viernes, 3 de enero de 2025

Viejos y jóvenes

El tiempo huye veloz... para los viejos. Para los jóvenes transcurre con una lentitud exasperante. Supongo que es una cuestión de expectativas. Las de los viejos son muy vagas, por no decir que inexistentes; por contra, las de los jóvenes son muy definidas y nunca se cumplen con la prontitud que se desea. Es la espera del deseo por cumplir la que dilata el tiempo.  

En cualquier caso, el rastro que deja el tiempo es cambiante; unas veces turbulento y otras mortecino. Recuerdo los años sesenta del siglo pasado en España en los que, de un día para otro, todo parecía cambiado. La gente solo se preocupaba de sus asuntos y así se pasó de padres analfabetos absolutos a hijos universitarios. Después todo se fue calmando hasta entrar en una calma chicha en la que la gente se aburría y empezó a ocuparse de la vida de los demás: la política lo invadió todo y de padres universitarios se pasó a hijos analfabetos funcionales... no por otra razón fue posible el montaje de la falsemia, una especie de canto de cisne de una época anodina a más no poder. 

Ahora, supongo, toca otra vez turbulencias. Solo hay que hablar con los jóvenes para darse cuenta. Mi nieto, a los dieciocho cambió Londres por Medellín y por allí anda trapicheando con criptos y tradings diversos que le permiten ser independiente: vete tú a decirle que si derechas e izquierdas... no, abuelo, yo leo a Rothbard, me dijo una vez que quise ponerme sesudo con él. 

Son los ciclos naturales: a una generación turbulenta le sigue otra descafeinada; Y vuelta a empezar. Ahora es la generación de mis nietos que vienen arrasando. Yo la llamaría la generación mestiza, o sea, con ADN purificado. 

Viejos y jóvenes. Sin y con expectativas. En fin, voy a ponerme con el Tico tico no Fubá a ver si acabo de una vez de tocarlo de corrido. Siempre se puede tener alguna expectativa por muy viejo que seas... aunque sin saber música, no sé...

 

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