viernes, 28 de febrero de 2025

La razón de la sinrazón

 Uno se ha pasado la vida tratando de buscar los tres pies al gato y, como debiera haber esperado desde el principio, no se los he encontrado. Y sigo en la brecha, leyendo y escuchando a sesudos interpretadores de la realidad; por así decirlo me pasa lo mismo que le pasaba a Don Quijote con los libros de caballerías: una especie de atracción fatal que solo puede tener como colofón la locura... la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, enflaquece mi razón. 

Cuando era estudiante en Valladolid, tenía unos amigos cuyo padre lo tenía claro: solo leía El Quijote y todo lo que se había escrito sobre él. Recuerdo que alguna vez fui a su casa panadera en Venta de Baños; tenía una extensión enorme porque se necesitaban dormitorios para quince hermanos más un estudio de pintura par la madre y la más que gigantesca biblioteca para albergar cientos, o miles, de ediciones de El Quijote, más todos los ensayos sobre el asunto que el hombre había podido encontrar a lo largo y ancho del mundo. Aquel hombre debía ser un loco muy cuerdo. De hecho, tengo idea de que sacó adelante a sus quince hijos en muy buenas condiciones. 

Así es que me parece que voy a pasar de tanto filósofo idealista y voy a volver al realismo de El Quijote. A ver si así recupero algo de salud mental o, lo que es lo mismo, sentido del humor, porque todos esos idealistas tienen eso, que te van matando poco a poco el sentido del humor y cuando te quieres dar cuenta estás convertido en un militante de cualquier cosa. ¡Qué horror! 

jueves, 27 de febrero de 2025

Convicción y desengaño

Sigo con la lectura de Pensamiento y Poesía de Zambrano y, también, con las conversaciones mañaneras sobre el particular. Y, entre unas cosas y otras, uno va teniendo destellos de comprensión de la realidad que bien pudiera ser que solo fuesen ilusiones. En cualquier caso, veo similitudes entre la condena a muerte de Sócrates y la infatigable saña con la que la humanidad en general ha venido persiguiendo a los judíos a lo largo de la historia. Y es que tanto el uno como los otros han puesto delante de los ojos de la humanidad la más insufrible de todas las verdades, que la razón es una herramienta muy limitada y de la que hay que desconfiar por sistema. 

Esto del sistema es muy curioso: se achaca a los españoles el no haber sabido pensar con sistema y, de ahí, esa imposibilidad de subirse al tren del progreso arrollador que recorrió la Europa de los siglos XVIII y XIX. Seguramente hay algo de verdad en eso, pero no menos verdad es que las grandes tragedias que han asolado Europa, y por extensión a todo el mundo, en el siglo XX, han sido la consecuencia de ese pensar con sistema del que tan ufanos se sentían los europeos del norte. Todas las ideologías nefastas, el nazismo, el comunismo, fueron hijas del sistemático pensar, es decir, de la entronización de la razón como Dios absoluto. Justo de lo que siempre desconfió por sistema el pensamiento español. Quizá porque estaba infiltrado de judaísmo, ¡vete tú a saber!

A la postre, lo de la pretensión de pensar con sistema no es otra cosa que la soberbia de Lucifer que Dios no pudo sufrir. O quizá, también, el fuego que Prometeo robó a los dioses con las consecuencias de todos conocidas. Ahí es donde pienso que pudiera residir toda la enjundia de este asunto, en creerse dioses o preferir, como Sócrates, los judíos, o quizá los españoles, temerles. Digamos que es lo que va de la soberbia a la humildad; dos maneras de la condición humana de difícil convivencia... no por nada, sino porque la soberbia es convicción y, la humildad, desengaño. La convicción de los europeos frente al desengaño español... es, quizá, lo que nos quiere decir la Zambrano.  

miércoles, 26 de febrero de 2025

Lenguas

Paseo por el muelle del pesquero y escucho multitud de idiomas. La tripulación de los barcos pesqueros es mayormente africana. Hay una colonia de gitanos rumanos que solo les falta encender un fuego para cantar a su alrededor. Moros en la costa, unos cuantos. Los eslavos, inconfundibles por su corpulencia, que andan por aquí escaqueándose de la guerra. Cada cual anda a su bola, mayormente mirando todos la pantalla de sus móviles. Pero hay un sitio en el que confluyen: el parque infantil que hay en medio del paseo. Los padres suelen estar en grupos por etnias, pero los niños que juegan andan todos mezclados; es como una anticipación de lo que va a ser la ciudad de aquí a poco. 

Me hablaba Santi esta mañana del vasco, una lengua a la que al parecer no se le conocen parientes. Por eso es tan difícil conocer sus orígenes. Así todo, un tipo llamado Michelena se puso a ello e hizo grandes descubrimientos sobre el particular. Tovar, que era por entonces maestro de maestros en lo referente a las lenguas, se enteró del asunto y se las ingenió para que la Universidad de Salamanca crease una cátedra de vascuence para dársela al tal Michelena. Corrían los cincuenta del siglo pasado y de entonces para acá la bola ha rodado y se ha hecho tan grande que algunos -los filósofos que les decía ayer- la han convertido en coartada para justificar sus aspiraciones secesionistas. Cosas que pasan. 

Siempre he sido un negado para los idiomas. Tampoco es que haya dedicado excesivo esfuerzo a su aprendizaje. Así todo, el inglés que aprendí fue decisivo para mi desempeño profesional. Cuando estaba en mis años más fecundos, había dos tipos de médicos en España, los que podían y los que no podían leer en inglés. Porque se daba el caso de que, por aquel entonces, la literatura científica en español era una auténtica birria. Pero bueno, batallitas aparte, la cuestión de los idiomas en sí es quizá el fenómeno natural más apasionante por misterioso. Todas las especies animales tienen algún tipo de código para entenderse entre sus miembros, pero la que más tiene comparado con los códigos de la especie humana es irrisorio. La especie humana, emitiendo sonidos ha conseguido un grado de compenetración sorprendente entre sus miembros. Con una mezcla de sonidos forma una palabra que sirve para identificar una cosa, un sentimiento; con una mezcla de palabras construye ideas con las que trata de entender mejor su entorno y de influir para controlarlo. A la postre, el más hábil expresando ideas se convierte en jefe de la manada y, por tanto, tiene más posibilidades de sobrevivir y trasmitir su ADN. 

Lo sorprendente es que para expresar exactamente lo mismo haya miles de combinaciones de sonidos diferentes. A la que un grupo humano vive aislado por un tiempo construye su propio código de sonidos. Cuando empieza a haber contactos entre grupos diferentes los códigos empiezan a mezclase y se forma un nuevo código. Así es que todas las lenguas son algo mestizas. Y es que es muy fácil intercambiar palabras porque la estructura de los idiomas tiene muchas variantes, pero en su esencia deben de ser bastante similares. Como dice La Bruyere, en todos los sitios donde hay hombres se piensa correctamente. Me imagino que se quería referir a que todos usamos la secuencia: sujeto, verbo y predicado. 

En todos los sitios donde hay hombres se piensa correctamente, pero no todos los hombres piensan con el mismo grado de corrección. Los hay que son virtuosos y los hay zafios. Así es que el lenguaje es lo que más marca las diferencias entre los miembros de una tribu. Y por eso es que se hagan tantos esfuerzos por mejorar lo que natura da. En fin, ahora que la gente se va a turistear con un device en el bolsillo que le permite entenderse con cualquier tribu extraña con la que se tope. 

martes, 25 de febrero de 2025

Docta ignorancia

Decíamos ayer, parafraseando a la Zambrano, que, ante el fracaso que es toda vida humana -inevitable y rotundo, añadiría yo- el filósofo y el poeta reaccionan de formas antagónicas. El uno busca y cree haber encontrado fórmulas para remediarlo y el otro se limita a analizarlo y, acaso, hundirse en él con regodeo. 

Así es que estamos como estamos, porque es mucho más fácil ser filósofo que poeta. Y es que, como dice Larra, a nada que estés mal tratas de solucionarlo encasquetándote una filosofía, que viene a ser como el bisoñé que se encasqueta el calvo, o sea, dos formas similares, e igual de ridículas, de tratar de ocultar, sin éxito, a los demás, la inmensa laguna que dejó en ellos de llenar la madre naturaleza.  

Así que, si quieres ser poeta, es decir, no dedicarte a dar pol saco a los demás tratando de arreglarles lo que no tiene arreglo, lo primero que tienes que hacer es reconocer el irremediable fracaso que es tu propia vida y tratar de aprender a sobrellevarlo con una cierta elegancia. Esa tarea te llevará toda la vida, nos dice Pessoa. 

