lunes, 22 de abril de 2024

Argos

Ayer me envió Santi una película de Sáenz de Heredia titulada Los Derechos de la Mujer. El guion está sacado de una comedia del prolífico Alfonso Paso. La estuve mirando un rato y me pareció que estaba muy bien en todos los aspectos: dirección, interpretación, tema, etc.. Desde luego que, nada que envidiar a las de Berlanga o Almodóvar que tanto alabamos en su día. Y esa es la cuestión, ¿por qué despreciábamos aquel cine por principio? Sin duda, tuvo que haber por ahí una gentuza con un poder de convicción considerable. Alguien nos enseñó a argumentar ad hominen. Algo era bueno o malo, no por la cosa en sí, sino por quién era el autor. Sáenz de Heredia había hecho aquella película hagiográfica sobre Franco y con eso ya estaba todo dicho: si veías algo de él, quedabas contaminado. 

En una novela de Baroja hay un personaje al que le va bien en la vida, más que nada porque ve con sus propios ojos. Ver con los propios ojos es el privilegio de los inteligentes. Yo como no lo fui, tuve que verlo todo con los ojos de los otros. Caí demasiado tarde en la cuenta y, aunque salté, ya era tarde: el mal ya estaba hecho. 

Me imagino que lo que me pasó a mí es lo común. De no ser así sería imposible explicarse este mundo tal como es. En cualquier caso, los griegos ya se habían dado cuenta de esta carencia de los humanos y por eso inventaron al dios Argos, el de los cien ojos. También conocido como el vigilante de los dioses. A Argos no se le pasaba una porque veía por sus propios ojos. Ni siquiera Zeus le podía engañar. 

Pero, bueno, como dice Gracián, lo importante en esta vida a la que venimos inocentes, es dar con el portillo del caer en la cuenta y atreverse a saltar por él. Entonces, una vez saltado, vas y te pones a ver las películas de Sáenz de Heredia, que como digo, están muy bien. Y, como esas películas, otras mil cosas de las que te privaste por no haber aprendido todavía a mirar con tus propios ojos. El caso es que Argos te conceda el don de dar con el portillo cuando todavía estás en condiciones de saltar. Porque si le descubres de viejo y lo intentas lo más probable es que te pegues un batacazo... aunque tampoco esa es mala forma de morir.  

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