Ayer escribí aquí sobre las manidas diferencias entre oriente y occidente. Curiosamente, hoy, al mirar en YouTube, con lo primero que me topo es con un video en el que Sowell teoriza sobre el asunto. Sowell es un intelectual estadounidense que, diría yo, destaca por su sensatez y claridad expositiva. No sé si estas características que le hacen tan atractivo no traerán causa de una excesiva simplificación. Pero esta es otra historia; a lo que iba es a algo que no es mero producto del azar sino la consecuencia del riguroso control al que nos somete la tecnología. Y es que, el de hoy, no es un hecho aislado: de cualquier cosa que escriba en este blog es muy frecuente que al día siguiente encuentre en YouTube un aluvión de vídeos relacionados con ello. Es como si me estuviesen diciendo: perfecciona tu percepción de la jugada, porque te has quedado muy corto. En cualquier caso, no aprecio grandes diferencias entre lo que escribí ayer y lo que hoy le he escuchado a Sowell... acaso, yo fui algo más simplificador, espacio obliga. En fin, pelillos a la mar.
Me pregunto si debiera preocuparme por el control al que estoy siendo sometido, precisamente, por no poder prescindir de la vanidad que supone el publicar este blog. Podría escribir en un cuaderno y, una vez emborronadas todas sus hojas, meterlo en un cajón o tirarlo a la basura. Pero tengo que reconocer que la vanidad, al menos en parte, hace de motor para seguir en este empeño. Así somos los humanos por mucho que blasonemos de humildes y desapegados de las pompas de este mundo. Cualquier pequeño comentario que suscite lo que escribo me produce una satisfacción, o inquietud, que me hace recordar que existo.
Sea como sea, soy consciente de que lo que escribo y publico cada día es como una gota de lluvia que cae en el mar. Supongo que, por más intrascendente que parezca esa gota, contribuye, aunque sea infinitesimalmente, a mantener la salinidad del agua en cotas compatibles con la vida. Al menos, esa es la composición de lugar que me hago cada vez que me tienta el abandono.
Bueno, en fin, así es el mundo en el que vivimos, con toda esta tecnología que hemos inventado para bien y para mal. De nosotros depende de qué lado nos decantamos. No por tener un garrote -el primer logro de la tecnología- vas a tener que estar todo el día dando garrotazos para abrirte camino. Basta con que lo uses para defenderte. Así es que, en cierto modo, publico este blog, más que nada, supongo, para defenderme... en este caso de mí mismo, porque, no se engañen al respecto, nunca encontrarán un enemigo peor que uno mismo sin saber qué hacer con la vida.
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