El problema de mundo es que por cada poeta hay mil filósofos. Así lo quiere la madre naturaleza y nada podemos contra ello. No por otra causa es que en un país como España el número de leyes por las que nos regimos se acercan a las cien mil. Y no se crean que es un chiste que les estoy contando, no, ni mucho menos, es una realidad que pesa sobre nosotros como una losa, ya que, como bien se encargan de recordarnos cada día los filósofos, el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. ¡Agárrame esa mosca por el rabo! ¡Cien mil leyes, ya te digo!

Les diré todo esto de otra manera, recurriendo a algo que leí un día ya lejano: 

"..., y veía a Jesús que trabajaba al pie de la montaña mientras Lao-Tse ya había llegado a la cima; veía a un joven exaltado que quería cambiar el mundo y a un anciano que con resignación paseaba la mirada a su alrededor, tejiendo su eternidad con el retorno al origen. Veía a Jesús que, con sus rezos, conjuraba la realidad para que ocurriese un milagro, mientras Lao-Tse, en el libro del camino, se aferraba a las leyes de la naturaleza y adquiría con ello docta ignorancia. Bohumil Hrabal."


lunes, 24 de febrero de 2025

Pensamiento y poesía II

Quiero creer que, así como el músculo locomotor se va debilitando con los años por mucho que te esfuerces en conservarlo, el músculo espiritual se va fortaleciendo a poca atención que le dediques e, incluso, sin ninguna, porque ya se encarga de hacerlo la inevitable experiencia, que, como el vulgo sabe, es la madre de la ciencia. Comentábamos ayer estas cosas sentados al sol en un banco de los jardines Pereda. No sé si no serían más que reflexiones seniles en busca de consuelo, porque la realidad es que, aquellas excursiones que habíamos estado recordando poco antes, ya son imposibles para mí; sé que nunca más podré subir a la Peña Amaya a escuchar el concierto de las calandrias... aquella especie de comunión con algo que no sabía lo que era, pero que sentía como superior a mí. 

El músculo espiritual, que no sé si es un consuelo o la única meta con algún sentido que nos consiente la vida. Es el gozo de poder entender con facilidad un texto que años atrás te pareció abstruso. Poder captar la belleza de lo que antaño consideraste anodino. No necesitar el criterio de los demás para confirmarte en un juicio estético. Ese tipo de cosas que son como la cumbre de una montaña que te costó mucho esfuerzo alcanzar. Pensaba, por ejemplo, en lo que me costó leer a María Zambrano, allá, cuando andaba por la cuarentena. Intuía que era grandioso, pero necesitaba apoyarme en en el criterio ajeno para confirmarme. Ahora, sin embargo, es un regodeo continuo. Es como la comunión de los santos, algo que yo interpreto como una embriaguez o algo por el estilo. No les doy más la lata y transcribo: 

"... Pero la poesía no quiso curarse, no acepto remedio, ni consuelo para la melancolía irremediable del tiempo, ante la tragedia del amor inalcanzado, ante la muerte. Más leal en esto tal vez que la filosofía, no quiso aceptar consuelo alguno y escarbó, escarbó en el misterio. Su única cura está en la contemplación de la propia herida y, tal vez, herirse más y más. 

Aun otra cosa, muy decisiva: el pensamiento filosófico se presentó a sí mismo como desinteresado. <<De todos los saberes ninguno más inútil, pero ninguno más noble>>, nos dice Aristóteles. Pero no sabemos como vino a parar enseguida en poder y aún a pedir el poder con toda obviedad, según hace Platón en La República. No vamos a averiguar ahora como la filosofía, tan desinteresada, vino a engendrar la idea del Estado que nace de ella, sin esperar a mucho ciertamente. Y si Platón pudo arrojar de su república ideal al poeta, fue ciertamente porque el Estado, el poder, viniera a ser cosa del desinteresado saber filosófico.

Y mientras, el poeta vagaba entregado a la confusión de sus ensueños, ajeno en su poesía al establecimiento y afirmación del poder; tomaba el mundo tal y como se lo encontraba, sin pretender reforma alguna, porque su atención iba a lo que no puede reformarse, y porque ante el fracaso que implica toda vida humana, reacciona aceptándolo, y más aún: hundiéndose en él."

No sé a ustedes, pero en lo que a mí respecta ya tengo un poco más claro de dónde viene el Estado opresor y quiénes son sus artífices. Así que mucho cuidado, porque detrás de todos esos que estudian ciencias blandas suele haber tiranos en potencia. 

domingo, 23 de febrero de 2025

Pensamiento y poesía

Ayer por la mañana salí de safari por las librerías de viejo. Me había levantado con ganas de releer algo de María Zambrano. Mi objetivo era conseguir "El hombre y lo divino", un tema que me tiene la mar de entretenido en los últimos tiempos. Solo pude encontrar un tomito titulado "Pensamiento y poesía en la vida española". Pensamiento y poesía, dos formas muy diferentes de querer captar la realidad. Zambrano nos lo explica recurriendo a Platón.  

Platón nació poeta, pero quiso ser filósofo. Todos aquellos diálogos en los que Sócrates nos da la tabarra con la dichosa mayéutica, pretenden ser lo más de lo más de la racionalidad. Como si no quedasen grietas por donde poder colarse la duda. Sin embargo, personalmente, de todo lo que leí de Platón solo me ha quedado grabado a fuego su poética descripción del mito de la caverna. Ahí sí que construyó una metáfora que ha sido clave para entender lo que es la condición humana. Y es que los humanos somos seres simbólicos, o sea, que necesitamos rodeos para entender. Y no por nada, sino porque la línea recta de la razón de ninguna manera puede alcanzar a lo que por naturaleza es enrevesado. 

La filosofía, de Platón para acá, ha tratado de ser lo más racionalista posible, y cuando ha sido metafórica, como en Gracián, ni siquiera se la ha considerado filosofía. Por eso es que haya servido de bien poco, cuando no de mucho mal. Ahí tienen, por ejemplo, la traca final, el marxismo, pensamiento científico que le dicen, que como no quiere dejar resquicio a la duda lo primero que hace es matar a Dios. Y a la vista están los resultados: Cuba, Venezuela y, a la postre, todo este occidente decadente que pugna por sacudirse lo que se ha dado en llamar marxismo cultural. ¡Qué ingenuidad, querer entenderlo todo! Recurriendo a la ciencia, claro está. ¿Se acuerdan cuando lo de la plandemia que acusaban a los cuerdos de negar la ciencia? Pues así ha sido toda esta siniestra historia que nos ha llevado a donde nos ha llevado, a vivir todos con el culo prieto. ¿Nos pagarán la próxima pensión? Así son las cosas, se empieza negando a Dios y se acaba sufriendo por la pensión.  

sábado, 22 de febrero de 2025

Las mates

Recuerdo perfectamente que de chaval no se me daban mal las matemáticas. Lo mismo que la ortografía se me daba fatal. No así la gramática. Lo demás, la historia, la literatura, y así, ni siquiera recuerdo. Yo estaba allí, en la capital, aprendiendo con más o menos facilidad, pero lo aprendido no me decía nada. Siempre estaba deseando irme al pueblo, agarrar la caña y ponerme a pescar truchas. Tenía una fascinación enfermiza por el río. Luego se sucedieron las diferentes etapas de la vida, que, ni fu ni fa; ir tirando malamente, dedicando lo más del tiempo a salir de los malos pasos a los que la natural estulticia te arroja. Pero ya, muy de mayor, en un arrebato incomprensible, me dio por volver a las matemáticas y, ¡oh, sorpresa!, volví a sentir fascinación por algo. En menos de un año recuperé todo lo olvidado de mis años mozos, pero esta vez, cada nuevo avance iba acompañado por una sensación de maravilla: era como si de pronto hubiese empezado a creer en Dios. ¿Cómo es posible que la mente humana haya descubierto estas cosas? Sin duda hay en ello algo como sobrenatural. Creo que entonces entendí aquellas lucubraciones que le había leído hacía ya muchos años a María Zambrano sobre lo sagrado y lo divino. 

Suelo hablar mucho de estas cosas en mis conversaciones mañaneras. A la postre tratar de entender algo de nuestra relación con lo divino es a lo máximo que podemos aspirar... por más que nunca avancemos. A tal efecto, la racionalidad de bien poco sirve; solo, acaso, para mantenernos conscientes de que la grieta entre lo que sabemos y no sabemos es insalvable. Esa conciencia es el fundamento de la humildad, cualidad sin la cual es inevitable que los dioses dejen de amarte y, hartos de tu soberbia, opten por precipitarte a los infiernos. 

