Ya empieza a correr por ahí como reguero de pólvora el informe del Congreso de los EEUU sobre el asunto Covid. Es un informe que, si bien da la razón a los negacionistas, reaccionarios, anticientíficos, insolidarios y, hasta asesinos, de ayer, no por eso deja de permitirse la típica adversativa que no solo relativiza las atrocidades cometidas por los gobernantes, sino que, en cierta medida, las justifica: asegura, sin necesidad de demostración alguna, que con la vacuna se salvaron millones de vidas. Es el mismo argumento que utiliza el Anís del Mono para asegurar que es el mejor porque lo dice la ciencia y yo no miento. Y ¿saben cuál es lo maravilloso de todo esto?, pues que a la mayoría de los que leen ese informe lo único que les interesa es esa adversativa que justifica plenamente la decisión que tomaron de dejarse inocular. Es lo que tiene el haberse convertido en monos que solo creen en lo que les conviene creer para no derrumbarse.
Esta es una de las características más curiosas del ser humano: por lo general prefiere dejarse matar antes que reconocer que se ha dejado engañar. Porque una cosa es equivocarse por uno mismo, cosa que también suele costar reconocer, pero lo del engaño es sangrante porque es reconocerse más tonto que el engañador. Y es que cuando entramos en comparaciones las alarmas se disparan. Todo el mundo quiere ser de los mejores y le basta hacerse forofo de un equipo de futbol triunfador para creerse que ya lo ha conseguido. Funcionamos así: si tu equipo pierde, sufres lo indecible. Algunos, incluso, dejan de ir a bar por miedo a que le tomen el pelo.
Sea como sea que seamos los seres humanos, lo que no podemos evitar es que la verdad se vaya abriendo paso dejando las cunetas del camino llenas de cadáveres. Y es que, donde no hay inteligencia, sobra el amor propio que, a la postre, es lo que más mata. En fin, pelillos a la mar... y una pala mecánica para sacar los cadáveres de las cunetas porque si dejamos que se obturen se pueden producir grandes inundaciones; al respecto, viene un año complicado. Permanezcan atentos a las redes sociales que, curiosamente, han sido las primeras en decidir limpiar sus cunetas para que fluya la información sin cortapisas.
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