domingo, 16 de febrero de 2025

Bendición del cielo

El stabliment europeo, o sea, para que nos entendamos, los parásitos, están que trinan a causa del discurso del vicepresidente Vance que les comentaba ayer. Miles de vídeos en YouTube abundan en ese trinar. Claro, te han llamado a la cara sinvergüenza y, de inmediato, has comido ajos. Son como niños. Porque hay que serlo mucho para no haberse dado cuenta a estas alturas de que el principal enemigo que tenemos todos es el que llevamos dentro. En realidad, no otra cosa es lo que vino a decir Vance. 

A propósito, ¿cuándo cayeron ustedes en la cuenta de esa incontrovertible realidad? ¿O, acaso, no cayeron todavía? Porque la cuestión no es baladí. Se sufre mucho inútilmente tratando de buscar enemigos exteriores que sean la causa de todas nuestras desgracias. Pero eso es lo que tiene el no haber hecho caso de las enseñanzas socráticas, ¡conócete a ti mismo, chaval, y déjate de rollos! No sé, pero para mí que cada vez vamos peor en esto. Porque para encontrar a alguien que se avergüence de sí mismo hay que buscar con un candil, como hiciera el cínico Diógenes.  

Ya hay que estar zumbado para ir a buscar enemigos a Rusia, con el frío que hace allí. Podríamos ir al Caribe, que al menos allí hay playas paradisíacas. Pero nunca nos cansamos de emular a Napoleón y a Hitler. Y resulta que los dos sucumbieron en aquellas nieves. Y como si nada; lección no aprendida. Es lo que tiene una infancia llena de caprichos satisfechos, que te curtes en la ofuscación y luego pasa lo que pasa. 

Pues nada, que sigan trinando sin apearse del burro que no por eso se van a salir con la suya. De hecho, se les ve a todos desmejorados. Se ve que se mueren de envidia viendo al vicepresidente Vance yendo de aquí para allá con su niña en los brazos... una verdadera bendición del cielo.  


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