Sea como sea, cada mañana paso un rato frente a vídeos de matemáticas. Es un rito que me armoniza con el mundo. Y que siempre me da motivos para una dosis de maravillamiento. Frente a cualquier hallazgo matemático, todas esas cosas que van a ver los turistas por los confines del mundo son paparruchas. Esa relación entre el número e, los logaritmos, las derivadas e integrales tiene algo como de demoníaco. En cualquier caso, es fuego robado a los dioses y por el que sin lugar a dudas se habrá tenido que pagar un alto precio en sufrimientos. Pero esta es otra historia, la de la estulticia del ser humano; incluso la de los más sabios. ¿Por qué no somos capaces de utilizar esos hallazgos, solo para maravillarnos y mostrar agradecimiento por los dones recibidos? Pues no, nuestra soberbia nos lleva a utilizarlos para fabricar bombas y todo lo que más puede ofender a los dioses. Y por eso pasa lo que pasa, que siempre estamos castigados. 

viernes, 21 de febrero de 2025

La tecnología

El colmo de la estupidez humana es creer que se ha llegado a unos grados de conocimiento que, si no dioses, casi. Y sí, lanzamos cohetes que llegan hasta lejanos planetas, nos metemos en el núcleo de los átomos y escarbamos por allí, cruzamos los océanos en un visto y no visto sin apenas peligro... todo lo que ustedes quieran siempre y cuando sea superfluo, porque en lo esencial, yo diría que estamos donde estábamos, si no es que peor. ¿O es que, acaso ahora se vive con menos miedos? O con menos enfermedades. O más reconciliados con nosotros mismos. O, ya puestos, más años. 

Se me ocurrió mirar un video divulgativo sobre el ADN. A pesar de que la señorita que lo explicaba no era en absoluto una fanática de la ciencia, por lo que he podido colegir, todo ese asunto del ADN no es más que otro tinglado de la industria sanitaria para sacar perras al personal y, de paso, ayudar a los gobernantes a tener a la población en un puño. ¿Puede haber algo más perverso que predecir la predisposición a padecer ciertas enfermedades? ¿Qué sentido tiene que no sea arrojar al incauto que se ha sometido a la prueba a los infiernos de la desesperación? Pruebas de paternidad, de pertenencia a una etnia, ¡yo qué sé cuántas chorradas más! Siempre queriendo saber cosas que no aportan nada sustancial y sí mucha posible basura espiritual. 

La gran cuestión a dilucidar es hasta qué punto la tecnología aporta calidad a la vida humana. Hay días que uno piensa que es maravillosa y otros que solo sirve para tenernos encadenados a una roca del Cáucaso viendo cómo se acerca el águila que viene a roernos los hígados. En general, suelo pensar que con haber llegado a la guitarra ya hubiésemos tenido más que de sobra. Pero hay lo que hay y uno tiene que optar. 

Resumiendo, que aquí estamos viendo como se pasa la vida, cómo se viene la muerte que, espero, sea tan callando como quería el poeta. Porque ese es el asunto, que la tecnología nos suele llevar a morir metiendo ruido, o sea, de la forma menos elegante que se puede concebir. Claro, ¡cómo no vas a gritar si un águila te está royendo los hígados!

jueves, 20 de febrero de 2025

Refranero

Recibí una educación muy refranera. Tanto mi padre como mi madre tenían, al respecto, un repertorio que parecía inagotable. Seguramente, ellos seguían una tradición que venía de muchas generaciones para atrás. De nuestro Siglo de Oro por lo menos. Recuerden a Sancho Panza, que sacaba de quicio a Don Quijote con sus retahílas de refranes traídos por los pelos. Y es que no era para menos, porque un refrán viene a ser un pensamiento profundo cuya comprensión lleva su tiempo. Si los hilas uno detrás de oro, la cabeza que los recibe no suele dar de sí para tanto contenido y acaba por irritarse.

Recuerdo uno que repetía bastante mi padre y que yo no entendía, pero me gustaba mucho como sonaba: "prevención a destiempo, malicia arguye". Tardé mucho en comprender que venía a ser algo así como: "excusatio non petita, accusatio manifesta". En el colegio solíamos usar uno que iba más directo al grano: "el que primero lo huele, debajo del culo lo tiene". Luego me di cuenta de que hay un montón de refranes, en todas las lenguas que malconozco, para expresar esta misma pretensión, la más humana de todas, que no es otra que la de tratar de ocultar las propias fechorías detrás de la mentira. 

La pretensión más humana y, también, la más inútil. Al respecto, mi madre era contundente: "lo que no quieras que se sepa, no lo hagas", nos decía cada dos por tres para desmontarnos nuestras inocentes artimañas. Y es que en esa máxima se contiene toda la fe necesaria para que la civilización funcione: si no tenemos el convencimiento íntimo de que la verdad siempre acaba por derrotar a la mentira, apaga y vámonos. 

La verdad contra la mentira; siempre estamos con esa guerra. Y, si bien la verdad siempre suele salir a flote, nunca es antes de que la mentira haya hecho estragos. Así se explica la historia de la humanidad: indudablemente hemos progresado, pero a costa de los sufrimientos infinitos que costó desmontar las mentiras. 

 ¿Ustedes a quién creen que favorece más el internet, a la verdad o a la mentira? Yo diría que lo mismo que sus hermanos mayores, la escritura y la imprenta, a la verdad. De no ser así no tendría explicación la saña con la que los poderes decadentes han perseguido siempre la libre circulación de las ideas. Porque esa es la cuestión, que no hay nada que manifieste mejor el decaimiento de un poder que su afán por controlar la libre circulación de las ideas. El miedo les delata. 

Resumiendo, que una cosa es que la verdad salga a la luz y, otra muy distinta, que los engañados la quieran ver. Por eso siempre estamos en las mismas. 

miércoles, 19 de febrero de 2025

Turbación de placer

Si es verdad lo que leí ayer, voy a tener que decir lo de Calisto cuando por fin consiguió tener entre sus brazos a Melibea: "mora en mi persona tanta turbación de placer, que me hace no sentir todo el gozo que poseo". Tal que así: 

RFK JR. Has revealed that President Trump’s DOJ will launch RICO investigation to prosecute the collusion between medical boards, medical journals and Big Pharma.

(RFK JR. Ha revelado que el Departamento de Justicia de la Administración Trump lanzará una investigación para esclarecer la colusión entre los Colegios de Médicos, las publicaciones científicas y los laboratorios farmacéuticos.)

Desde los principios de mi ejercicio profesional estuve esperando con ansiedad una cosa así. Sabía que llegaría, aunque no creía que sería tan tarde ni a causa de unos estragos tan grandes como los que han producido las vacunas Covid. Porque, sí, señoras y señores, los estragos causados por esas vacunas han sido mayores que, por poner un solo ejemplo, la guerra de Ucrania, pero como se ha utilizado todo el poder de los gobiernos para silenciarlo pareciera que como si aquí no hubiese pasado nada. Es lo que tiene airear un asunto o no airearlo; lo mismo puedes hacer que sea lo que no ha sido que viceversa.

Un ejemplo de colusión: ninguna revista médica publica los resultados de una investigación realizada por los equipos médicos del Pentágono. Dice:

“If you get the Flu Shot…you’re 4.4 times more likely to get ill…The Pentagon even published a paper stating this…” -HHS Secretary RFK Jr.

(si te vacunas de la gripe... tienes 4,4 veces más probabilidades de agarrarla que si no te vacunas. Incluso está publicado por el Pentágono. Ministro de sanidad RFK JR.)

Y así para contar y no acabar. Si uno es aficionado a la literatura habrá podido comprobar que desde la noche de los tiempos la ciencia médica ha sido en su inmensa mayoría un fraude. El otro día les contaba lo que dice Cervantes de los médicos en su novela ejemplar El Coloquio de los Perros. Podría sacar innumerables ejemplos al respecto de toda la literatura española del siglo de oro y sucesivos. Pero no creo que haga falta. Los médicos siempre han sido y serán tipos que viven de dar seguridad a quienes están inseguros. Así es que, cuando no saben algo, aparentan saberlo. Es una cuestión de supervivencia. Y, además, ¡es tan fácil! Las personas temerosas, por definición, se agarran al primer clavo ardiendo que se les presenta. Así que los médicos, para ganarse la vida, no tienen necesidad de otra cosa que inventarse clavos ardiendo... y ahí es donde están los laboratorios para echarles una mano y forrarse ellos también de paso.

