miércoles, 15 de enero de 2025

De héroes y villanos


(Estoy orgulloso de que Telegram ha defendido la libertad de expresión mucho antes de que ello se convirtiese en políticamente inofensivo. Nuestros valores no dependen de los ciclos electorales de los EEUU. 

Hoy día, otras plataformas están anunciando que van a censurar menos. Pero el real test de sus recién descubiertos valores será cuando los vientos de la política vuelvan a cambiar. Es fácil decir que apoyas algo cuando ello no entraña riesgo.)

Pavel Durov, el dueño de Telegram, es un héroe de nuestros tiempos. Utilizó su privilegiada cabeza en la dirección correcta. Cuando los tiranos quisieron imponer por la fuerza su maquiavélica, o demoníaca, visión de la realidad, él se opuso con toda la fuerza de su inteligencia y consiguió un resquicio de libertad por donde, el que quiso, pudo informarse de la verdad de lo que estaba pasando. Por eso, ahora, tiene todo el derecho a decir, sin nombrar al pecador, porque además de valiente es elegante, que tipos como Mark Zuckerberg son unos miserables que solo saben arriesgan a toro pasado. Para que se entienda, el tal Marck vendría a ser como aquellos españoles que se hicieron antifranquistas una vez muerto Franco. 

Pero el miserable Marck -dueño de la plataforma Facebook, por si no lo saben- no se va a ir de rositas. Otros héroes no tienen reparo en señalarle por su nombre. Es el caso de Andrew Bridgen, un político inglés que arruinó su carrera en aras de la verdad. Dice Andrew: "Querido Marck Zuckerberg: ellos sobornaron y amenazaron a mucha gente. Cantidad de nosotros nos mantuvimos firmes, dijimos la verdad y pagamos el precio. Esto es lo que se llama integridad. La conducta que tú muestras ahora es lo que se llama cobardía. Aquel que huye una vez, solo vive para huir otro día. Usted podría haber salvado muchas vidas habiendo dejado a la gente hablar."

Pues bien, el tal Mack anda hogaño por ahí, a guisa de antifranquista de ocasión, dando entrevistas para acusar de malvados a aquellos con los que colaboró antaño de buen grado. Y claro, como es tan rico, los miserables corren a elevarle a los altares de la heroicidad. Pero no se engañen, porque como bien señala Andreu Bridgen, lo hizo y lo volverá a hacer a la primera que las tornas cambien. 

Éste, señoras y señores, es un mundo de héroes y villanos. Y conviene reconocer quién es una cosa y quién es otra. No por nada, sino para evitar en lo posible contaminarse. Porque no hay nada que se pegue tanto como la cobardía. Y es que el cobarde tiene una mente privilegiada para inventar excusas que hagan parecer que su cobardía es sentido común. ¡Y vaya que si cuela! Las masas circundantes se apuntan al invento y de inmediato se sienten a salvo a la vez que sabias. 

En fin, cada uno es cada uno con su conciencia siempre al acecho: de nada sirve disimular. Todo lo que hacemos, sentimos por dentro si agradó o no agradó a los dioses. Si fue que no, el alma se nos pudre. Por eso la de los villanos hiede. 

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