domingo, 21 de abril de 2024

Librepensador

Entre las muchas palabras que he ido viendo desaparecer de la circulación a lo largo de mi vida está librepensador. Ya no se dice, o al menos yo no lo oigo, que fulano es un librepensador. Quizá sea así porque es un calificativo demasiado hermoso para ser soportado por los castos oídos de los corderitos. 

Pero no se me amoïnen que hay buenas noticias: el multimillonario Elon Musk ha decidido fundar una institución dedicada a la defensa de la primera enmienda. Y es que tampoco los corderitos soportan algo tan hermoso como ese añadido que se hizo a la constitución de los EEUU por el cual se garantiza que tienes derecho a pensar como te dé la gana, a proclamar lo que piensas a los cuatro vientos y a adorar al Dios que más te mole.  

Orwell decía que los tiranos gobernaban por medio de la mentira y la fuerza. Mientras la mentira funciona necesitan poco de la fuerza. Pero cuando la mentira es de dominio público, échate a temblar porque sacarán a relucir la cachiporra. Los corderitos no vieron o, más exacto, no quisieron ver como, muy recientemente, los tiranos sacaron la cachiporra para atizar a los que no se quisieron tragar la mentira de marras que todavía colea y lo que te rondaré morena. 

Así que no se engañen de enemigo. Porque son los tiranos, sí, qué duda cabe, pero serían irrelevantes si no existiesen los corderitos, que a esos sí que es difícil combatirlos. Ellos adoran a los tiranos porque les eximen de toda responsabilidad. Un corderito vive, como quien dice, toda su vida en el limbo. Obedeciendo. Solo tiene que estar atento a los ladridos de los perros y seguir sus indicaciones. 

¿Saben por qué me gusta tanto Baroja? Aunque a veces se pone un poco castaña, lo reconozco. Pues me gusta porque es el escritor más genuinamente librepensador con el que me he topado. Primo hermano de Rothbard.  

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