por su particular biología, tienen una tendencia innata a ser sensatas respecto de la estabilidad. En los hombres, sin embargo, también por biología supongo, la fidelidad es una autoimposición dolorosa. Una renuncia, en definitiva.

Así que, todas estas cosas del feminismo y tal, a mí me la bufan. Torcer el brazo a la naturaleza sería lo último que osaría intentar. Al respecto de las mujeres, siempre me deje llevar por el instinto. O sea, toda la vida un puro desastre, pero sin que nunca llegase la sangre al río.  

miércoles, 10 de abril de 2024

Divinas veleidades

Ando por las acaballas de las memorias de Casanova. Me falta un cinco por ciento, lo cual, dada su extensión es el equivalente a una novela larga. Anda ya acercándose a los cincuenta, lo que en sus tiempos era una edad considerable, a las puertas, como quien dice, de la vejez. Ha estado unos días en Nápoles en casa de un aristócrata viejo y gotoso que está casado con una joven bellísima. Esta joven es la hija que tuvo una señora a los pocos meses de dejar su relación con Casanova. Como se suele decir, blanco y en botella. El caso es que el viejo gotoso no puede haber coyunda y ve con estupendos ojos que Casanova le eche una mano para conseguir el heredero que necesita. Casanova se tira allí unas semanas en plan picotazo y al alero y luego se va con la satisfacción del deber cumplido. Lo de padre, hija, pelillos a la mar. 

De Nápoles se va a Roma. En Roma la cosa va de cardenales, princesas y gente de mal vivir. Hay allí un albergue para chicas sin recursos que tiene una bien estudiada política para que nada se desmadre. Por una casualidad Casanova entra en contacto con aquella institución y a los cuatro días lo pone todo patas arriba. Hay en el albergue una chica de una belleza sin par que le vuelve loco. Casanova se pasa el día afilando sus colmillos sin por ello conseguir clavarlos en aquel cuello angelical. Es una forma repulsiva de hacer el baboso y, todo ello, con la anuencia de princesas y cardenales que se diría están haciendo el papel de celestinas o, si quieren, de mamporreros. He tenido que echarle mucha voluntad para seguir con esa parte del relato. Al final, no se puede saber, ni falta que hace, como acaba ese episodio porque las memorias dan ahí un salto en el vacío y pasan a otra ciudad en donde nos encontramos un Casanova dedicado al estudio. 

Estamos en el famoso siglo de las luces. Hay una, digamos que élite social, que no se para en mientes. Con ir a misa y confesarse tienen bula para cometer todo tipo de tropelías. Y el caso es que se trata de gente de lo más ilustrada. Tanto, que se diría se consideran con medios para desafiar a Dios. Es el pecado que peor soporta Dios, el de soberbia. Tengan en cuenta que esas aventuras de Casanova trascurren cuando ya apenas falta una década para que comience el baile de las guillotinas. Ya se sabe que nada para cegar el entendimiento como la soberbia que trae de la mano el pretendido conocimiento. Y así fue que toda aquella gente tan lista no vio venir lo que estaba por llegar que no era otra cosa que el fin de sus divinas veleidades.  

martes, 9 de abril de 2024

Laura

Siguiendo con mi periplo barojiano, ahora ando con Laura, una novela de madurez que publicó en Buenos Aires el año cuarenta, o sea, recién acabada la guerra. No he leído todavía muchas páginas, pero se hace ya evidente que Laura es un ideal de mujer para Baroja. Aparentemente frágil, discreta y cultivada, estudia medicina en San Carlos. Andan por entonces los días que precedieron a aquello que unos llamaron alzamiento nacional y otros rebelión fascista. Por debajo de la normalidad del ambiente que rodea a Laura, los detalles que adornan el relato dejan patente que se está mascando la tragedia. Digamos que es una sociedad enferma de ideología. Solo Laura parece salvarse. 

