Hoy me llega por tercera vez y diferentes vías, un epigrama de Dostoievsky que reza así: "La tolerancia llegará a tal nivel que a las personas inteligentes se les prohibirá pensar para que no ofendan a los idiotas". Uno se pone a pensar dentro de sus limitaciones y llega a la conclusión de que ese nivel de tolerancia ha sido una constante en la historia de la humanidad, ya que a los inteligentes, si no a pensar, que prohibir eso es imposible, si se le ha impedido siempre, so pena de sufrir graves consecuencias, decir lo que piensan.
Ayer iba en el autobús y a mi lado iban dos amigas, por los treinta y tantos, en animada conversación. El objeto de la conversación era un perrito que llevaba en una bolsa en bandolera una de ellas, la que más aros tenía colgando de sus diversos apéndices. Entre palabra y palabra, ya una, ya la otra, sufría un arrebato de expresividad afectiva y acercaba su boca al morro del perro para, como vulgarmente se dice, comérsele a besos. Así corre el mundo y Dios libre al posible inteligente hacer un comentario al respecto.
Desde luego que hay que ser muy inteligente para hacer un comentario que parezca amable a primera impresión y resulte venenoso a la segunda, es decir, una vez digerido. Cómo decir algo simpático a aquellas chicas que, a la postre, les sirva para tomar conciencia de su desvarío. Cuando paseo por el muelle del pesquero veo con frecuencia, porque sin duda es una moda, a chicas por lo general, aunque también a algún chico, besando con fruición en el morro a sus perros. A veces les suelto, así, al tresbolillo, "a falta de pan...". Se me suelen quedar mirando con expresión bobalicona, como de estar pensando, ¿qué habrá querido decir este puto viejo?
Hoy me envían un artículo sobre gramaticalización, o sea, el proceso que sufren las palabras cuando pasan de su significado original a otro metafórico. En el caso del pan, los besos en la boca de una persona, a las tortas que suponen los besos en la boca del perro. Ya saben que la leyenda urbana atribuye a María Antonieta aquello de que, si piden pan, que les den tortas. Entiéndase: si piden libertad, que les den hostias.
En fin, que mundo éste que nos ha tocado vivir.
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