miércoles, 1 de enero de 2025

Seems like discrimination

 "When people get used to preferential treatment, equal treatment seems like discrimination."

(Cuando la gente está acostumbrada a un trato preferencial, un trato de igual a igual le parece discriminatorio.)

Esto es lo que dice Thomas Sowell, un intelectual estadounidense al que les recomiendo no echar en saco roto. 

Es lo que tienen las políticas igualitaristas que generan mucho resentimiento entre los que no se enteraban de lo que tenían hasta que lo perdieron en aras de la igualdad. En realidad, todo el mundo está pillado en esta trampa; quien más, quien menos, todos nos pasamos la vida perdiendo privilegios por un lado y tratando de conseguirlos por otro. Cuando el balance se siente como negativo, resentimiento al canto y búsqueda de resarcimiento. 

Y digo que se siente porque el ser humano vive condicionado por la subjetividad. En realidad, aquel famoso "conócete a ti mismo" socrático no es otra cosa que el aprendizaje del control de la propia subjetividad. Se trata de algo tan difícil que, como sostenía Pessoa, si te dedicas a ello no te queda tiempo ni espacio mental para otras preocupaciones: te lleva toda la vida.

Y ahí está la gravedad del asunto, que la gente huye de lo difícil como de la peste. En general, preferimos acogernos a los beneficios del resentimiento que, bien administrado, nos puede resolver la vida. Sí, sí, no se lo tomen a cachondeo, y miren a su alrededor con atención. ¿De dónde sacan su justificación multitud de instituciones públicas y privadas si no es de la necesidad de resarcir a los resentidos so pena de que todo estalle? 

Pongamos, sin ir más lejos, toda esta mandanga del feminismo. Es un movimiento social que comenzó justo cuando, debido al hallazgo de la asepsia, las mujeres dejaron de morirse de parto. Fue aquello una ventaja descomunal que no dejó de tener sus contrapartidas. La explosión demográfica ligada a la asepsia, e higiene en general, hizo que el papel de la mujer como máquina reproductora perdiese fuelle. La gente no tardó en estar hasta los mismísimos de tener tantos hijos. Entonces llegó el control de la reproducción y todavía fue peor para las mujeres porque, a partir de ahí, se desvaneció el mito de la fidelidad en aras de garantizar la autenticidad de la línea sucesoria. Con el invento pilula, ya, las mujeres perdieron el miedo a ser descubiertas y se pusieron a imitar a los hombres en la cosa del fornicio. O sea, la ansiada igualdad. Claro, de jóvenes, son las reinas del mambo, pero a la que pierden atractivo solo las queda el recurso al resentimiento para resarcirse en lo posible de su pérdida de los privilegios ligados al tira más pelo de coño que carreta de bueyes. 

En fin, cosas de la vida que nunca van a cambiar porque los dioses nos crearon pobres en recursos y ricos en expectativas. Seguramente es el castigo que nos merecimos por haber comido el fruto del árbol de la ciencia.  

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