En definitiva, que, si es verdad que van a meter algo de mano a toda esa gentuza, me voy a poner más contento que Calisto cuando le estaba quitando las bragas a Melibea, porque, decía, no se puede comer el ave si antes no la desplumas.

martes, 18 de febrero de 2025

Lágrimas de funcionario

El tipo que había organizado la dichosa conferencia de seguridad de Múnich se puso a cerrar el evento con el típico discurso de clausura y no pudo terminar: las lágrimas le anegaron el entendimiento. Le tuvieron que sacar de la sala en volandas, Se ve que el hombre era consciente de que la había cagado. ¿A quién se le ocurre invitar a un trumpista de pura cepa a dar la lección magistral? Cualquiera con mediana visión de la jugada hubiera podido prever la azotaina que se venía encima. El trumpista les dijo: están acusando a los demás de ser lo que ustedes se esfuerzan por ocultar que son. ¡Ustedes son los fachas! Ayer mismo leía que en la Alemania de hoy se ha vuelto a por donde solía. ¡Ah, los viejos tiempos, qué nostalgia! La policía se presenta en las casas de madrugada a pedir cuentas por lo que se ha escrito en las redes sociales. Y no te llevan al campo de concentración porque ya no hace falta; es mucho peor tortura enredar al díscolo en la maraña judicial. En fin, Europa, ya saben, lo más de lo más. ¡Que nadie intente darnos lecciones!

Personalmente, pienso que todo esto que está pasando es genial. Y supongo que es consecuencia, entre otras cosas, de que la juventud ya no bebe. Y al que no bebe es muy difícil manipularle. Cuando aquellos maravillosos años bebíamos como cosacos y, de ahí, que les costase tan poco esfuerzo a las autoridades el impregnarnos del marxismo cultural que nos arruinó la vida. Tan arruinada que ni siquiera hemos sido conscientes de ello... que es el colmo de la ruina. Toda la vida nos han tenido encantados con la milonga del izquierda/derecha, como si eso fuera la quinta esencia de la libertad individual. Y mientras tanto, venga a tomar copas en los bares de moda y coger olas en las playas de ensueño. ¿Para qué necesitabas un proyecto de vida si con lo que te caía del cielo ya estabas servido? 

Esas lágrimas del mandamás de Múnich son la metáfora perfecta de toda una época perdida. Desde luego que esas lágrimas no van a ablandar los corazones de los jóvenes que ven en la condición del funcionario el culmen de la miseria moral. ¡Iros a casa... o la mierda!, están gritando, ¡no queráis jodernos la vida como jodisteis la vuestra y la de nuestros padres! 

Resumiendo, señores, lo de siempre: la satisfacción de ver que se acaba lo que ya hace tiempo no sirve; y la inquietud por ver llegar lo que no se sabe qué será. Aunque sabemos por experiencia que, a la postre, será más de lo mismo: el genio de una minoría ínfima luchando contra la estulticia de la inmensa mayoría que se pasa la vida en la cola de las vacunaciones en general. 

lunes, 17 de febrero de 2025

El que en buena hora ciño espada

Ando a vueltas con el Poema de Mío Cid. Está escrito en castellano de hace ochocientos años y apenas si se entiende alguna palabra. Hay que ir desentrañando verso a verso con la ayuda del diccionario que hay al final del libro. Y ni así se consigue siempre. Así todo, es apasionante por la cantidad de información que aporta sobre lo que era aquella España, o como lo quieran llamar, del siglo XI de nuestra era. El rey le echa de Castilla porque se está haciendo demasiado poderoso: hay que ser previsor y apartar al que te puede hacer sombra antes de que sea tarde. Entonces, Mío Cid, el que en buena hora ciñó espada, se va por ahí de pillaje. Era lo que por entonces se llevaba. Te hacías con una mesnada de desheredados de la tierra y a matar moros de la misma manera que los moros mataban cristianos. Era una forma de enriquecerse como otra cualquiera. Al final se apodera de las tierras de Levante con Valencia incluida. Es un reyezuelo que dura lo que le dura dura. Porque a los cuarenta años ya es viejo para esas lides. Ya no puede innovar y la competencia le arrasa. 

Cada época tiene su modelo de negocio. Y en todas ha habido genios que han tomado la delantera y han construido imperios. Y todos esos imperios han sido efímeros, dando paso en ocasiones a la leyenda. Así es como la historia de la humanidad se ha escrito, sobre todo, a base de leyendas. No por nada sino porque, como en el caso de "El Hombre que mató a Liberty Wallace", cuando la leyenda es mejor que la realidad preferimos quedarnos con la leyenda. Porque la leyenda, lo es, precisamente, por tener un valor simbólico del que la realidad por lo general suele carecer. Y sin valor simbólico no hay enseñanza que valga. Ya lo he dicho mil veces, que el contenido simbólico de una historia es el cemento que hace que se mantenga en pie por los siglos de los siglos. Por eso es que todo el mundo se acuerde de El Cid sin que se sepa nada de todos los reyes y demás personas importantes, coetáneas suyas. 

Dejando a un lado lo de El Cid, mi lucha diaria a brazo partido es con la memoria para conservar el repertorio que me fui creando a lo largo de los años. Es, por supuesto, una guerra perdida de antemano. Pero mientras estoy en la brecha me hago la ilusión de ser inmortal. La Cavatina de Stanley Myers y María de Tárrega fue mi batalla de ayer. Al final, mal que bien, acabaron sonando. En realidad, más mal que bien, porque ya no me funciona la cejilla, pero, bueno, peor sería estar ya muerto como por estadística me corresponde... aunque, claro, si hay algo relativo, eso es la estadística. En fin, ya digo, el que en buena hora ciñó espada: esa es la cuestión, ganar batallas hasta después de muerto.  

domingo, 16 de febrero de 2025

Bendición del cielo

El stabliment europeo, o sea, para que nos entendamos, los parásitos, están que trinan a causa del discurso del vicepresidente Vance que les comentaba ayer. Miles de vídeos en YouTube abundan en ese trinar. Claro, te han llamado a la cara sinvergüenza y, de inmediato, has comido ajos. Son como niños. Porque hay que serlo mucho para no haberse dado cuenta a estas alturas de que el principal enemigo que tenemos todos es el que llevamos dentro. En realidad, no otra cosa es lo que vino a decir Vance. 

A propósito, ¿cuándo cayeron ustedes en la cuenta de esa incontrovertible realidad? ¿O, acaso, no cayeron todavía? Porque la cuestión no es baladí. Se sufre mucho inútilmente tratando de buscar enemigos exteriores que sean la causa de todas nuestras desgracias. Pero eso es lo que tiene el no haber hecho caso de las enseñanzas socráticas, ¡conócete a ti mismo, chaval, y déjate de rollos! No sé, pero para mí que cada vez vamos peor en esto. Porque para encontrar a alguien que se avergüence de sí mismo hay que buscar con un candil, como hiciera el cínico Diógenes.  

Ya hay que estar zumbado para ir a buscar enemigos a Rusia, con el frío que hace allí. Podríamos ir al Caribe, que al menos allí hay playas paradisíacas. Pero nunca nos cansamos de emular a Napoleón y a Hitler. Y resulta que los dos sucumbieron en aquellas nieves. Y como si nada; lección no aprendida. Es lo que tiene una infancia llena de caprichos satisfechos, que te curtes en la ofuscación y luego pasa lo que pasa. 

Pues nada, que sigan trinando sin apearse del burro que no por eso se van a salir con la suya. De hecho, se les ve a todos desmejorados. Se ve que se mueren de envidia viendo al vicepresidente Vance yendo de aquí para allá con su niña en los brazos... una verdadera bendición del cielo.  


sábado, 15 de febrero de 2025

Donde da la vuelta el aire

Como diría Torrente Ballester, "donde da la vuelta el aire". Porque esa es la cuestión, que el aire, o el curso de la historia, de vez en cuando se da la vuelta. Él describe en su novela de forma muy poética, utilizando elementos de la mitología clásica, el paso de las oligarquías aristocráticas a las industriales. El viejo y el nuevo orden; más que ver con el mérito personal que con la herencia. Digamos que lo inevitable produce, en principio irritación y, después, melancolía, en los perdedores... Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa... los ganadores no ven mustios collados, sino campos en sazón. 

