miércoles, 22 de enero de 2025

Divagaciones

De mis conversaciones mañaneras. Me dice: 

"Ya lo decía aquel griego: “Cultivemos el saber, no la erudición”. Para “saber” él usaba la palabra “polly-noia”, o sea, “pensar mucho” y por “erudición” utilizaba “polly-matheia”, esto es, “aprender mucho”. Porque el que aprende mucho pero no piensa casi nada es como el que se ha ido por el mundo como la maleta o el que ha comido mucho sin saborear."

Dar a las palabras su correcto significado. Esa es la cuestión. Cuando empecé a escribir, hace ya muchos años, mi mayor  dificultad estribaba en que me daba cuenta de que no conocía el significado de las palabras que quería usar. Por eso me pasaba las horas con el diccionario de la RAE entre las manos. Supongo que en ese desconocimiento del significado de las palabras que solemos usar esta la madre de nuestro pobre razonar. Es como si cada palabra fuese un teorema que debieras saber demostrar antes de usarlo para resolver un problema. Creo recordar que Feynman recomendaba descubrir por propia cuenta la demostración de los teoremas. De vez en cuando lo intento y acabo extenuado y sin poder hallar la solución las más de las veces. Seguramente, si los Elementos de Euclides hubiesen formado parte de mi instrucción, las cosas serían diferentes... pero esta es otra cuestión. 

Recuerdo que a mi madre le encantaban los acertijos. La verdad es que ella fue a un colegio muy bueno. Decían que el mejor de Madrid. Fuese como fuese, tenía una facilidad sorprendente para resolver los acertijos. En los tiempos de mi niñez, todas las revistas y periódicos traían su sección de acertijos; supongo que la cosa seguirá igual. El caso es que para resolver acertijos tienes que tener desarrollada la capacidad de abstracción. Saber relacionar información diversa. Es lo que se conoce como agilidad mental. Algo, que, sin duda, se desarrolla con la gimnasia.  

Gimnasia, tengo entendido, viene del griego y querría decir desnudez, Y el gimnasio sería el sitió al que se va a vestirse. Vestir el cuerpo y vestir el espíritu. El uno sin el otro es como ser de derechas o izquierdas, una hemiplejia moral al decir de Ortega. Quizá la hemiplejia del mundo comenzó cuando Platón se llevó el Gymnasium al jardín de Academos. A partir de ahí el gimnasio se empezó a llamar academia y, desde entonces, la cosa no ha hecho más que degenerar; en la actualidad, al gimnasio se va a vestir el cuerpo y a la academia a vestir el espíritu. Se ha perdido el equilibrio. 

En fin, perdonen mi divagar, pero es que comencé la mañana tratando de descifrar el teorema del ángulo inscrito y se me fue el santo al cielo. Voy a ver si cultivando un rato el músculo consigo aterrizar. 

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