Los blues tienen miga para dar y tomar. Ando estos días con ellos y no sé a qué atribuirlo. Agarro la guitarra y de forma espontánea me sale su machacona cadencia. Luego voy a YouTube y pongo a cualquiera de aquellos bluseros de antaño -John Lee Hooker, Luther Allison- y me tiro horas dejándome arrastrar. No debo de ser el único que tal hace a juzgar por los millones de visitas que tienen sus vídeos. Yo diría que los blues tienen algo de psicoanalítico. O más, al menos, que otros tipos de música. Sobre una estructura elemental de doce compases se dejan correr las ideas tal como el inconsciente las va escupiendo. Y eso sí, haciendo coincidir los momentos más tensos del discurso íntimo con el tritono -cuarta aumentada/quinta disminuida-. En eso consiste su magia, en la insistencia en esa nota de tan difícil pronunciación para los profanos. Una nota que, por lo que sea, sintoniza con los ánimos alicaídos... tan difundidos entre la especie humana. Por eso debe ser que es esa nota, ese salto interválico, el que usan las ambulancias para que nos apartemos.
En fin, en esas estamos, un tanto alicaído, quizá por haber bajado la guardia respecto a mantenerme al margen de lo que no me concierne.
A finales de los 80 o principios de los 90,ya no lo recuerdo , coincidí por casualidad con Albert Collins en un ascensor ,creo que era, del hotel Hyatt de Colonia. Estaba a punto de cerrarse la puerta ,cuando un pedazo de negro muy negro se coló en el ascensor ,cargado con dos monstruosas fundas de guitarra. Yo no le reconocí. Me pidió amabilísimamente en inglés, como solamente pueden pedirlo los negros educados, si podía presionar algún determinado piso , ya que era evidente que no le sobraba ninguna mano. En estas , intercambiamos un par de sonrisas( el tipo derrochaba simpatía) y yo me bajé en mi piso. Días después vi su foto en el periódico local, y caí en la cuenta de quién era. Nunca he sido muy blusero, aunque me pirra el Jazz. Pero reconozco esa magia , casi animal , que emana. Como de todas las direcciones musicales con vida propia. Flamenco, Bossa Nova, etc.. Es que no paramos de aprender, querido Pedro.
ResponderEliminarAsí es, querido Nacho, nunca paramos de aprender y que Dios no lo conserve. Nunca se me había ocurrido ponerme con los blues, pero ahora me he enganchado; debe ser por esa nota maliciosa, el tritono, que le da tanta personalidad. Y luego que te pones a escuchar a todos esos negratas de los años cuarenta y no te cansas.
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