Ayer por la tarde dediqué un buen rato a escuchar el discurso que el vicepresidente Vance hizo en una conferencia de seguridad que estaba teniendo lugar en Múnich. Los muchos uniformados que le escuchaban parecían no dar crédito. Alguna risita nerviosa se vio por allí, pero lo más era circunspección. Empezó Vance con un recordatorio de las víctimas del reciente atentado islamista en el mismo Múnich. Fue aplaudido por ello. No se había extinguido todavía el eco de los aplausos cuando Vance dijo con lo que pareció sarcasmo: espero que me vuelvan a aplaudir por lo que voy a decir... y, sí, algunos aplausos esmirriados consiguió, pero lo más que hubo en la sala fue perplejidad. Ésta es una conferencia de seguridad, prosiguió, por tanto, lo primero que tenemos que saber es de qué nos queremos defender. Porque, pienso, no es de Rusia, ni de China, ni de cualquier otro enemigo exterior, sino de la pérdida de los valores democráticos que fueron los que nos sostuvieron e hicieron ganar la Guerra Fría. Entonces comenzó una exhaustiva relación de todos los ataques a la libertad de expresión llevados a cabo por las autoridades de los países allí representados, incluido el suyo. Sin libertad de expresión no hay democracia y, por tanto, nada que defender. Por mucho que no me guste lo que piensas me mataré por defender que lo puedas expresar en la plaza pública. Así es como se ha hecho el progreso de las sociedades, remató. Luego se extendió sobre la reciente anulación del resultado de las elecciones en Rumanía y, también, sobre la amenaza de anular el resultado de las próximas elecciones en Alemania si salen ganadores los que no gustan a las élites de Bruselas. Una aberración intolerable. 

La verdad es que no es frecuente ver a un orador poniendo a parir a los que le están escuchando. Por eso lo de ayer en Múnich fue tan especial. Y más que, con estas posibilidades que ofrece la tecnología, se puede ir encuestando a la gente que ha escuchado el discurso: un 86% estaba de acuerdo. Lo cual no empece para que los medios de comunicación tradicionales no hayan esperado a pensárselo dos veces para saltar al cuello de Vance. Normal, ellos son los perdedores. 

Pues sí señores, en eso estamos, en el aire dándose la vuelta. Todos estos carcamales que gobiernan donde mejor estarían es en la cárcel. Y es que, sin sacrificios no hay favor de los dioses que valga la pena.

viernes, 14 de febrero de 2025

Milagro a la vista

Nos cuenta Jünger en su Tormentas de Acero que, mientras la gente estaba muriendo como moscas en los frentes de las Ardenas, unos pocos quilómetros más allá, en Berlín, la gente iba a los cafés y los cabarets como si no pasase nada. Y lo más probable, pienso yo, es que muchos de aquellos que iban a los cafés y cabarets, como si tal cosa, tuviesen un allegado a punto de palmarla en uno de aquellos cercanos frentes. Siempre es igual, ojos que no ven, corazón que no siente. El hecho de que en Ucrania se esté manteniendo una guerra, en buena parte con el dinero de los contribuyentes europeos, en nada ha entorpecido que casi cien millones de personas hayan venido el año pasado a divertirse en España. 

El caso es que parece que ya se han cansado de matarse en Ucrania y van a ver si encuentran un arreglo. Seguro que sí, que lo encuentran. Basta, para ello, con que le cierren el grifo a una de las partes en conflicto. El secreto que nadie nos ha contado a los que hemos estado contribuyendo a que el grifo fluyese es en dónde residía el interés para nosotros de esa guerra. ¿Qué beneficio se esperaba sacar de ello? Quizá no sea otra cosa que la necesidad que siempre han tenido los imperios decadentes de llevar la guerra a las lejanas fronteras. Como si se esperase un alivio al difuso malestar sangrándose por allí.

Las guerras son el lado oscuro de la historia de la humanidad. Nunca ha parado de haberlas, por un quítame allá esas pajas, ni creo que vaya a parar mientras queden dos personas con vida sobre el planeta. Y es que no hay nada más humano que querer redimirse de los males encontrando un culpable exterior. Llegar a pensar que cada uno cosecha lo que siembra es la tarea del héroe. O sea, un milagro del cielo.

El caso es que parece ser que tenemos milagro a la vista. En la metrópolis del imperio se han dado cuenta de que todos sus males traen causa de la propia estupidez. Ya está bien, han dicho, de querer se honra de casa ajena mientras somos polilla de la nuestra. Así es que se han puesto a mirar los papeles que tenían arrumbados en los cajones y se han quedado patidifusos. ¡Pero esto qué es, cincuenta millones a los talibanes para que compren condones! ¿Quién firmó esa orden? Sin duda todo esto ha estado en manos de imbéciles, se han dicho. Montañas de papeles que son testigos de semejantes filantropías. En definitiva, que parece que se les ha acabado el chollo a los que vivían de partir y repartir llevándose, por supuesto, la mejor parte.  

Vamos a ver en que acaba todo esto. Porque no conviene regodearse de antemano, que ya sabemos la resiliencia que tienen los que viven de partir y repartir. 

jueves, 13 de febrero de 2025

Uno mismo

Ayer escribí aquí sobre las manidas diferencias entre oriente y occidente. Curiosamente, hoy, al mirar en YouTube, con lo primero que me topo es con un video en el que Sowell teoriza sobre el asunto. Sowell es un intelectual estadounidense que, diría yo, destaca por su sensatez y claridad expositiva. No sé si estas características que le hacen tan atractivo no traerán causa de una excesiva simplificación. Pero esta es otra historia; a lo que iba es a algo que no es mero producto del azar sino la consecuencia del riguroso control al que nos somete la tecnología. Y es que, el de hoy, no es un hecho aislado: de cualquier cosa que escriba en este blog es muy frecuente que al día siguiente encuentre en YouTube un aluvión de vídeos relacionados con ello.  Es como si me estuviesen diciendo: perfecciona tu percepción de la jugada, porque te has quedado muy corto. En cualquier caso, no aprecio grandes diferencias entre lo que escribí ayer y lo que hoy le he escuchado a Sowell... acaso, yo fui algo más simplificador, espacio obliga. En fin, pelillos a la mar. 

Me pregunto si debiera preocuparme por el control al que estoy siendo sometido, precisamente, por no poder prescindir de la vanidad que supone el publicar este blog. Podría escribir en un cuaderno y, una vez emborronadas todas sus hojas, meterlo en un cajón o tirarlo a la basura. Pero tengo que reconocer que la vanidad, al menos en parte, hace de motor para seguir en este empeño. Así somos los humanos por mucho que blasonemos de humildes y desapegados de las pompas de este mundo. Cualquier pequeño comentario que suscite lo que escribo me produce una satisfacción, o inquietud, que me hace recordar que existo. 

Sea como sea, soy consciente de que lo que escribo y publico cada día es como una gota de lluvia que cae en el mar. Supongo que, por más intrascendente que parezca esa gota, contribuye, aunque sea infinitesimalmente, a mantener la salinidad del agua en cotas compatibles con la vida. Al menos, esa es la composición de lugar que me hago cada vez que me tienta el abandono. 

Bueno, en fin, así es el mundo en el que vivimos, con toda esta tecnología que hemos inventado para bien y para mal. De nosotros depende de qué lado nos decantamos. No por tener un garrote -el primer logro de la tecnología- vas a tener que estar todo el día dando garrotazos para abrirte camino. Basta con que lo uses para defenderte. Así es que, en cierto modo, publico este blog, más que nada, supongo, para defenderme... en este caso de mí mismo, porque, no se engañen al respecto, nunca encontrarán un enemigo peor que uno mismo sin saber qué hacer con la vida. 

miércoles, 12 de febrero de 2025

Lucubraciones

Ayer por la tarde estaba aburrido y me puse a ver la película del oeste con la que todos los días nos imparte doctrina el canal televisivo de la iglesia católica. Estaba ambientada en la revolución mexicana y trataba de unos tipos duros que intentan dar sentido a la vida por medio de aventuras arriesgadas al límite. Lo interesante del asunto es que en un momento de la película los propios protagonistas reflexionan sobre el particular: ¿es por dinero por lo que se arriesgan? No, como se comprueba al final de la película. Es, simplemente, por tener un objetivo en la vida. Sin un objetivo, saben por propia experiencia, solo queda el recurso al alcohol. 

Como casi todas las películas del oeste, se trata de literatura para chachas. No hay que cavar muy hondo en busca de significados ocultos. Es como cuando el cura se sube al púlpito a propagar la palabra de Dios. La filigresía necesita mensajes trasparentes para seguir acudiendo al servicio divino. Luego, se van a sus casas y cada cual hace de su capa un sayo. Así es como funciona el invento. 

