jueves, 6 de febrero de 2025

Preciosos ridículos

 Me envían un video de allá por los finales de los ochenta del siglo pasado en el que se ve a Fernando Arrabal mofándose de un autocomplaciente grupito de intelectuales orgánicos, es decir, de lameculos del régimen en curso. Bueno, creo recordar que para aquel entonces ya estaba curado de espantos; al fin y al cabo, ya tenía a Bukowski por mi intelectual de cabecera.

Un grupito de preciosos ridículos que se comportan con la seguridad que da el saberse los preferidos en casa de papá Estado. Titanes todos ellos de la lucha por la libertad colectiva... porque ¿es que acaso la individual existe? Desde luego que todos dan la impresión de sentirse vivir en el mejor de los mundos.  

Todo esa porquería con la que tenían entretenida a la canalla era la escenificación de aquel fraude que llamaron Transición... de la dictadura a la democracia, bien sure. La siniestra realidad es que no fue más que otra vuelta de tuerca en el implacable transitar hacia el paraíso comunista. Cada día un poco más controlados. Decía ayer nuestro presidente, Sr. Sánchez, que es intolerable la libertad que existe en las redes sociales. Y trataba de explicarlo con unas alegorías que tenían más que ver con los cojones que con el comer trigo. ¡A qué escuela habrá ido este señor, por Dios Bendito!

No era cosa solo de España, desde luego. Era de todo occidente. La Unión Soviética tiró el muro porque ya no hacía falta. El colectivismo se había impuesto sobre el individuo a todos los efectos. Así que, ¡buena gana de poner muros para remarcar diferencias que no existían! 

Y de aquellos polvos, los lodos de la falsemia... o Falsirela como lo llama Gracián en El Criticón. ¿Han pasado ustedes en toda su vida por algo más humillante que la dichosa falsemia? Y la chusma encantada para que la ecuación cuadre. Vean ustedes la acogida que ha tenido esa chirigota de los carnavales de Cádiz en la que se trata de recordar al personal que ha sido miserablemente engañado. No les han matado de milagro. 

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