Allá por los últimos sesenta y primeros setenta había una editorial en Francia de nombre Ruedo Ibérico, que hacía las delicias de toda la juventud rebelde porque nos daba una visión de la jugada que era exactamente el reverso de la que nos habían venido dando desde nuestra tierna infancia. Algunos libros, como La Guerra Civil de Hugh Thomas o El Laberinto Español de Gerald Brenan, nos ilustraron bastante con una cierta ecuanimidad, pero había otros que usando de la sátira no tenían otra finalidad que demostrar que Franco era un tipo de muy pocas luces y más que escasa formación. Por supuesto que nos lo tragábamos con delectación sin el menor asomo de espíritu crítico. Pero, ¡ay!, los años, las lecturas y demás, van afinando el juicio y, lo que antes nos parecía la verdad alumbrada ahora lo consideramos burda propaganda... y el caso es que estoy seguro de que acertamos plenamente.
La realidad incontestable es que Franco supuso un punto de inflexión decisivo en la historia de España. Puso al Estado en el lugar que antes ocupaba Dios. Nada novedoso por otro lado: hizo lo mismo que Bismark había hecho en Alemania medio siglo antes o, unos pocos años atrás, Ataturk en Turquía. Luego hubo otras versiones, como la de Mussolini en Italia, Hitler en Alemania, Stalin en Rusia... y un largo etc,, pero, en definitiva siempre era lo mismo: el individuo contaba una mierda y el Estado, como digo, era Dios. O el demonio, Leviatan, como le había llamado Hobbes unos siglos antes. En la práctica, no era otra cosa que: dame tu libertad y yo te daré pan. Porque ¿qué es la libertad sin pan? Que bien que lo comprendió la gente y, por eso, Franco, encarnación del Estado benefactor, a los cuatro días de gobernar era poco menos que Dios.
Franco, de tonto, ni un pelo. En cualquier caso, mucho menos que los que trataban de ridiculizarle. Les ganó en la guerra y, luego, en la paz. Y tuvieron que esperar a que muriese de viejo para tomar el relevo sin poder cambiar más que cuestiones de matiz. El partido único de cuando Franco se dividió en varios a su muerte, pero sin variar un ápice la ideología estatista. Como dijo el mismo antes de morir a los que se temían lo peor: tranquilos, que todo está atado y bien atado. Y vaya que si lo estaba; han pasado ya cincuenta años y lo único que ha cambiado es que el Estado cada vez se mete más en nuestras vidas; hasta límites insospechados. Y, por supuesto, la propaganda de Franco por comparación a la de ahora, era de chiste. El Estado ha conseguido que se asocie a la palabra democracia el concepto de libertad, y ya no hay más que hablar. El mejor de los mundos posibles. Y al que le surjan dudas que vaya al médico a por pastillas. Aquel "soma" del Mundo Feliz de Huxley.
Obviamente lo de Franco fue una dictadura; pero para mí la cosa es muy simple: basta estar al tanto lo que hicieron en sus respectivos países los amigos de Negrín, Largo Caballero, la Pasionaria y Carrillo cuando, en lugar de perder, ganaron sus guerras revolucionarias. Un ejemplo para que se me entienda: el escultor del Valle de los Caídos fue un señor que, antes de la guerra, tenía carnet del PSOE. No hay ningún ejemplo similar en Rusia: el padrecito Stalin mandó a Siberia a todos los artistas que no eran de su cuerda. Y a muchos que sí lo eran también, no se le fueran a subir a las barbas.
ResponderEliminarAsí que pasen cien años. Yo no lo veré, pero con los ochenta y pico que han pasado ya se ve por donde van los tiros. El desenmascaramiento de la farsa ya está al cabo de la esquina. Eso de aparentar ser lo más opuesto es el viejo truco del almendruco para despistar el que eres exactamrnte lo mismo. Y lo de la dictadura igual. O peor, porque en ésta los impuestos son directos. Si no los pagas, directamente te los quitan. Con Franco tenías la opción de no consumir y, por tanto, no pagar.
ResponderEliminarSí. Hasta que murieron todos los que vivieron la guerra no se atrevieron a tanta estupidez. Homenaje a los defensores de la democracia, a los viejos comunistas y socialistas, para los que la democracia burguesa era el demonio...
ResponderEliminarPor lo demás, fíjate que, cuando lo de Franco, estaba la Prensa del Movimiento, que por lo menos tenía la decencia de llamarse así. El Nodo era propaganda sin complejos. La "Formación del Espíritu Nacional", la "Sección Femenina", la "Falange" como partido único, etc... Hoy tenemos también una prensa copada por el régimen, asignaturas en las escuelas que transmiten el pensamiento único, un sistema político en el que no existen partidos que, de forma real, se opongan a ese pensamiento único, estatista y defensor de los valores del análisis presentista de la historia y antiobjetivista de la realidad, según el que mi sentimiento y mi capricho vale tanto como tu conocimiento y tu esfuerzo.
Aquella Sección Femenina que tenía como musa a Beatriz Galindo. Vete tú ahora a preguntar a cualquiera de estas viragos quién era esa señora.
ResponderEliminarPresentismo antiobjetivista es una buena definición del pensamiento dominante en toda esta morralla que vive de la extorsión.