En realidad, toda nuestra cultura se reduce a echarse una cruz a cuestas y tirar con ella Golgota arriba. Y lo de la cruz es algo muy personal. Por eso es por lo que nunca han funcionado por aquí las teorías comunitaristas. En principio suenan bonito, pero en cuanto se comprueba que niegan todo protagonismo al individuo se van al garete. Y es que sin protagonismo pierde todo el sentido el estar hecho a imagen y semejanza de Dios, el protagonista por antonomasia. 

Por eso fracasan todas las revoluciones comunitaristas, porque son una contradicción en sí mismas. Las personas que luchan en ellas, aunque no lo sepan, lo hacen buscando protagonismo; ese anhelo acaba saliendo a la superficie y entonces es cuando no queda más remedio que devorarse los unos a los otros. Porque el protagonismo solo lo puede tener uno por definición. 

En fin, cosas de nuestra cultura, occidental que le dicen. Me comentaban esta mañana que en oriente las cosas son diferentes. Allí, Buda, Confucio, Lao-tse, Mencio, etc., predicaron, ante todo, acerca de la relativización del ser. Como no somos nada tenemos que ser muchos para hacer cualquier cosa. Así que a multiplicarse tocan. 

En fin, vete tu a saber cuánto nos acercamos con nuestras lucubraciones a la realidad de las cosas. En cualquier caso, con ellas nos consolamos de nuestra insoportable levedad... que diría el poeta. 

martes, 11 de febrero de 2025

Textos sagrados

¡A buenas horas mangas verdes! Uno se da cuenta, a estas alturas de la vida, de que ha llegado tarde a casi todo. Casi siempre cuando ya la cosa no tiene vuelta atrás. Aunque, por otra parte, prefiero acogerme al consuelo de creer que más vale tarde que nunca. Pensaba en estas cosas esta mañana porque algo he leído o escuchado que me ha retrotraído a la conciencia de la torpeza con la que me fui dando cuenta de la importancia del contenido simbólico de los textos. Me costó siglos comprender que cuando un texto perdura no es por otra cosa que por su riqueza simbólica. 

Captar o no captar esa riqueza, esa es la cuestión. ¿Cómo se llega a ese, digamos que, estado superior del espíritu? Supongo que, como todo lo que merece la pena, por medio de la ascesis, es decir, el aprendizaje de la liberación de prejuicios. Es algo sumamente complicado, porque la educación que recibimos las clases populares no consiste en otra cosa que en grabarnos a fuego en el cerebro una montaña de prejuicios. Lo que está bien y lo que está mal, sin pararse a debatir las razones de tales posicionamientos. 

Claro que, por lo que sea, hay personas con una cierta inmunidad al fuego de esa educación y que, por ello, dan en cuestionarse todo lo aprendido. Es como un sentimiento aristocrático, el de querer ser por uno mismo. Es así como descubres la radical ambigüedad de todos nuestros comportamientos. De como todo está sometido a unas fuerzas telúricas que escapan a nuestro control. De que no sabemos porque hacemos lo que hacemos y de que, a la postre,  decidimos muy poco, si es que es algo, por nosotros mismos; lo más de la vida nos limitamos a dejarnos arrastrar por la corriente. 

En realidad, nunca estamos diciendo lo que creemos que estamos diciendo. Siempre hay algo oculto. Por eso se dice que nunca se llega a conocer a las personas. Y por eso, también, han ganado tanto dinero los psicoanalistas, especialistas, dicen, en desentrañar los significados reales de lo que se dice cuando se aparenta estar diciendo otra cosa. Y ese es el asunto, que si tienes algún grado de inmunidad a la educación recibida es inevitable que des en psicoanalista aficionado, es decir, que lees un texto y no lo interpretas al pie de la letra sino que buscas lo que esconde. En desentrañar lo oculto, pienso, reside el placer de la lectura. 

Así es que, a medida que vas haciendo músculo espiritual, vas necesitando calar más hondo para encontrar ese placer en la lectura. No por otra causa es que la evolución natural sea empezar por la literatura para chachas para acabar por los textos considerados como sagrados... es decir, que tienen vínculos secretos con la divinidad. Es, entonces, cuando ya te aproximas al final. 

lunes, 10 de febrero de 2025

Ya toca pagar

Pudiera ser que ya hubiese llegado Paco con la rebaja. Tardará en llegar a las provincias, pero parece ser que en la capital del imperio ya han empezado los recortes. La comisión de festejos está que trina. Claro, en cualquier familia que quiere poner orden se empieza por suprimir los festejos. Y es que los festejos son los que convierten en limpiabotas a los que iban para artistas. Porque, vamos a ver, ¿de dónde saca la gente motivos para tanto festejo? Uno festeja que ha culminado la difícil tarea con éxito. Las fiestas después de la siega, por ejemplo. O la graduación en los estudios. Pero, así, porque sí, es imposible alegrarse si no se recurre a las sustancias embriagantes. Como en Sodoma y Gomorra.  

La realidad es que resulta muy desagradable vivir sintiendo el aliento de de los acreedores en la nuca. No hay día que en mis excursiones por YouTube no me tope con media docena de titulares que hacen referencia al fraude de las pensiones. Es una espada de Damocles con la que vivimos amenazados todos los viejos. Cualquier día, el hilo se rompe y, ¡zas!, batacazo. Como pasó en Rusia hace treinta años. ¡Ya, pero es que aquello..!, dice la gente. Aquello de entonces en Rusia, digo yo, es como esto de aquí ahora: una mafia política que vive como Dios, ajena a que cada vez hay más limpiabotas. No, no es agradable, vivir en un sitio así.  Lo primero es parar las fiestas; lo segundo, pagar las deudas. 

Sí, algo se está cociendo en las alturas. No hay más que ver el precio que están alcanzando el oro y el bitcoin. El ahorro huye de la deuda; se va a los valores refugio. Y a la mafia política no le queda ya otro recurso que dar más vueltas a la manivela de imprimir papel moneda. Luego manipulan las estadísticas en un intento inútil de tapar el agujero. Es el típico argumento de la comedia antes de convertirse en tragedia: tapar una mentira con otra más gorda. 

Sea como sea, cada vez disfruto más leyendo las noticias que dan en el canal World Doctor Alliance. Pieza a pieza se va desmontando todo el fraude de la famosa salud pública. En definitiva, promover el miedo a la muerte como herramienta de poder. ¡Es tan fácil! Pero se les fue la mano y se descubrió el pastel. La gente, ahora, pide cuentas, y los juzgados no dan abasto. Y, por consiguiente, la mafia anda con el culo prieto. Saben que su tiempo ha pasado ya. 

domingo, 9 de febrero de 2025

La montaña

Es curiosa esa querencia que tenemos los humanos a subir montañas. Cuando era niño era un reto subir a los Picos, una colina que hay a levante de donde nací y que tiene en su cima dos excrecencias calcáreas bastante simétricas, como si fueran dos pezones. La gente, para abreviar, lo llama las Tetas. De adolescente, ya necesitaba, para calmarme, enfrentarme a la Peña Pelada, de doble altura y dificultad. Y no es que haya llegado a mucho en esa progresión, pero, rondando los setenta ya, me atreví con el Curavacas, ¡y vive Dios que fue una gran satisfacción coronarlo!  

Sin duda lo de subir montañas tiene un gran valor simbólico del que no somos conscientes. Personalmente lo comprendí después de haber dado unas cuantas vueltas a la Biblia. Moisés necesita subir la montaña del Sinaí para poder hablar con Dios. Podría haber hablado abajo, en la llanura, pero se ve que necesitaba el esfuerzo de la subida para purificar su espíritu, sin lo cual difícilmente hubiese podido contactar con la divinidad. 

En realidad, ese es todo el misterio de esta vida: subir o no subir a la montaña. El demonio siempre te está tentando para que no subas. Te dice que puedes contactar divirtiéndote. ¿Se acuerdan de aquello de aprender jugando? Era el demonio el que estaba detrás de aquel despropósito que, por cierto, tanto éxito tuvo que todavía anda por ahí vivito y coleando para ruina de los desgraciados que se lo tragaron. 

