El otro día vi un pequeño extracto -creo que lo llaman clip- de un vídeo en el que el presidente Sánchez, subido en un estrado levantado al efecto, estaba pronunciando un trascendental discurso en el que, entre otras cosas, vino a decir que es fundamental censurar el contenido de las redes sociales. Y lo estaba diciendo en ese altavoz mundial que llaman Davos; para que se enteren todos, supongo. Yo le entiendo, porque sin censurar las redes sociales, él, y toda la gentuza que se le asemeja, tienen los días contados.
Las redes sociales son veneno para el poder entendido a la manera tradicional. Es decir, sustentado en la manipulación de las conciencias por medio de un escrupuloso control de la información que le llega al ciudadano común. Hasta nuestros días, eso había sido muy fácil de conseguir gracias, por una parte, al estar en posesión del monopolio de la violencia -al que decía algo inconveniente para el poder se le liquidaba y punto pelota-, y, por otra, por lo limitados y caros que eran los medios de difusión; con esas dos bicocas lo tenían chupado. Pero se han cambiado las tornas; ahora difundir información está al alcance de cualquier mindundi, dado lo cual el estar en posesión del monopolio de la violencia no sirve de mucho porque se iban a tener que cansar de matar gente para que la verdad no se abriese paso.
Así que, ojo al parche, porque las redes sociales están desmontando muchos mitos que parecían verdades consolidadas. Por ejemplo, el mito de la justicia social, el de la leyenda negra española, por citar solo dos entre los más significativos de los que se están viniendo abajo con gran estrepito por la cantidad de gente que se está quedando con el culo al aire. ¡Madre mía, la justicia social, la cantidad de gente que vive de esa cantinela! Ahí sí que funciona en todo su esplendor el conocido proverbio que asegura que el que parte y bien reparte se lleva la mejor parte. Así es que se ha creado una casta de repartidores que se han convertido en los reyes del mambo... como el presidente Sánchez, sin ir más lejos.
Lo de la leyenda negra es otra mandanga que se está viniendo abajo a pasos agigantados. No hay más que darse una vuelta por este barrio en el que vivo. Más de la mitad de la gente son los descendientes de aquellos a los que, según leyenda popular, masacramos. La mitad de la gente y el noventa por ciento de los negocios. Así es que ves a esas pandillas de jóvenes que salen de los institutos y te das cuenta de que el mestizaje continua. No, no se debió de hacer tan mal como dicen aquello de la conquista. Y la gente se está enterando, precisamente, porque las élites jesuíticas han perdido el monopolio de la información.
Por cierto, hablando de aquella conquista, ya me daría yo con un canto en los dientes porque se conservasen hoy día algunas de las instituciones que funcionaban por aquel entonces. Por ejemplo, la de tomar residencia a los cargos públicos. ¿Saben ustedes lo que era tomar residencia? Pues bien, si leen la Verdadera Historia de Bernal Díaz de Castillo verán que continuamente cita lo de tomar residencia. La cosa consistía en que a todo el que tenía un cargo público, dado a dedo, por supuesto, se le llamaba por el poder central para tomarle residencia, es decir para pedirle cuentas por la manera en la que había gestionado su mandato. Y todo el mundo tenía derecho a quejarse de él aportando sus pruebas. Por eso era que tanto gerifalte acabase en el trullo o, directamente, en la horca. ¡Se imaginan la fiesta que sería hoy día conservar esa institución! Pero se acabó con el fin de los Austrias y la llegada de los Borbones. ¡Qué desgracia!
En fin, que cada época tiene sus cosas y, ésta en curso, la de la libertad de información sin eufemismos. Por así decirlo, la criba ya no la tiene el poder sino que cada ciudadano tiene la suya. Claro que para usarla hay que esforzarse porque el material a procesar es inmenso. En cualquier caso, ya se están notando los resultados... ya verán como de aquí a dos días llaman al presidente Sánchez para tomarle residencia. Sin apenas apercibirnos estamos volviendo a los tiempos de los Austrias... otro mito negro que se está desmoronando.
Si hoy día tomaran residencia, se despoblaba el país
ResponderEliminarpor eso será que ya no la toman
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