Desde el otro extremo del continente Euroasiático, me envían esta foto con la leyenda: "paisaje desde mi sillón. ¿Qué más se puede pedir?"
Qué duda cabe de que es un bello paisaje según y cómo se mire. Es decir, según lo que para ti signifique. Para mí, ahí está el núcleo duro del conocimiento humano. A partir de ahí puedes construir con ciertas garantías de solidez. Aunque, claro está, habría que saber qué cosa es eso que llamamos conocimiento. Porque frecuentemente tendemos a considerar que la erudición, en el sentido clásico de la palabra -el infinito en un junco-, lo es. Pero nada más lejos. Yo no veo que la mucha erudición garantice un sabio discurrir. Porque, pienso, el ansia de conocimiento no debiera, en principio, tener otra finalidad que la de afinar el propio discurrir.
Dice Gracián en el párrafo 28 de su Oráculo Manual y Arte de Prudencia: "Arte era de artes saber discurrir; ya no basta, menester es adevinar, y más en desengaños."
Tenían un discurrir muy elocuente aquellos sabios que polemizaban sobre el sexo de los ángeles, pero no adevinaron que los turcos estaban a las puertas de Constantinopla. Esa adevinación hubiera supuesto la "prueba" de que su discurrir era correcto. Sin duda no lo fue y pasó lo que paso. Porque ese es el asunto, que toda la mierda que se nos echa encima en esta vida es mayormente consecuencia de nuestro pobre discurrir... que, mucho me temo, no mejora mucho con todos los estudios que tenemos, quizá, porque les falta la base de ese núcleo duro que les decía.
Cada vez pienso más, como Gracián, que discurrir es el arte por antonomasia y, por tal, un don que regalan los dioses en distintas proporciones, Con el que son generosos no necesita mucho esfuerzo para no meter la pata; con el que fueron avaros, la seguirá metiendo por mucho núcleo duro que se embute. Sin embargo, como me demuestra la propia experiencia con la música, que es otro arte, el esfuerzo te ayuda a comprender lo limitado que eres... un gran paso.
Concluyo con una cita sacada de la cima de ese bello paisaje que les muestro, concretamente del Eclesiástico, de Ben Sirá:
El temor del Señor es síntesis de sabiduría,
cumplir su Ley es toda la sabiduría.
Más vale el de pocos alcances que teme al Señor
que el muy inteligente que quebranta la Ley.
Al final, lo que cuenta es la relación del hombre con la divinidad, o sea, con las leyes no escritas del cielo. Eso es lo que pienso.

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