lunes, 6 de enero de 2025

A voleo

La magia de las matemáticas consiste en que los problemas que te plantea tienen solución exacta. En todos los demás asuntos de la vida tiramos a voleo y sale lo que Dios quiere... nunca, por cierto, la solución definitiva; siempre quedan cabos sueltos que amenazan con desbaratarlo todo.  

En realidad, nada que no supiesen los antiguos: todos los problemas de la vida resueltos se traducen en un encadenamiento a la roca del ocio que, en definitiva es un estar royéndote los hígados hasta que te vence el sueño. 

Y ese es el gran problema de la humanidad, que ha inventado tantos cachivaches para poder abreviar el tiempo necesario para resolver sus problemas de subsistencia que ahora no le queda más remedio que seguir inventando cachivaches para solucionar los mucho más graves problemas que le plantea el ocio. Porque, no se engañen al respecto, si los problemas de subsistencia tienen dificultad, los que plantea el ocio son infinitamente más complicados... de hecho, son lo más parecido a estar en el infierno. 

Sí, no se hagan ilusiones, ésta es una sociedad infernal a causa de la cantidad de ocio que la gente se ha echado sobre las espaldas. No toda la gente, por supuesto, pero sí, diría yo, la mayoría. Es terrible: ves por la calle a miles de personas recogiendo mierda de perro en un intento desesperado de poder olvidarse por un instante de que no pinta nada en este mundo. Y, si no, tomando trenes y aviones para ir en pos de quimeras de las que regresan siempre con la correspondiente frustración que tienen que tratar de ocultarse a sí mismo por los más ridículos procedimientos -dando la vara al prójimo- so pena de sucumbir. Por no hablar de esos muertos vivientes que se demoran en las terrazas de los bares con la esperanza, quizá, de resucitar algún día. 

Bueno, las cosas son como son porque así han venido rodadas. El caso es no desesperar: siempre nos quedarán las matemáticas, y la música, que también es matemática, y, sobre todo, la teología, que es lo más matemáticas de todo. En fin, perdonen que me repita. 

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