La ideología, sin la menor duda, es una enfermedad del espíritu, peligrosa donde las haya. Gente convencida de que sabe cómo tienen que ser las cosas, no las importantes, sino, sobre todo, las superfluas. No hay más que ver como tiene la gente las casas para darse cuenta de lugar que lo superfluo ocupa en sus vidas. Lo superfluo es, en todas sus acepciones, el cáncer que arruina la vida bajo la capa de alegrarla. 

Ya les iré contando acerca de Laura. Ahora lo que me intriga es ese mascarse la tragedia que tan magistralmente está descrito en la novela. Esa epidemia de ideología que es como la confusión de las lenguas cuando lo de la Torre de Babel. Los extremos, comunistas y fascistas, que se tocan y saltan chispas, precisamente porque las dos ideologías son lo mismo, es decir, que las dos se sustentan en la idea de que quitar cualquier atisbo de libertad al individuo es la solución a todos los problemas... una verdadera imbecilidad que ya hemos visto, y seguimos viendo, el tirón que tiene entre los faltos de cacumen. 

Y ahí reside la enjundia de todo este Cafarnaú, en que los con poco cacumen no quieren oír hablar de cuentas porque, como se decía antiguamente, son de letras. Y esa es la tragedia que sin saber llevar las cuentas nada funciona. No otro es el mensaje de Milei: dejadme cuadrar las cuentas y todo lo demás se nos dará por añadidura. No hay ni puede haber otra ideología que cuadrar las cuentas. Cuando se dejan de cuadrar hay que inventarse mil mentiras para despistar al acreedor. Pero, ya lo dice el refrán, que antes se coge al mentiroso que a un cojo... que es en lo que estamos. 

lunes, 8 de abril de 2024

Mundo feliz

Allá por los últimos sesenta y primeros setenta había una editorial en Francia de nombre Ruedo Ibérico, que hacía las delicias de toda la juventud rebelde porque nos daba una visión de la jugada que era exactamente el reverso de la que nos habían venido dando desde nuestra tierna infancia. Algunos libros, como La Guerra Civil de Hugh Thomas o El Laberinto Español de Gerald Brenan, nos ilustraron bastante con una cierta ecuanimidad, pero había otros que usando de la sátira no tenían otra finalidad que demostrar que Franco era un tipo de muy pocas luces y más que escasa formación. Por supuesto que nos lo tragábamos con delectación sin el menor asomo de espíritu crítico. Pero, ¡ay!, los años, las lecturas y demás, van afinando el juicio y, lo que antes nos parecía la verdad alumbrada ahora lo consideramos burda propaganda... y el caso es que estoy seguro de que acertamos plenamente. 

La realidad incontestable es que Franco supuso un punto de inflexión decisivo en la historia de España. Puso al Estado en el lugar que antes ocupaba Dios. Nada novedoso por otro lado: hizo lo mismo que Bismark había hecho en Alemania medio siglo antes o, unos pocos años atrás, Ataturk en Turquía. Luego hubo otras versiones, como la de Mussolini en Italia, Hitler en Alemania, Stalin en Rusia... y un largo etc,, pero, en definitiva siempre era lo mismo: el individuo contaba una mierda y el Estado, como digo, era Dios. O el demonio, Leviatan, como le había llamado Hobbes unos siglos antes. En la práctica, no era otra cosa que: dame tu libertad y yo te daré pan. Porque ¿qué es la libertad sin pan? Que bien que lo comprendió la gente y, por eso, Franco, encarnación del Estado benefactor, a los cuatro días de gobernar era poco menos que Dios. 

Franco, de tonto, ni un pelo. En cualquier caso, mucho menos que los que trataban de ridiculizarle. Les ganó en la guerra y, luego, en la paz. Y tuvieron que esperar a que muriese de viejo para tomar el relevo sin poder cambiar más que cuestiones de matiz. El partido único de cuando Franco se dividió en varios a su muerte, pero sin variar un ápice la ideología estatista. Como dijo el mismo antes de morir a los que se temían lo peor: tranquilos, que todo está atado y bien atado. Y vaya que si lo estaba; han pasado ya cincuenta años y lo único que ha cambiado es que el Estado cada vez se mete más en nuestras vidas; hasta límites insospechados. Y, por supuesto, la propaganda de Franco por comparación a la de ahora, era de chiste. El Estado ha conseguido que se asocie a la palabra democracia el concepto de libertad, y ya no hay más que hablar. El mejor de los mundos posibles. Y al que le surjan dudas que vaya al médico a por pastillas. Aquel "soma" del Mundo Feliz de Huxley.     

