viernes, 28 de febrero de 2025

La razón de la sinrazón

 Uno se ha pasado la vida tratando de buscar los tres pies al gato y, como debiera haber esperado desde el principio, no se los he encontrado. Y sigo en la brecha, leyendo y escuchando a sesudos interpretadores de la realidad; por así decirlo me pasa lo mismo que le pasaba a Don Quijote con los libros de caballerías: una especie de atracción fatal que solo puede tener como colofón la locura... la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, enflaquece mi razón. 

Cuando era estudiante en Valladolid, tenía unos amigos cuyo padre lo tenía claro: solo leía El Quijote y todo lo que se había escrito sobre él. Recuerdo que alguna vez fui a su casa panadera en Venta de Baños; tenía una extensión enorme porque se necesitaban dormitorios para quince hermanos más un estudio de pintura par la madre y la más que gigantesca biblioteca para albergar cientos, o miles, de ediciones de El Quijote, más todos los ensayos sobre el asunto que el hombre había podido encontrar a lo largo y ancho del mundo. Aquel hombre debía ser un loco muy cuerdo. De hecho, tengo idea de que sacó adelante a sus quince hijos en muy buenas condiciones. 

Así es que me parece que voy a pasar de tanto filósofo idealista y voy a volver al realismo de El Quijote. A ver si así recupero algo de salud mental o, lo que es lo mismo, sentido del humor, porque todos esos idealistas tienen eso, que te van matando poco a poco el sentido del humor y cuando te quieres dar cuenta estás convertido en un militante de cualquier cosa. ¡Qué horror! 

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