Imagínate que descubres que el tipo del que has estado tomando consejo médico necesita un perdón preventivo - supongo que se refiere al que le ha concedido el presidente Biden al Dr. Fauci-.
En los EEUU de América las cosas de la democracia son un poco diferentes de lo que son por aquí; por ejemplo, el presidente propone a sus ministros y, estos, para llegar a serlo, tienen que someterse a un escrutinio del Senado que es el que decide si el propuesto está capacitado para el cargo. Es decir, aquella es una democracia con ciertos filtros, por lo menos en apariencia, porque, como les voy a contar, la corrupción de las instituciones n´épargne personne, que dicen los franceses para dar a entender que nadie se libra.
El caso es que estos días el Senado esta escrutinizando a RFK JR., de los Kennedy de toda la vida. Trump le ha propuesto para el cargo de algo así como ministro de la salud. El eslogan que se trae entre manos este señor es make america healthy again -hacer que América vuelva a ser saludable-. Y es que, al parecer, las enfermedades crónicas se han disparado en aquel país de hace cincuenta años para acá. Solo hay que ver unas imágenes de la calle de cualquier ciudad de aquel país para darse cuenta de que ese dispararse de las enfermedades crónicas no es una leyenda urbana. Los porcentajes de obesidad mórbida que se ven son escalofriantes. Por no hablar de los porcentajes de niños medicados que es algo así como hipotecar el futuro de la nación. Niños condenados de por vida a no poder defender la patria si las circunstancias lo exigiesen.
Resumiendo, que aquella gente está hecha unos zorros; y unos pretenden poner coto al desastre y otros ponen pie en pared para que nadie cambie el estado de las cosas porque a ellos así les va de perlas. Hay que tener en cuenta que si un 50 o 60 por ciento de la población vive medicada alguien se tiene que estar forrando. Lo mismo que algo nocivo se tiene que estar consumiendo para que haya esos porcentajes de obesidad y diabetes.
En realidad, todo el que quiere enterarse sabe de sobra que el cascabel del gato son las industrias de la alimentación procesada y las farmacéuticas. Las unas fabrican los enfermos y las otra las medicinas para curar a esos enfermos. Por el medio, una clase médica hipertrofiada se come una buena parte del pastel. Así que las fichas están sobre el tablero del Senado estos días; si ustedes quieren pueden ver cómo se están moviendo. RFK, las blancas, los senadores financiados por las farmacéuticas y alimentarias, las negras. Mueves tú, muevo yo: la guerra es sin cuartel.
Qué pasaría si las farmacéuticas no hubiesen financiado las campañas electorales de esos senadores que tiran a matar. Cómo sería la práctica médica si los laboratorios no sobornasen con todo tipo de prebendas a los médicos. Y no es que lo diga yo, que hasta en sede parlamentaria lo dijo hace poco uno de los farmacólogos clínicos de mayor prestigio en el país, el del Hospital del Mar de Barcelona, concretamente, que el 90 % de los medicamentos que se recetan no solo no sirven para nada, sino que, en la mayoría de los casos, son perjudiciales.
Personalmente, hace mucho que me di cuenta de que todo lo que tiene que ver con el lado oscuro de la vida, la enfermedad en este caso, es inevitable que provoque una marea de corrupción a su alrededor. Por eso fue que siempre estuve a disgusto mientras ejercí la profesión de médico. Desde que el maestro que tuve en Oviedo me enseñó que se podía curar sin apenas medicamentos, me tuve que pasar el resto de mi ejercicio profesional espantando de la puerta de mi despacho a las mesnadas de representantes de los laboratorios que pretendían seducirme con sus ofrecimientos pecaminosos. Como no lo lograban, se dedicaban a denigrarme; estaban en su derecho porque, desde su perspectiva, yo era un mal ejemplo y ellos tenían que mirar por el pan de sus hijos.
En resumidas cuentas, vamos a ver qué pasa con RFK JR., aunque para el caso es lo mismo. A mi modo de entender, lo realmente importante de esa partida que se está jugando en el senado, es que hay una serie de ideas que hasta el presente habían sido tabú y que, de repente, han saltado a la palestra y están haciendo saltar chispas. Y es que el lado oscuro de la vida y el mal tienen tal afinidad el uno por el otro que, al final, es muy difícil distinguirlos. Lo que sí se distingue a la perfección son las consecuencias de ese maridaje... los mórbidos que vemos por las calles, sin ir más lejos.