domingo, 7 de abril de 2024

Pla y Pessoa

Dice Pla:

 "No tinc cap condició per a l´amistat. No mes estimo las persones que em poden ensenyar alguna cosa -i, un moment, les que em distreuen. Les efusions i atencions alienes em produeixin l´efecte de una vexació. Els elogis en fan venir febre."

Pessoa, va un poco más allá:

"Amigos, ninguno. solo unos conocidos que creen que simpatizan conmigo y que tal vez sentirían pena si un tren me pasase por encima y el entierro fuese un día de lluvia."

A Pla y a Pessoa les coloco en lo más alto de mi Parnaso particular. Pocas personas, pienso, me han ayudado tanto al poco encontrarme conmigo mismo que he conseguido en esta vida. También hay personas vivas por las que tengo la más alta consideración. Son las que me han acompañado por la vida, siempre enseñándome algo. Como es natural, su número se ha ido encogiendo como aquella piel de zapa que describiera Balzac en una de sus más memorables novelas. Supongo que ese es el proceso natural de la vida. Lo que no te enriquece, pierde interés. Y nada tan enriquecedor a estas edades como una conversación que consideras que ha sido inteligente. 

Hay quien dice que de todo el mundo se puede aprender algo. De joven quizá sí, cosas funestas por lo general, pero, de viejo, que no te vengan ya con milongas porque las pillas al vuelo. Es como si tuvieses un radar para captar la diferencia entre lo que viene del tópico de lo que viene de la reflexión. O sea, cien, sino es que es mil, a uno. Es lo que va del hastío de lo manido a la agradable emoción por la oportunidad que se te presenta de cavar un poco más hondo.  

A Dios Gracias, de vez en cuando, se me presenta la oportunidad de cavar hondo en mi conciencia por medio de la amistad. El resto del tiempo, pienso que ya conseguí no sufrir con la soledad. Quizá es que ya haya alcanzado esa distinción del espíritu, que decía Pessoa, que permite al aislamiento ser un reposo sin angustia. Claro que, cuando Pessoa dijo eso era todavía muy joven. ¿Qué hubiese dicho de haber llegado a viejo?

sábado, 6 de abril de 2024

Vaso idóneo

Me envía Santi el Compendio moral Salmanticense de Marcos de Santa Teresa. ¡Ay, si semejante joya se estudiase en las escuelas como paso preliminar a cualquier otra materia de índole especulativa! Digamos que a los doce años, con unos ciertos conocimientos ya de latín y gramática parda, sería la edad ideal para iniciarse en la epistemología de esa obsesión que se apodera de la mente tan pronto determinadas hormonas incrementan su presencia en el torrente sanguíneo. Porque es que se da el caso a esas edades en las que se adolece que no se sabe por donde vienen los tiros, lo cual, muy bien pudiera ser causa eficiente de la mala leche que se suele destilar tan pronto se ve un adulto en lontananza.

Para muestra de la profundidad del conocimiento analítico del Padre Marcos de Santa Teresa ahí va el siguiente botón:

“P. ¿Es verdadero pecado de sodomía el concúbito de una mujer con otra? R. Que sí; porque es ad non debitum sexum. Por esto ya se tenga dicho concúbito en un vaso, ya en otro, ya se ejecute por medio de algún instrumento, ya sin él, se dará verdadera sodomía; y por consiguiente se deberá declarar en la confesión. Será más grave el pecado, si se ejecuta por medio de instrumento; porque entonces sobre el indebitum sexum se añade indebitum instrumentum."