Así son las cosas de este mundo, que te quedas en la llanura divirtiéndote y a los cuatro días ya estás adorando ídolos. De ahí al infierno, no hay ni dos pasos. Y, una vez en él, al médico a por pastillas. ¡Sancta simplicitas! ¡Con la de montañas por subir que tenemos a mano! Bueno, rollos aparte, voy a ver si puedo subir al Capricho Árabe de Tárrega que siempre se me ha atragantado y presiento que desde su cima tiene que haber unas vistas impresionantes.

sábado, 8 de febrero de 2025

La correa





No hay escapatoria, todos son Sánchez. Eso es lo que nos viene a decir Rallo. Y lo razona hasta la extenuación para que solo a los enfermos mentales les pueda quedar algún resquicio de esperanza al respecto. Tienen a sus sicarios apostados, metralleta en mano, en cada esquina para que nadie decida por su cuenta. Es la eterna religión del "prohibido pensar". Ya nos lo advirtió Chumy Chúmez en sus chistes y fuimos tan ingenuos que nos creímos que se estaba refiriendo a Franco. ¡Otros vendrán que te harán bueno! ¡Y vaya que si han venido!

Y la gente les adora. Está escrito que los secuestrados acaban siempre adorando a sus secuestradores. Son cosas de la psicología humana. De ahí esa identificación con los perros. ¡Son mejores que los humanos!, va gritando la gente por la calle. Les castras, los tienes encadenados, les das de comer mierda y, sin embargo, se dejan matar por defenderte. Bueno, hay que recogerles las caquitas, pero ¿qué es eso para alguien que profesa el socialismo?

O ellos o el caos, te dicen convencidos los castrados . Y esperan con ansiedad el día de ir a renovar la correa con la que te sacan a pasear. Te dan opción a escoger correa; la que te parezca más bonita. Pero todas sujetan igual e, incluso las hay que, si te soliviantas un poco, te sueltan una descarga eléctrica. Está todo muy pensado.  

Señoras y señores, ¿tiene deseos alguno de ustedes de soltarse de la correa? ¿A qué correa se refiere usted?, porque yo no siento ninguna correa. Claro, esa es la primera treta del trato, no reflexionar sobre la religión que profesas. Que es que ya lo advirtió el sabio, que religión que razona, religión muerta. 

viernes, 7 de febrero de 2025

Harta plaga y mala ventura

En la novela de Cervantes El Coloquio de los Perros, están dos perros en amena conversación:

"Cipión.-Ansí es; pero bien confesarás que ni has visto ni oído decir jamás que haya hablado ningún elefante, perro, caballo o mona; por donde me doy a entender que este nuestro hablar tan de improviso cae debajo del número de aquellas cosas que llaman portentos, las cuales, cuando se muestran y parecen, tiene averiguado la experiencia, que alguna calamidad grande amenaza a las gentes.

Berganza.-Desa manera no haré yo mucho en tener por portento lo que oí decir los días pasados a un estudiante, pasando por Alcalá de Henares.

Cipión.-¿Qué le oíste?

Berganza.-Que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año en la Universidad, los dos mil oían medicina.

Cipión.-Infiero, que estos dos mil estudiantes han de tener enfermos que curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de morir de hambre." 


Por razones obvias, siempre que he encontrado alguna referencia a mi profesión en la literatura de nuestro Siglo de Oro, me he quedado con la copla. Muchas veces he pensado que hubiera estado bien recopilarlas todas y glosarlas en un libro, pero no he tenido voluntad para ello. Lo curioso es que, la inmensa mayoría de esas referencias, cuando no denigratorias, llaman a estar en guardia contra las artimañas con las que los médicos tratan de suplir su falta de conocimiento. Y es que lo tienen chupado porque tienen como aliado la más poderosa de todas las emociones: el miedo. El miedo mueve montañas, pero, sobre todo, llena bolsillos. 

Lo de la falta de conocimientos es algo de lo que la mayoría de los médicos no son conscientes, dado lo cual, ni siquiera tienen que hacer esfuerzos por disimularlo. Y, por otra parte, cuando la gente está atemorizada por cualquier alteración de su estado físico, tiende a agarrarse al primer clavo ardiendo que se le presenta. Con ambos ingredientes en la coctelera no es de extrañar que se hayan producido todas esas aberraciones que el Dr. Vernon Coleman, el más famoso divulgador médico de todos los tiempos hasta que, con la falsemia, las autoridades le condenaron a la damnatio memoriae, recopiló en un libro que ha vendido millones de ejemplares. Y es que si yo les contase lo que llegué a ver, e incluso a hacer, cuando empecé a ejercer, hace cincuenta y cinco años ya, les costaría creerlo a la luz de los conocimientos actuales. Pero no se hagan ilusiones, porque dentro de cincuenta años estarán en las mismas respecto de lo que se hace en los hospitales hoy día. 

La medicina como ciencia, por mucho que llegue a avanzar, siempre estará en pañales porque la complejidad de la biología es infinita.  No por otra razón es que el considerado como padre del invento, un tal Hipócrates, pusiese por delante de todas las demás herramientas terapéuticas, la prudencia: el famoso primun non nocere (lo primero no hacer daño) ¡Si no sabría el de que pie cojea la profesión!

La profesión, eh ahí el cascabel del gato. Y es que de la profesión se vive. No por otra cosa es que Cervantes haga decir a sus perros en coloquio que harta plaga y mala ventura sería la enfermedad necesaria para dar de comer a tantos profesionales. 

Consideradas así las cosas, nada tiene de extraño que de todos los motivos que tengo para avergonzarme de mi descalabrado transitar por este mundo, el que más me duele es el haber escogido para sustentarme la profesión médica. Día que pienso en ello, noche que no duermo. Por eso es que padezco de insomnio crónico, porque no hay día que algo no me lo recuerde. Es como una venganza de los dioses por mi soberbia de cuando era mancebo y estaba convencido de que sabía lo que no sabía. Es muy fácil creer en lo que te favorece. 

Resumiendo, que, si la jodienda no tiene enmienda, mucho menos la tiene el miedo a morirse, lo cual, a nada que bajemos la guardia, nos trae aparejada esa harta plaga y mala ventura que es la inflación de médicos... uno cada ciento cincuenta personas en la actualidad. 

jueves, 6 de febrero de 2025

Preciosos ridículos

 Me envían un video de allá por los finales de los ochenta del siglo pasado en el que se ve a Fernando Arrabal mofándose de un autocomplaciente grupito de intelectuales orgánicos, es decir, de lameculos del régimen en curso. Bueno, creo recordar que para aquel entonces ya estaba curado de espantos; al fin y al cabo, ya tenía a Bukowski por mi intelectual de cabecera.

Un grupito de preciosos ridículos que se comportan con la seguridad que da el saberse los preferidos en casa de papá Estado. Titanes todos ellos de la lucha por la libertad colectiva... porque ¿es que acaso la individual existe? Desde luego que todos dan la impresión de sentirse vivir en el mejor de los mundos.  

Todo esa porquería con la que tenían entretenida a la canalla era la escenificación de aquel fraude que llamaron Transición... de la dictadura a la democracia, bien sure. La siniestra realidad es que no fue más que otra vuelta de tuerca en el implacable transitar hacia el paraíso comunista. Cada día un poco más controlados. Decía ayer nuestro presidente, Sr. Sánchez, que es intolerable la libertad que existe en las redes sociales. Y trataba de explicarlo con unas alegorías que tenían más que ver con los cojones que con el comer trigo. ¡A qué escuela habrá ido este señor, por Dios Bendito!

No era cosa solo de España, desde luego. Era de todo occidente. La Unión Soviética tiró el muro porque ya no hacía falta. El colectivismo se había impuesto sobre el individuo a todos los efectos. Así que, ¡buena gana de poner muros para remarcar diferencias que no existían! 

Y de aquellos polvos, los lodos de la falsemia... o Falsirela como lo llama Gracián en El Criticón. ¿Han pasado ustedes en toda su vida por algo más humillante que la dichosa falsemia? Y la chusma encantada para que la ecuación cuadre. Vean ustedes la acogida que ha tenido esa chirigota de los carnavales de Cádiz en la que se trata de recordar al personal que ha sido miserablemente engañado. No les han matado de milagro. 

miércoles, 5 de febrero de 2025

En las mismas

Supongo que el mundo, como las personas, con el paso del tiempo va acumulando experiencia y, con ello, experimentando cambios que tratan de corregir disfuncionalidades que son la causa de sufrimientos inútiles. Hasta aquí, todo muy lógico. A partir de aquí, todo muy frustrante. ¿A ustedes les sirve de algo la propia experiencia? A mí, desde luego, de servirme algo, es bien poco. Apenas he sacado la pata de un sitio ya la estoy metiendo en otro. Y vuelta al sufrimiento inútil. Y en eso se va la vida, como bien nos dejó explicado Schopenhauer, perdonen la pedantería.

