Quiero creer que, así como el músculo locomotor se va debilitando con los años por mucho que te esfuerces en conservarlo, el músculo espiritual se va fortaleciendo a poca atención que le dediques e, incluso, sin ninguna, porque ya se encarga de hacerlo la inevitable experiencia, que, como el vulgo sabe, es la madre de la ciencia. Comentábamos ayer estas cosas sentados al sol en un banco de los jardines Pereda. No sé si no serían más que reflexiones seniles en busca de consuelo, porque la realidad es que, aquellas excursiones que habíamos estado recordando poco antes, ya son imposibles para mí; sé que nunca más podré subir a la Peña Amaya a escuchar el concierto de las calandrias... aquella especie de comunión con algo que no sabía lo que era, pero que sentía como superior a mí.
El músculo espiritual, que no sé si es un consuelo o la única meta con algún sentido que nos consiente la vida. Es el gozo de poder entender con facilidad un texto que años atrás te pareció abstruso. Poder captar la belleza de lo que antaño consideraste anodino. No necesitar el criterio de los demás para confirmarte en un juicio estético. Ese tipo de cosas que son como la cumbre de una montaña que te costó mucho esfuerzo alcanzar. Pensaba, por ejemplo, en lo que me costó leer a María Zambrano, allá, cuando andaba por la cuarentena. Intuía que era grandioso, pero necesitaba apoyarme en en el criterio ajeno para confirmarme. Ahora, sin embargo, es un regodeo continuo. Es como la comunión de los santos, algo que yo interpreto como una embriaguez o algo por el estilo. No les doy más la lata y transcribo:
"... Pero la poesía no quiso curarse, no acepto remedio, ni consuelo para la melancolía irremediable del tiempo, ante la tragedia del amor inalcanzado, ante la muerte. Más leal en esto tal vez que la filosofía, no quiso aceptar consuelo alguno y escarbó, escarbó en el misterio. Su única cura está en la contemplación de la propia herida y, tal vez, herirse más y más.
Aun otra cosa, muy decisiva: el pensamiento filosófico se presentó a sí mismo como desinteresado. <<De todos los saberes ninguno más inútil, pero ninguno más noble>>, nos dice Aristóteles. Pero no sabemos como vino a parar enseguida en poder y aún a pedir el poder con toda obviedad, según hace Platón en La República. No vamos a averiguar ahora como la filosofía, tan desinteresada, vino a engendrar la idea del Estado que nace de ella, sin esperar a mucho ciertamente. Y si Platón pudo arrojar de su república ideal al poeta, fue ciertamente porque el Estado, el poder, viniera a ser cosa del desinteresado saber filosófico.
Y mientras, el poeta vagaba entregado a la confusión de sus ensueños, ajeno en su poesía al establecimiento y afirmación del poder; tomaba el mundo tal y como se lo encontraba, sin pretender reforma alguna, porque su atención iba a lo que no puede reformarse, y porque ante el fracaso que implica toda vida humana, reacciona aceptándolo, y más aún: hundiéndose en él."
No sé a ustedes, pero en lo que a mí respecta ya tengo un poco más claro de dónde viene el Estado opresor y quiénes son sus artífices. Así que mucho cuidado, porque detrás de todos esos que estudian ciencias blandas suele haber tiranos en potencia.
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