Y aquí va otro ejemplo por si no han quedado satisfechos:

"P. ¿El concúbito del hombre con la mujer in vase praepostero es verdadera sodomía? R. Que no lo es esencialmente, por no ser ad indebitum sexum, mas en el fuero externo se reputa por tal, por la similitud que tiene con la verdadera sodomía, y así en dicho fuero se castiga con la pena ordinaria, que ésta. P. ¿Son sodomía los tactos lascivos entre dos hombres, siguiéndose de ellos polución? R. Que no; porque falta el concúbito, a no ser con afecto ad vas praeposterum; en cuyo caso el deseo o afecto contraerá la malicia de la sodomía. La polución o congreso tenido in ore sive viri, sive feminae, aunque no sea sodomía, trae consigo una deformidad gravísima que debe manifestarse en la confesión.”

El caso es que el Padre Marcos de Santa Teresa sabe tanto de todo esto de oídas, porque hemos de suponer que por la praxis nada de nada porque, de lo contrario, a qué viene lo de consagrarse a Santa Teresa. Pero, claro está, no de cualquier tipo de oídas, sino de las que se extraen de la mente de los penitentes por medio de los interrogatorios de confesionario. Por así decirlo, escarbando en la herida... aunque esto de la herida es relativo, ya que, si el concúbito es placentero, recordarlo al confesarlo puede no ser menos. 

Sea como sea, lo que no se puede negar es que pocas tareas serán tan extenuantes como la de dedicarse a salvar almas de las penas del infierno. Supongo que hay que ser muy especial para eso... aunque si lo miras por el lado práctico, no deja de ser un modus vivendi como otro cualquiera. No muy diferente, supongo, al de esos que dicen dedicarse a la política porque tienen vocación de servicio. Pero, en fin, aquí de lo que se trata es de que todos vertamos en vaso idóneo como Don Quijote aseguraba hacer él.  

viernes, 5 de abril de 2024

Mono

Hoy estoy experimentando la extraña y desagradable sensación de lo que en términos populacheros se conoce como mono: la supresión súbita y radical de una adicción. Ayer, de pronto, el teléfono me dejó de funcionar. Una cosa de lo más natural porque toda tecnología tiene un límite y todo aparato una obsolescencia programada, como dicen los entendidillos. Y sí, lo sabes a ciencia cierta, pero no cuentas con ello. Sin darnos cuenta, todo esto de la informática, o lo numérico, o como se le quiera llamar, nos ha metido en un limbo de inocencia que nos ha convertido en esclavos de las ortopedias. Sin un teléfono, eres poco menos que nada. Es una tremenda constatación que me está llevando a reflexiones de lo más esclarecedoras. ¿Qué es lo que puedo hacer sin tener teléfono? Hago recuento y mi vida queda reducida a prácticamente nada que no sea irme a una residencia de ancianos.

A esto es a lo que nos ha traído este maravilloso progreso. A estar encadenados a una roca esperando a que baje el águila a roernos el hígado. Desde el lejano día en el que un casi mono se dio cuenta de que utilizando una estaca los golpes eran mucho más efectivos, la humanidad no ha parado de innovar. A los pocos días del primer estacazo un avisado comprendió que si abultabas un extremo de la estaca y golpeabas con él ganabas en efectividad: había inventado la clava de Hércules. Luego le puso un clavo asomando por el extremo gordo: más efectividad. Siempre ganando poder. Siempre acercándonos un poco más a los dioses tal y como nuestra imaginación les había concebido: ubicuos, omniscientes, o sea, con un poder sin límites.

Sin límites, así es como se sienten los humanos en estos días seguramente crepusculares. Van en sus coches conectados y, hasta que no tienen que aparcar, que es como aterrizar en la realidad, se comportan como si estuviesen sentados a la mesa del Olimpo: llegan a donde quieren en un plis-plas, preguntan a un aparato lo que necesitan saber y, al instante, son satisfechos. Por eso es que al menor contratiempo que alguien les provoca tocan el clason como si les hubiesen mentado a la madre. Los dioses, por su propia naturaleza, exigen vía libre.

