jueves, 23 de enero de 2025

Silk Road

 Para el que no lo sepa les diré quien es Ross Ulbricht: es el fundador de Silk Road (Ruta de la Seda), una plataforma digital dedicada a la venta de todo tipo de sustancias medicinales prohibidas. Una plataforma que usa tecnologías de difícil rastreo y en la que los pagos se hacen en bitcoins para ponérselo todavía peor a la policía. Pues bien, a Ross Ulbricht le trincaron y le echaron encima dos cadenas perpetuas más cuarenta años (así de enrevesados son los sistemas judiciales); ya llevaba unos cuantos años en la cárcel. La noticia es que Donal Trump le ha indultado nada más llegar a la Casa Blanca. 

El tema de las drogas prohibidas es tan paradójico que es casi imposible no tener una opinión al respecto. En cualquier caso, hay a su alrededor una serie de hechos incontrovertibles que hacen que de paradójico pase a ser directamente ridículo. Para empezar, hay mucha más gente viviendo de la prohibición que de la producción y venta de dichas sustancias, lo cual, por las propias leyes del mercado, hace que sus precios skyrocketing, como dicen los ingleses de algo que se dispara hacia los cielos. 

Para seguir, debemos señalar que todas esas legiones de cancerberos a sueldo del Estado, aparte de estar en su mayoría corrompidas, para nada sirven a efectos de disminuir el consumo de esas sustancias. Yo diría que es más bien al contrario, ya que la prohibición añade a su consumo el aliciente de la transgresión, algo que siempre ha sido muy querido por las juventudes rebeldes. 

Solo añadiré una más -aunque podrían ser cientos- de las incongruencias de esa prohibición: gracias a ella las sustancias que circulan por el mercado carecen de cualquier control sanitario, lo que, a la postre, es su principal plus de peligrosidad. 

Por todo lo cual, celebro, y mucho, la decisión de Donald Trump de indultar a Ross Ulbricht. Pienso que es una cuestión de mero sentido común, algo que no habíamos visto en política desde los tiempos de Foción. Se diría que la mejor definición de político es la de persona carente de sentido común. Por contra, empresario, que es lo que es Trump, y me imagino que sería Foción, es quien actúa siempre pensando en las necesidades de los demás. De hecho, es conocer esas necesidades y saber cómo satisfacerlas lo que hace a una persona empresario de éxito. Y sí, ya sé que hay necesidades espantosas, que desafían el sentido común, o las leyes no escritas del cielo, si así lo quieren considerar, pero de nada sirve prohibirlas porque, para el que está mal en la vida, por lo que sea, nada le alivia tanto como disparar dardos hacia el cielo. Y nadie es quién para decirle a nadie que deje de disparar hacia el cielo mientras esos disparos solo vayan en perjuicio del que los dispara. Nada hace tan libre al ser humano como el derecho a escoger la puerta de salida, ya que no pudo escoger la de entrada. 

Por todo lo cual, estoy empezando a mirar el futuro -no el mío, sino el de la humanidad- con optimismo. Quizá un día de estos podamos empezar a dejar de decir que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y, por lo mismo, también podamos volver transitar por la Ruta de la Seda sin miedo a ser asaltados por los bandidos a sueldo de los Estados. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario