sábado, 20 de abril de 2024

Esperpentos

Esto cada vez se parece más a un esperpento de Valle. Pocos quedarán ya de los que vieron representar los esperpentos de Valle en aquel Madrid de los sesenta. En aquellos tiempos, respecto del teatro, Madrid era una fiesta. Rara era la semana que no hubiese algo de lo que sorprenderse y poder hablar largo y tendido. Se respiraban aires de libertad por todas las artes a la vez que la ciudad se expandía y se llenaba de coches hasta el culo. Pero, a lo que iba, que es a lo de los esperpentos. He visto en YouTube el título de numerosos vídeos en los que se anuncia que la ministra de sanidad ha dicho que los que se vacunaron lo hicieron voluntariamente, así que, a reclamar al maestro armero, expresión, ésta, que no sé si entenderán la mayoría de mis lectores, porque, desde que no hay mili obligatoria, las cosas del lenguaje han cambiado bastante. 

Eso es el esperpento, un cinismo desbocado. Más o menos lo que siempre acaban por poner en práctica todos los poderes que empiezan a sentirse en la cuerda floja. ¿Cómo van a aceptar que se indemnice a un perjudicado por la vacuna de marras? Sería como abrir las compuertas de una presa, porque hay millones de perjudicados que acudirían raudos como el viento a exigir lo que se les debe por justicia. Así que no queda más remedio que sostenella y no enmendalla mientras el cuerpo aguante. Es decir, tapar una mentira con otra más gorda y dejar que la bola ruede cuesta abajo hasta sea tan grande que lo arrolle todo a su paso. Eso es el esperpento.

Ayer tuvimos otra representación en Bruselas de la que se hacían eco numerosos titulares en YouTube. Las autoridades de allí decidieron suspender una convención política de los conservadores europeos. Justificaron su decisión en el supuesto de que esa convención iba a poner en peligro el orden ciudadano. Para empezar, calificaron a esos conservadores de extrema derecha. Una forma como otra cualquiera de denigrar para preparar el terreno. La realidad del asunto es que las actuales autoridades presienten que esos conservadores tienen muchas posibilidades de desplazarles de sus poltronas. Es natural que se defiendan. Lo que pasa es que para ello no tienen, de momento, otra herramienta que el esperpento. Habrá que ver que hacen si les falla, porque, entonces, la tentación de todos los poderes que son, y en el mundo han sido, es el recurrir al uso de la fuerza. Sea como sea, a las veinticuatro horas de emitir la prohibición se tuvieron que bajar los pantalones y los conservadores comenzaron a debatir con el redoblado brío que proporciona la sensación de recién haber ganado una batalla. De chiste, ya digo.

Y, mientras tanto, los jóvenes que me rodean, el que no es un nómada digital, canta en un escenario o rueda una película o se ejercita en el violonchelo. Así que, yo, tranquilo, porque veo que hay vida más allá de las palabras huecas que pronuncian los que no saben hacer nada. 

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