Vivimos, como les decía, en un limbo de inocencia. Nos hemos autoimpuesto la obligación de ignorar que toda sofisticación trae aparejada la fragilidad. Y esa es la realidad candente, la fragilidad. Por eso es que la chusma dominante nos tiene todo el día con la cosa de la seguridad. Toda esta asfixia burocrática, que en el fondo no es otra cosa que el águila que nos roe el hígado, es el precio a pagar porque no se venga abajo todo el tinglado. Es una absoluta condena de por vida. Ya lo dijo el poeta hace siglos:


¡Oh expulsados del cielo, horda maldita!,

exclamó en el umbral horripilante,

¡¿dónde vuestra jactancia se acredita?!

¡¿Por qué ese resistir recalcitrante

contra una voluntad que el fin no falla

y hace que vuestra pena se agigante?!

¡¿Por qué contra el destino esa batalla?!

Si memoria tenéis vuestro Cerbero

pelado de pescuezo y jeta aún se halla.

jueves, 4 de abril de 2024

Avestruces

 ¿Se acuerdan cómo andábamos hace cuatro años por estas fechas? Todo, o casi todo, el mundo acojonado. Hoy día puedes hablar con cualquiera de cualquier cosa menos de aquello. Es como si se hubiese borrado de la memoria colectiva. Habría que preguntarse por el o los porqués de semejante olvido. Aunque también pudiera ser que en vez de olvido fuese vergüenza lo que motive el rechazo a recordar. Digo yo que será el avestruz que todos somos. La cabeza bajo el ala y aquí no ha pasado nada... hasta que llega el batacazo.

¡Por Dios bendito, aquello fue suficientemente gordo como para que a nadie se le olvide! Salías a la calle y de inmediato empezabas a escuchar los insultos que te lanzaban desde los balcones. Por no hablar de si te topabas con una pareja de la policía, que entonces era peor que si hubieses cometido un regicidio. Te hacían sacar todos los papeles, te apuntaban en esos aparatos que ahora llevan todos, te amenazaban hasta que se cansaban...  así fue la cosa por algo que no era nada como de sobra ha quedado demostrado. Y luego lo de las vacunas, que eso ya fue para alquilar sillas: tal fue la magnitud del espectáculo. De repente apareció una nueva casta de judíos a los que había que exterminar. En algunos lugares incluso se hicieron campos de concentración para recluirlos. Los locutores de la televisión se hicieron expertos en demonizar o los díscolos. De subnormales para arriba lo que quieran. A la postre, eran asesinos que andaban sueltos. Gente peligrosísima. 

Afortunadamente, la gente peligrosísima tuvo la oportunidad de comprobar que ese coco que llaman inteligencia artificial no es más que un mito. Como casi toda la ciencia, por otra parte. Los esfuerzos de las autoridades por controlar la información hacía agua por todas las partes. Incluso en las plataformas más intervenidas había grietas por donde se colaban los incontestables argumentos de los díscolos. Porque solo se necesitaban dos dedos de frente para desmontar el embuste. Desde luego, que el que no se enteró fue porque le venía bien ese consuelo de los desesperados del, cuanto peor, mejor. Y es que, señoras y señores, hay por ahí mucho desesperado camuflado de moralista. Nietzsche se hartó a escribir sobre esta curiosa paradoja. 

En cualquier caso, ¡qué mal! Porque pocas cosas hay más dañinas que las procesiones que van por dentro. Lo corroen todo. ¿O es que no notan ustedes la corrosión? Pues nada, sigamos con la cabeza debajo del ala que eso es muy divertido. 

miércoles, 3 de abril de 2024

Acción

Al final no pude con la conferencia de Viviani sobre Pascal. Ni tampoco puedo con los Pensamientos del mismo autor. Y no es que vaya yo a discutir los muchos méritos tanto del uno como del otro, pero cuando tengo la sensación de que alguien no se puede distanciar, tanto de sí mismo como de eso que ellos llaman su patria, me desmoralizo y me voy hacia otros ámbitos en donde me parece encontrar puntales para mis deterioradas convicciones. Por ejemplo en Baroja. Ahora ando con La Feria de los Discretos. Una Córdoba en la que a la bonhomía de los bandoleros de la Sierra se opone la decadencia vergonzante de la aristocracia. Por el medio, Quintín, un hombre de acción. Recuerda un poco a Curro Jiménez. 