Hombre, sí, la experiencia del mundo ha servido para que, en vez de comernos entre nosotros, criemos animales como fuente de proteínas. Sin embargo, mi impresión es que a menos antropofagia más vampirismo, lo que, a la postre, vendría a ser estar en las mismas, si no es que es peor, porque al antropófago se le ve venir de lejos, pero el vampiro se te cuela por la ventana y ni te enteras.

Así es que uno cree haber aprendido que es pieza fundamental del sosiego mantener las ventanas cerradas, cosa con la que hay que tener cuidado porque sin ventilación el aire se llena de miasmas. ¿Qué hacer entonces? Me temo que no queda otro remedio que recurrir a los ajos y a las cruces. 

Por cierto, hoy, mientras estaba ventilando, se me ha colado por la ventana un mensaje en el que se me hacía saber que un tal Abascal, político de postín, ha dicho que a los ladrones se les podrá disparar. ¡Vaya, me he dicho, por fin consigo estar de acuerdo en algo con un político! Y es que, si no disparas a los ladrones, ¿para qué coño hemos inventado, entonces, las pistolas? Porque para disparar a los vampiros no sirven ya que con los vampiros solo funciona la estaca clavada en el corazón. 

Resumiendo, que hagamos lo que hagamos siempre estamos en las mismas. 

martes, 4 de febrero de 2025

La inmortalidad

Ando estos días muy liado con la música. Trato de recuperar el repertorio. Piezas que vas arrumbando, meses, años, de pronto te apetece retomarlas y a duras penas puedes balbucearlas. Pero, partitura mediante, en menos de media hora ya la tienes en el bote. Está ahí, en el desván de la memoria y solo la tienes que desempolvar. 

Digo que la tengo en el bote, lo cual es mucho decir si te empiezas a comparar. Comprendí desde el primer día que me puse a ello que no estaba dotado. Fui a una escuela de postín y no necesité esforzarme para comprender que formaba parte del pelotón de los torpes. Pero, el que la sigue, algo consigue y, por otra parte, como bien es sabido, al que  menos favorecen -los dioses- para menores trabajos le guardan. A mí, evidentemente, no me han guardado para ninguno y por eso es por lo que he podido convertir la música en mi vicio solitario preferido. 

Así es que recuperar el choro Nº 1 de Villalobos o la sarabanda de Poulenc me llena de satisfacción. Lo mismo que tocar el Choclo de Villoldo o el Tico-Tico no Fubá de Zequinha de Abreu o el allegro solemne de La Catedral de Barrios Mangore, de una sentada, sin apenas un trastabilleo. Es un logro que me ha costado, como se suele decir, sangre, sudor y lagrimas, y por eso es que lo quiera tanto. 

Son los logros, supongo, los que dan sosiego a la vejez. Miras por la ventana al atardecer y te identificas sin angustias con el sol que se va después de haber estado todo el día iluminando y calentando la tierra. Si conseguiste algún logro, por pequeño que sea, tú también iluminaste y calentaste la tierra y por ello tienes derecho a un lugar en el firmamento, como Castor y Polux... que no otra cosa, sino las vidas logradas es lo que brilla en el cielo por las noches. La inmortalidad que le dicen.   

domingo, 2 de febrero de 2025

Giordano Bruno

Giordano Bruno dijo, allá por el siglo XVI, que no es que la Tierra no fuese el centro del Universo, es que tampoco el Sol lo era. Él fue el primero que dijo que en el universo había infinitos planetas girando alrededor de infinitos soles. Como era de esperar tales afirmaciones pusieron de los nervios a los guardianes de la ortodoxia que no pararon hasta que le vieron consumirse en una hoguera. Y es que la idea de infinito siempre ha sido un problema muy inquietante para el ser humano. Los primeros, que se sepa, que dieron con el concepto, fueron los matemáticos griegos: se dieron cuenta de que había números que divididos entre sí nunca acababan de dar decimales. A esos  números resultantes de la división los llamaron irracionales. Y es que, efectivamente, no cabía en la razón que hubiese algo que no tuviera límites. No cabía y sigue sin caber como tenemos oportunidad de comprobar cada día a nada que observemos la realidad a nuestro alrededor: el personal en general no soporta la idea de que no controla lo que le rodea... te pones a escuchar las conversaciones que tienen lugar en la barra de un bar y no te costará comprobar que están hechas a base de certezas. 

En realidad, para qué nos vamos a engañar, nadie está libre de sustentarse en las certezas. Sin ellas, nos imaginamos, sería imposible vivir en sociedad. Por eso, cuando Moisés bajo del monte en donde había estado hablando con Dios traía bajo el brazo diez certezas sobre el bien y el mal, la más correosa de todas las ciencias. El caso es que, siguiendo el ejemplo de Moisés, ha habido y hay, y supongo que habrá por los siglos de los siglos, demasiada gente que sube el monte a hablar con Dios. Después, al bajar de allí con lo que sea debajo del brazo, montan, como hiciera Moisés, una religión. Una religión que no es otra cosa que poner límites a la realidad. Y así es cómo va evolucionando la humanidad, a golpe de caídas del caballo de las religiones cuando vas camino de Damasco, que vendría a ser la ciudad simbólica de la verdad imposible. 

Por todo lo cual, pienso, pocas figuras como la de Giordano Bruno para comprender algo de lo que ha sido la historia de nuestra especie: un continuo quemar en la hoguera a los que cuestionan la verdad oficial. Y la chusma en general alimentando la hoguera con sus mondadientes usados porque le han dicho que así ganará indulgencia plenaria. ¿Acaso no fue eso lo que vimos hace cuatro escasos años? La Ciencia, decían, con mayúscula, para que pareciese Dios, o sea, incuestionable. ¡Pero qué zoquetes! Desde luego que, si por mi fuera, quitaría cantidad de las estatuas que hay en las ciudades y pondría una bien grande de Giordano Bruno en medio de la plaza principal.

sábado, 1 de febrero de 2025

La madre de todas las epidemias

Sigo mirando las audiciones en el Senado con motivo de la propuesta de Robert Kennedy Jr. para secretario de sanidad. Se supone que el Senado es la cámara de la experiencia, ya que senador viene de senex -anciano-. Así es que las leyes se redactan en el Congreso que es donde está la gente intuitiva por joven y se les da el visto bueno en el Senado que es donde reside la sabiduría de la experiencia. Hasta aquí todo perfecto. Lo que pasa es que, como estamos viendo estos días, la experiencia de la ancianidad no sirve para neutralizar el resentimiento, odio, envidia o, simplemente, miedo. Esos senadores están atacando a Robert K Jr. como si fuese un enemigo a batir sin importar los medios empleados para ello. Es tal la saña que se ha apoderado de su razón que se diría que se han convertido en seres irracionales. Todo son acusaciones ad hominem recurriendo siempre a rumores propagados por intereses espurios; algo así como si estuviesen presintiendo que si dejan pasar a ese señor se les va a terminar el chollo. 

De hecho, eso es lo que pasa, que se les ha terminado el chollo. Y es que, de momento, y hasta nuevo aviso, se ha vencido a la peor de todas las epidemias que venían corroyendo el mundo: la censura informativa. Hoy día ya no hace falta el visto bueno del gerifalte de turno para publicar una noticia porque, tecnología mediante, a efectos informativos, cada cual se ha convertido en gerifalte de sí mismo. Así es que no me extraña nada que esos senadores de marras estén rabiosos ya que, los que apoyan la nominación de Kennedy, se las han apañado para que todo el mundo se entere de quienes han sido los que han financiado las campañas electorales de esos senadores. Curiosamente, en su mayoría, la industria farmacéutica y la alimentaria. ¡Qué casualidad! Justo a las que Kennedy quiere meter en cintura. 

Así ha funcionado siempre todo en la famosa democracia: una corrupción en sábana que todo el mundo sospecha pero nadie puede demostrar porque la censura impide que se pueda argumentar con datos comprobados. Ahora, al saltar la censura por los aires, los datos fidedignos están al alcance de cualquiera y, de ahí, la saña de los corruptos: se ven perdidos y ya solo les queda la ilusión del poder morir matando.  

En fin, vamos a ver en qué queda todo esto de la nominación de Robert Kennedy Jr., porque, pase lo que pase, acabe como acabe, lo que ya no tiene vuelta atrás es que está siendo un hito en la guerra cultural en curso; guerra que, a la postre, no es otra cosa que la lucha de una parte de la humanidad por erradicar la epidemia de la censura... la madre de todas las epidemias.