jueves, 30 de enero de 2025

¡Si oviesse buen señor!

Yo diría que la parte de la Biblia referente a la saga de los Macabeos está muy inspirada en las guerras del Peloponeso de Tucídides. Es la misma inestabilidad política que se traduce en un continuo cambio de alianzas. El amigo de hoy es el enemigo de mañana en función de los intereses de una oligarquía ambiciosa, pero, sobre todo, cateta. El desenlace de estas situaciones es siempre el mismo: un poder emergente arrasa con todo. Las guerras de Peloponeso se lo pusieron a huevo a Filipo el macedonio, cuyo hijo Alejandro, aprovechando el tirón, llegó hasta la India. Alejandro, antes de morir con falta de experiencia, repartió su imperio entre sus generales y a los cuatro días ya estaban como los griegos a los que habían derrotado un par de generaciones antes: todos aquellos generales, o sus herederos, a la greña. Así fue que llegaron los romanos y solo tuvieron que hacer política para apoderarse del cotarro. Y en medio de todo esto estaban los Macabeos, jefes de una tribu con un fuerte sentido de pertenencia. ¡Los buenos de la película! Al fin y al cabo, ellos fueron los que escribieron la historia. así que ¿por qué no dar una imagen favorable de sí mismo? Muy entretenido, en cualquier caso; seguro que da para una serie de Netflix.

Las oligarquías catetas es otra constante histórica. Te la encuentras por todas partes. Vayamos al poema de Mio Cid:

"Exien lo ver     mugieres e varones,

burgueses e burguesas     por las finiestras son,

plorando de los ojos      tanto havien el dolor,

de las sus bocas       todos dizian una razon:

¡Dios, que buen vassalo!       ¡Si oviesse buen señor!"


Aquí, todo el día está la chusma político/mediática dándole a la cantinela de los sistemas políticos, como si hubiese unas diferencias gigantescas entre unos y otros. Ya lo dijo Borges cuando le preguntaron sobre la democracia: "bueno, la democracia funciona donde funciona cualquier otro sistema político". Y es que la cuestión no es esa, sino si hay o no hay buenos señores, porque buenos vasallos los hay siempre a porrillo.  

Les voy a transcribir un discurso de Ronald Reagan para darles una idea de lo que yo pienso que es un buen señor: 

 

"Nosotros, la gente, somos los que dicen a los gobernantes lo que tienen que hacer. No nos lo tienen que decir ellos a nosotros; la gente es el conductor y el gobierno es el coche. Nosotros decidimos a donde debe ir el coche, por qué camino y a qué velocidad. 

La mayoría de las constituciones del mundo son documentos en los que los gobiernos dicen a la gente cuáles son sus derechos y, la gente a los gobiernos, lo que les está permitido hacer. 

Nosotros, la gente, nacimos par ser libres. Y espero que recordemos que no seremos libres a menos que los gobiernos sean limitados. Hay en eso una relación causa/efecto clara y predecible como las leyes de la física: a medida que los gobiernos se expanden, la libertad se contrae."


Recuerdo que durante el mandato de Reagan -casi toda la década de los ochenta del siglo pasado- no hubo un solo día que el periódico EL PAÍS no dedicase al menos una página a denigrarle. Como no encontraban otras razones usaban las ad hominem; estaban empeñados en que era oligofrénico. Y el caso es que El PAÍS era el señor que nos gobernaba por aquel entonces. ¡Aquellos polvos, estos lodos!

¡Reagan, aquel interludio de aire fresco en medio de la corriente de podredumbre! Hoy día, parece ser que la mayoría de los estadounidenses así lo reconocen. 

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