Mis deterioradas convicciones, digo. Que eso es lo que da la edad provecta, el escepticismo a ultranza: la única manera de equivocarse menos es creer menos. Solo metiendo el dedo en la llaga se puede encontrar un poco de certeza. Aunque hay que tener mucho cuidado con las llagas porque como nos enseñó Guzmán de Alfarache los mendigos suelen ser expertos en simularlas. ¡Y hay tanto mendigo por ahí!

Pues eso, menos darle al coco y más acción. Meterse en líos, en definitiva. Vivir como si se fuese el protagonista de una novela de aventuras. Como Guillermo Brown: no quiero ni pensar en lo doblemente mierda que hubiese sido mi vida si de niño no me hubiera empapado con su escepticismo libertario.  

En fin, vamos a ver, porque hoy tengo un día con muchas movidas por delante. Como un Guillermo Brown cualquiera.

lunes, 1 de abril de 2024

La túnica sagrada

En uno de esos momentos de aburrimiento en medio de la Semana Santa, enciendo la televisión por la 13 que es la cadena de la Iglesia. Están emitiendo "La Túnica Sagrada". Me quedo colgado.  Me aviva el recuerdo de la primera vez que la vi; una de aquellos jueves o domingos, mediados los cincuenta, en los que mis padres venían a vernos a la ciudad en la que vivíamos a pupilaje y nos llevaban al cine. Es una historia impactante muy al estilo de los libros de Gorki, aquel escritor ruso que nos contaba como se iba consolidando el partido comunista. Porque esa es la cuestión, que el cristianismo y el comunismo, en sus inicios, primos hermanos. Su deriva posterior ya es otra cosa por cuestiones de inteligencia: en eso el cristianismo gana al comunismo por goleada.  

"Es de los nuestros", es una frase que los cristianos repiten muchas veces a lo lo largo de la película. Son todos buenos a rabiar. Con el espíritu inflamado de amor cósmico... hacia los de su cuerda, claro está. En cierta medida pude observar semejante actitud muy de cerca cuando estaba en los inicios de mi carrera profesional: en el sitio en el que trabajaba se instaló una célula comunista que poco a poco se fue haciendo con todo. Era gente con la que había confraternizado en mi calidad de tonto útil. Pero cuando sus intenciones me quedaron meridianamente claras, me aparté a un lado y empezó una deriva de desprecio por mi parte y odio por el suyo que me hizo la vida sumamente desagradable, lo cual, dicho sea de paso, me vino de perillas, porque fue el empujón que necesitaba para saltar por el portillo del caer en la cuenta de que lo mío no era aquello en la que estaba: me sentía encadenado y me desencadené de golpe sin pararme en mientes. Al final resultó ser, estoy convencido de ello, lo mejor que hice a lo largo de toda la vida.

Viendo esa película, recordando a aquella gentecilla, siento todo el horror de la pertenencia a algo concreto. Pertenecer a lo que sea es como confesar la impotencia de ser por ti mismo. Es, en definitiva, un ser defectuoso, mutilado, que solo puede andar con ortopedias. La ortopedia de la pertenencia. ¡Vade retro! Todavía hoy hay quien me recuerda que yo también pertenecí a aquello. Son los restos de su odio por el desprecio que les mostré. Nunca he pertenecido a nada, ni siquiera a la congregación de María Inmaculada que era casi obligatoria en el colegio. Seguramente esa aversión es una herencia paterna. Pero da igual, porque si la gentecilla, para sobrevivir, necesita recordarte como uno de los suyos, que lo haga. Yo, tengo la conciencia bien tranquila al respecto. Una cosa es transitar por las ideas a la búsqueda de un progresivo afinamiento y otra diametralmente opuesta es quedarse colgado de una de ellas que te proporciona el calor del rebaño: la túnica sagrada.