sábado, 27 de abril de 2024

No apto para chachas

Las Memorias de Casanova terminan abruptamente cuando todavía no ha llegado a los cincuenta. Lo que se sabe de él a partir de ese momento es por referencias. Que está de bibliotecario en casa de un príncipe, o conde, centroeuropeo, y que está desesperado porque, al ser pobre, no tiene independencia. Pero su mayor problema no es el dinero, como él parece creer, sino algo muy común en los aventureros: no saber envejecer ni adaptarse a los tiempos. Ha llegado la revolución y, con ella, el cambio de los usos y costumbres. Eso de tener un criado que viene todas las mañanas a hacerte el pelo se ha convertido en algo que da risa a la gente. Casanova no lo entiende y sufre por ello. En definitiva, es un necio.

De hecho, no son pocas las veces que a lo largo de sus interminables memorias se tiene la sensación de esa necedad rampante. Su adicción al lujo, al juego y a las mujeres da dolor. Lo que es capaz de hacer y gastar por echar un polvo da una clara medida de su inteligencia. Su obsesión por desvirgar adolescentes es una patología repugnante. Es imposible desligar su capacidad de seducción de su derroche pecuniario. Así, no es que cualquiera puede ser Casanova, pero solo un tonto no reconocería que con el dinero se allana mucho el camino hacia el templo del amor, como él lo llama, y más si el templo es el de una adolescente que, sabido es que a esas edades todavía se sueña con príncipes encantados. 

En cualquier caso, esas memorias, aparte de ser un retrato psicológico, a mi juicio excepcional, de una obsesión sexual muy por encima de la que suele ser común, son también una magnifica exposición de las patologías sociales que inevitablemente conducen a las revoluciones. El mundo de lujo en el que se desenvuelve Casanova es, aparte de ridículo, insoportable. Los nobles viven como en un olimpo, totalmente desentendidos de las miserias de los humanos. Eso, nunca puede durar mucho. El siglo XVIII, que llaman de las luces, es el del inicio de la revolución tecnológica, cosa a la que, por cierto, Casanova no presta la menor atención. Sin duda, vivía en los laureles, que es la mejor manera de llegar a una vejez desgraciada.

Por lo demás, yo diría que esas Memorias son excelente literatura. Y, por eso mismo, no apta para chachas. Podrían acabar pensando que son lo que son. Entre polvo y polvo hay mucha filosofía, fina psicología, costumbrismo y todo lo que hace que a una obra literaria no la desgaste el paso del tiempo... la prueba del nueve como quien dice... aunque, a la hora de la verdad, la prueba del nueve tiene un diez por ciento de fallos. Pero eso es otra historia. 

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